Virtudes Montoro López: «Huelga ocho de marzo»

Hoy, día ocho de marzo, como siempre he visto atestada la parada de autobús de mi pueblo. En su mayoría son mujeres que se desplazan a la capital para trabajar en tareas domésticas, de limpieza y cuidado a nivel particular, sin contrato. 

 

También he visto como todos los días que las mamás (he visto dos hombres sólo) son las que han acompañado a sus hijos/as a los autobuses escolares.

– “Adiós”. Saludo a Kika, la conductora del autobús. “¡No corras mucho!”
– Adiós, petarda.

Kika tampoco ha secundado la huelga, anoto en mi libreta.

En las calles, una masificación de mujeres que se ocupan de levantar y preparar el desayuno y merienda, llevan a sus hijos al colegio, ajenas a este ocho de marzo.

He seguido paseando por las calles de mi pueblo, fijándome detenidamente en el número de mujeres que hoy están en activo, que no han podido formar parte en la huelga. He decidido observar cómo transcurre el día, como una espectadora imparcial y anotar todo lo que vea. .

Me paro a tomar un café, como siempre está Ana, la camarera que trabaja en la Cafetería donde acudo.
-“Buenos días, Ana, ¿cómo estás? ¿No haces hoy huelga?
-Sí niña estoy yo para cerrar, no puedo permitírmelo hija, ya ves, aquí estoy en mi faena.

Sigo mis pesquisas, decido ir a la droguería, que ya está abierta, a saludar a Lucía, por si estuviera. Efectivamente Lucía, como todos los días está trabajando.
-Buenos días Lucía, pensaba que hoy estarías de huelga.
-Buenos días. No puedo, si me descuentan el sueldo de hoy, ya lo que me faltaba. Con lo que cobro estoy yo pa tonteá, me ponen en la calle a los dos días. ¡Ay Señor! ¿Qué quieres, te puedo ayudar?
-No, Lucía era para saludarte.

Decido ir al banco, mi curiosidad va en aumento, ahora me pregunto si estará Sofía. Me dirijo para allá.
-Buenos días Sofía, ¿Cómo estás?
-Buenos días, bien, ¿y tú? Siéntate. Dime, ¿en qué te puedo ayudar?
-En poco, hoy no me urge nada, voy a dejar los dineros tranquilos, je je. Sofía, ¿y cómo no te has unido a la huelga?
-Lo estuve pensando, pero luego decidí que no. El Director seguro que me pondría pegas: que si hay mucho trabajo, que si yo falto se va a notar en la oficina. Ya sabes…

“Mi papel de espectadora imparcial, me imposibilita juzgar, sólo observo, distanciándome de todo enjuiciamiento, de todos los porqués, de toda explicación, y observo la realidad de la mujer tal y como se presenta hoy, sin interpretaciones ni con el fin de obtener ninguna conclusión bajo las premisas autoimpuestas de ecuanimidad y distanciamiento de toda la situación”

Como digo, mi papel de espectadora imparcial, me imposibilita juzgar, sólo observo, distanciándome de todo enjuiciamiento, de todos los porqués, de toda explicación, y observo la realidad de la mujer tal y como se presenta hoy, sin interpretaciones ni con el fin de obtener ninguna conclusión bajo las premisas autoimpuestas de ecuanimidad y distanciamiento de toda la situación.

Me animo a llamar a mi hermana, dentro de mis tareas detectivescas.
-¡Hola María!, ¿qué haces?
-Hola caracola, en el trabajo, ¿qué voy a hacer?
-Yo qué sé, pensaba que te habías unido a la huelga.
-Claro, estoy yo para perder cien euros de mi sueldo. No puedo, ya sabes.
-Ya, lo sé. ¿Bueno y cómo va todo?
La conversación versa sobre asuntos familiares, alguna risa que otra que no trascribo por el tema de la intimidad y secreto familiar.

-¡Mari, qué alegría verte! ¿Adónde vas?
-¡Hola! A comprar, y tú ¿qué?
-Estoy realizando un experimento social de la actividad femenina hoy en el pueblo desde premisas de no enjuiciamiento, omitiendo toda opinión subjetiva dentro de esta observación de campo que estoy llevando a cabo.
-Si vamos que estás de ruta turística por el pueblo, vaya… de verdad, quién no te conozca que te compre.
-Anda hija, ¡cómo te has levantado hoy! ¿No estás de huelga?
-Sí, eso, ¡pero si llevo un año de huelga! No encuentro trabajo, y con el subsidio no me da para mucho. El padre de mi hija se hace el remolón para pagarme la manutención de mi niña. Te lo digo de verdad, porque una tiene buen humor, que si no…
-Ya, eres una valiente, Mari, el humor te, nos salva.
-Anda, anda, lo que tú digas, Mari Flor. ¿Nos tomamos un café? Claro, me invitas tú…
-No puedo, debo seguir mi investigación sin prejuicios, evitando toda interpretación de los hechos.
-Lo que te digo ¡eres más rácana! Por no invitarme no sabes lo que te vas a inventar.
-Ja Ja ja. ¡Cómo eres Mari!

Llamo a mi amiga Amelia, desde luego hoy agoto la tarifa del teléfono (¿será verdad que soy tan rácana?) Bueno, no voy a juzgarme yo tampoco. Volviendo al tema, llamo a Amelia, y después de preguntarle cómo está, qué se cuenta, dirijo el foco de atención a la pregunta objeto de mi llamada. Me responde “que claro, que estoy de huelga, faltaría más. Casi todas mis compañeras de Hacienda la han tomado, así que veremos cómo se las apañan los hombres sin nosotras”.

Igual me pasa con Silvia. Me comenta que también todas sus compañeras del Ayuntamiento se han ido a la huelga. Carmen, también me comenta lo mismo, han secundado muchas de sus compañeras del Instituto la huelga.

Como no puedo extraer conclusiones, sólo he presentado mi investigación tal y como la he vivido hoy, esta mañana, en mi pueblo. Mi investigación, como señalo, se concreta en ésto, y como no pretendo con este artículo dar mi opinión, espero que al menos os haya entretenido.

-“Mamá voy a comer a casa”
-Pues no hay nada, estoy de huelga, y como tu padre no sabe cocinar, hoy comemos piedras.
-Me voy a romper los dientes.
-Hala, voy a seguir fregando el suelo y hacer el wáter… ¿a qué hora vienes?
– Pues más o menos cuando estén las piedras listas.

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

 

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