Jesús Montiel: «Conocí a Robert Walser a través de la fotografía de su cadáver tendido sobre la nieve»

 

Jesús Montiel (Granada, 1984), acaba de presentar en su «segunda casa» su último libro ‘Señor de las periferias’ (Ed. Pretextos), un ensayo dedicado al poeta suizo expresionista, Robert Walser (1878 -1956). Lo ha hecho en la librería Ontanilla de Madrid, a quien está dedicado, junto al editor de Pre-textos y amigo, Manuel Borrás. Ahora, el miércoles, 10 de abril, lo presenta en Granada, en Ubú Libros, donde le acompañará Marian Recuerda, (20 h).

– ¿Cómo conoce la figura de Robert Walser y qué es lo que más le atrapó de su vida o de su obra?
– Conocí a Robert Walser a través de una fotografía. La de su cadáver tendido sobre la nieve. Esa imagen me secuestró. La descubrí, además, un día en el que nevaba en Granada, así que la nieve fue un hilo conductor, un pasillo que nos unió. Dice María Zambrano que el escritor es alguien que comunica secretos. Escribiendo uno es el nido de un secreto que ignora. De alguna manera intuí en esa imagen de Walser un secreto que tenía que decirse a través de mí. Y comencé a tirar del hilo.

– ¿Por qué lo has titulado ‘Señor de las periferias’?
– El poeta es alguien que vive en los márgenes, escondido. Walser ilustra muy bien esta distancia que el artista necesita para hacer algo en condiciones. Las periferias es el campo de acción. Un cuadrilátero. El poeta, aparentemente, es un inútil, pierde el tiempo en cosas que no valen la pena, y sin embargo todo el mundo sabe que lo que al final perdura, lo que no muere con el paso del tiempo no son las economías ni las fusiones empresariales, lo que la agenda dice, sino Beethoven, Bach, el cine de Tarkovsky o los poemas de Rimbaud. Las obras de los grandes inútiles.

– ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de su biografía?
– No me ha sorprendido nada. Sencillamente me enternece esa tensión que atraviesa su historia personal. Ilustra la tirantez entre el poeta y la sociedad. Walser vive en una lucha consigo mismo, con su ambición, pero también con la sociedad de la máquina, con el ecosistema literario, con su pasado familiar. La sociedad escupe al poeta como un veneno o una toxina. El poeta sigue la lógica distinta a la del capital, vive en otra dimensión, a contracorriente.

¿Qué obras suyas recomiendas?
– El Paseo (Ed. Siruela) o Los cuadernos de Fritz Kocher (Ed. Pre-Textos), para quien nunca haya leído.

– ¿Cuánto tiempo le ha dedicado a su redacción?
– La redacción comenzó hará unos tres o cuatro años, y luego he ido escribiendo por rachas, mientras concluía otros proyectos. Ha sido una escritura larga, intermitente. Yo no soy un biógrafo al uso ni un historiador, así que lo que he intentado es trasmitir o ser fiel a una emoción, la que despertó mi primer encuentro con Walser.

– ¿Cómo fue la presentación en Madrid?
– Deliciosa. Primero porque estuve al lado de Manuel Borrás (editor de Pre-Textos), que es ya un amigo. Y segundo porque tuvo lugar en Ontanilla, un refugio de todo lo humano. La librería Ontanilla es una segunda casa. De hecho, este libro está dedicado a ellos, como habrás podido ver. Allí me quieren mucho. Se ha formado una comunidad espiritual entre los lectores y yo, y siempre es un placer volver allí, ver a mis lectores. Me siento privilegiado.

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