Ramón Burgos: «Resucitó»

Si ayer (por el Domingo de Resurrección) Él resucitó, hoy nuestra ciudad ha vuelto a renacer a la realidad, afrontando las mismas o parecidas cuestiones que nos acuciaban antes de la Semana de Pasión que –independientemente de los sentimientos o creencias de cada cual – algunos hemos podido vivir con intensidad un año más (mi recuerdo más emocionado para el maestro de periodistas Manuel Alcántara, andaluz universal, que supo como nadie plasmar, día a día y en contadas líneas, la verdad del quehacer diario).

Así, y en mi deambular por calles y plazas –abarrotadas de locales y foráneos como hacía tiempo que no las veía – he tenido la suerte de poder hablar y, por tanto, reflexionar con varios próceres de estos lares. Y creo que he sabido aprovechar la oportunidad sobrevenida.

Dejando a un lado la verborrea política relacionada con la inmediatas –y las no tan inmediatas – elecciones, he procurado imbuirme del espíritu más granadino, pero con carácter cosmopolita, que, como os decía, me ha permitido pasearme libre por los rincones más cotizados por el turismo y sus “improvisados guías”; a los que, por cierto, los verdaderos profesionales deberían dar clases y recomendar las adecuadas lecturas, evitando que, por ejemplo, se produzca la localización de la casa de Federico García Lorca en una vinatería de la Carrera del Darro.

La verdadera formación –que es independiente de la cantidad de euros invertidos en poseer un título que avale sapiencia y pueda ser usado para presumir de una brillante carrera que nunca existió–, en la mayoría de los casos, está relacionada con la fuerza de entrega al desarrollo personal y comunitario que las buenas gentes recetan como medicina primaria del alma y vacuna que evita epidemias altamente contagiosas.

Algo muy relacionado con la recomendación que su padre daba a mi admirado profesor Pérez Serrabona: “Granada es una ciudad que no perdona… Sobre todo si tienes la razón”… Y no es que ahora pretenda complementar al dicente –Dios me libre de tal felonía–, sino que, asiéndome al acertado aviso, quisiera hacerlo norma de actuación en sentido más positivo, evitando vanas promesas que, además, nunca tienen la intención de convertirse en realidad.

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Ramón Burgos
Periodista

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