Virtudes Montoro: «La importancia de las relaciones entre el alumnado»

Si me preguntan qué es lo que más recuerdo de la escuela respondería que sobre todo a mis mejores amigas y a los profesores que me marcaron. Mis mejores amigas eran el principal motivo por el que deseaba ir a la escuela y mis profesores, aquellos que sentía que se preocupaban de mí, que hacían las clases amenas, me motivaban a querer sacar mejores notas.

 

Las investigaciones sobre la socialización del alumnado, entre las más importantes las que realiza Hartup, indican que la socialización de los niños/as se produce en interacción con sus iguales. Ésta es tan importante que, el hecho de poder relacionarse y comunicarse en un ambiente cordial facilita al alumno/a la adquisición de importantes logros, como son el conocimiento de sí mismo, el control de sus impulsos, el conocimiento de los demás, la capacidad de adoptar el punto de vista del otro, la construcción de una moral autónoma y el aprendizaje de normas y de sistemas de organización social.

Las experiencias negativas con iguales, particularmente las causadas por el rechazo de los compañeros tienen alto valor predictivo de serios problemas de adaptación en edades posteriores como la inadaptación escolar (absentismo escolar, repetición de curso, alto porcentaje de suspensos, y abandono de la escuela), y como la inadaptación social (delincuencia, consumo de drogas, trastornos mentales, etc.)

La calidad de la interacción con sus compañeros, más que la cantidad que se tenga (la percepción de tener un mejor amigo), es el determinante principal para que la socialización del niño/a sea sana y constructiva.

“Es de vital importancia que desde la escuela se fomente y se cuide el proceso de socialización de su alumnado”

El tipo de interacción que se produzca entre los compañeros, el sentido de pertenencia a la escuela y la posibilidad de tener un mejor amigo, como hemos visto, pueden salvar a un niño/a de una vida adulta llena de obstáculos. Por esto es de vital importancia que desde la escuela se fomente y se cuide el proceso de socialización de su alumnado. Desde las aulas esto se puede conseguir a través de distintos instrumentos y recursos, pero si recordamos anteriores artículos, el éxito escolar se debe principalmente a la competencia del profesor, es decir, a que éste ame su trabajo.

Si partimos que el profesor ama lo que está haciendo, fomentará relaciones sanas en sus clases seguramente a través del aprendizaje cooperativo: fomentando la colaboración y no la competitividad, agrupando las clases en grupos heterogéneos que posibiliten el conocimiento de todos con todos. Seguramente también, este profesor medirá el clima de clase a través de sociogramas, cuestionarios, se preocupará de cómo se siente su alumnado o introducirá en clase debates que faciliten la escucha activa, la empatía, el respeto por ideas distintas.

Si el profesor ama realmente lo que hace, sabrá todo esto y mucho más, gracias a su necesidad de investigar y formarse, conocerá la importancia que las relaciones sociales juegan en el desarrollo del niño/a y hará todo lo posible para que su alumnado sienta que la escuela les cuida, se preocupa por ellos y les quiere.

“Si algo está fallando en el aula, si no existe un clima adecuado, si las relaciones no están basadas en el respeto, cordialidad, compresión, si éstas son hostiles o agresivas, una buena pregunta podría ser; ¿qué puedo hacer para mejorar esto?”

Viene a mi mente la frase que más me emociona de Federico García Lorca, “yo escribo para que me quieran”. Así lo creo yo también, hacemos lo que hacemos desde el poderoso motor del amor: cuando lo damos y cuando lo recibimos. Si amas lo que haces, harás todo lo posible por hacerlo bien; reflexionando en qué estás fallamos desde un necesario ejercicio de introspección.

Si algo está fallando en el aula, si no existe un clima adecuado, si las relaciones no están basadas en el respeto, cordialidad, compresión, si éstas son hostiles o agresivas, una buena pregunta podría ser; ¿qué puedo hacer para mejorar esto? Usualmente se afirma: “con este alumnado no se puede trabajar”, “¡vaya clase!” o simplemente el profesor se santigua antes de entrar, mira al cielo pidiendo ayuda celestial y entra a ese “averno” con resignación y valentía.

Si se ama, se quiere conocer y con las adecuadas preguntas se actúa desde una asunción de responsabilidad y no de victimismo.

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

 

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