Ramón Burgos: «Paroxismo»

Hoy, por fin, he conocido en mis propias carnes el sentido exacto del término griego paroxysmós, teniendo una sensación que va más allá de la primera definición del Diccionario de la RAE: “Exaltación extrema de los afectos y pasiones”.

Sucedió cuando en un determinado acontecimiento social escuchaba atentamente la conversación de dos de los asistentes, sentados muy cerca de mí.

Y os aseguro que, en lenguaje cotidiano, el tono y el contenido podrían ser definidos como de irritación, acaloramiento, exasperación e incluso de encono.

La cuestión que estaba siendo tratada de forma desmedida, según mi punto de vista, no era otra que el papel que los profesores –“maestros” los llamaban– deben tener en la educación de los niños y niñas de un determinado colegio público andaluz.

Al ver que existía la posibilidad de un final más bien complicado, y en el que nos podríamos ver implicados algunos de los que estábamos cerca, tuve la ocurrencia de plantear a los dos interlocutores una pregunta que durante algún tiempo me había rondado por la cabeza: –¿y no pensáis que la educación tiene que ser, al menos, compartida por las familias y los profesionales de la enseñanza?

“¿No pensáis que la educación tiene que ser, al menos, compartida por las familias y los profesionales de la enseñanza?”

Aprovechando el silencio momentáneo que consiguió mi cuestión, me atreví incluso a deslizar el término “urbanidad”, como un paso previo a cualquier otro planteamiento.

Entonces llegó mi sobresalto: ambos individuos volvieron sus pasiones contra mis enunciados; uno, que se notaba mi pertenencia activa a un determinado partido político; el otro, que mis opiniones estaban ancladas en el pasado.

Y alejándose del lugar que ocupábamos, cambiaron sus formas dando la sensación de la mayor amistad y acuerdo.

Habían conseguido remitir la culpabilidad a un tercero, dejando zanjada cualquier diferencia que pudiese existir entre ellos.

Os aseguro que, aunque lo intenté, no tuve, ni me dieron, la oportunidad de explicarles cuál era mi verdadera posición sobre el asunto tratado: nuestros niños y niñas tienen derecho inalienable a una educación libre de cualquier inclinación, ladeo o torcimiento, y que ha de desarrollarse en todos los ámbitos de su vida.

Ramón Burgos
Periodista

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  • 7 marzo, 2019 en 7:22 am
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    Interesante artículo en el que coincido totalmente en un punto : las familias deben implicarse o formar parte de la educación de sus hijos.
    Mostrar interés por la evolución del alumnado no debiera ser tarea exclusiva del docente y sí implicar también a las familias.

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