Francisco Javier Sánchez Manzano: «Granada sin barrer»

Seguimos igual. Contaminados. El uno por el otro y Granada sin barrer. Es cierto que nuestro civismo necesita mejorar, pero los gobernantes, los únicos que pueden actuar con contundencia, deberían tomárselo en serio. ¿Y qué hacen? Inauguran un parque en la zona del PTS y limitan a 30 km/h la velocidad en algunas zonas de la capital. ¿Ya está? Ni siquiera contamos con un protocolo de actuación ante episodios de contaminación, como sucede en Madrid, Valencia, Murcia, Valladolid, Gijón, Sevilla…

 

La ciudad está sucia, las aceras da asco verlas; el aire huele a gasoil, a suciedad rancia, y en algunas zonas no se puede dormir debido a los ruidos: cerrado el botellódromo, los estudiantes invaden las calles a grito pelado y a ellos se une un ejército de solteros desatados, de cantantes frustrados y otras especies pendientes de calificación.

“En algunas zonas no se puede dormir debido a los ruidos: cerrado el botellódromo, los estudiantes invaden las calles a grito pelado y a ellos se une un ejército de solteros desatados, de cantantes frustrados y otras especies pendientes de calificación.”

Hay opciones, pero casi todas implican que los administradores pierdan dinero o dejen de percibirlo: una campa donde aparcar en la entrada de la ciudad con un servicio de autobús, o bien un convenio con los aparcamientos privados de la zona de Hipercor o Neptuno; regar las calles con mayor asiduidad, sobre todo cuando no haya llovido en más de equis días; bonificar el impuesto de circulación a los vehículos híbridos, de gas y eléctricos; mayor presencia policial en determinados puntos de la ciudad, especialmente por la noche, y que los agentes multen con dureza a quienes griten o ensucien; limpieza a conciencia de las aceras; incentivar y subvencionar la instalación de placas solares en los edificios para limitar la contaminación de las calderas; negociar la compra de autobuses híbridos, de gas o hidrógeno… Reuniones, ideas, movimiento.

Voluntad, en definitiva. Mientras no llegue, no hay nada que hacer. Si acaso, acostumbrarse al concierto de toses, o ponerse la mascarilla y esperar a que llueva. O hacer como yo: respirar y ahogarse; escribir y desahogarse. Aunque en el fondo no sirva para nada.

F I N

 

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Francisco J. Sánchez Manzano

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