Julio Grosso: «Gracias, Eduard»

Eduard Punset fue una obsesión durante cinco años de mi vida. Lo reconozco. Ocupó buena parte de mi ocio y mi vida familiar. Todos los domingos por la noche, con puntualidad suiza, mi mujer, mi hija y yo compartíamos el sofá para ver en La 2 un nuevo capítulo del programa Redes. Sonaba la cabecera y durante 25 minutos la casa se quedaba en silencio. Irene tenía solo 4 años y estoy seguro de que no entendía nada de lo que estaba pasando en la pantalla. Pero, había algo en aquella música o en las imágenes maravillosas que iluminaban la habitación, que la mantenía despierta a las diez de la noche, con los ojos muy abiertos.

 

Tal vez fuese, además, aquel personaje entrañable, ese abuelo bonachón con su pelo blanco, su acento catalán, su tono pausado y sus preguntas larguísimas, lo que llegó a fascinarla. No lo sé. Yo, mientras tanto, iba tomando notas de cada episodio: temas, invitados, localizaciones, recursos narrativos, técnicas de realización. Cada domingo, al finalizar la emisión, solíamos comentar el programa en familia, como si fuera una serie infantil. Y cada semana yo repetía el mismo mantra: algún día tengo que viajar a Barcelona para conocer a este señor.

Todo este ritual empezó por pura casualidad: estaba finalizando el Máster de Información Científica y necesitaba comenzar cuanto antes la investigación del TFM. Mi experiencia profesional y docente en Comunicación Audiovisual me inclinó a buscar un objeto de estudio lo más familiar posible y pensé en el ámbito de la “divulgación científica en televisión”. Mitad ciencia, mitad imagen.

David Attenborough, Carl Sagan y Rodríguez de la Fuente habían sido los tres maestros de la especialidad. Pero, ¿quién vino después? Comencé a buscar un divulgador científico que tuviese un programa de referencia. Un objeto de estudio vivo, en activo, con el que poder interactuar. Y un formato en español, que yo hubiera visto y siguiese en emisión. Y así aparecieron Redes y Punset.

Analicé muchos capítulos de Redes y tras un viaje relámpago a Barcelona para conocer directamente la producción del programa, defendí mi TFM. Todo fue aceptablemente bien y pensé pasar página y descansar. Pero, como ocurre con todo en la vida, una cosa me fue llevando a la otra. El tribunal me aconsejó seguir investigando y hacer de aquel primer trabajo la base de una futura tesis doctoral. Todo un clásico.

Mis compañeros del departamento me vendieron la idea de un futuro mejor, a tiempo completo, en la Universidad de Granada. Mi mujer y mi hija ya habían sucumbido al poder seductor de Punset. Yo tenía mis dudas. Mi vida estaba suficientemente ocupada como para añadirle otra obligación más.

Mi madre tampoco lo veía claro y, quizás por llevarle la contraria, acabé presentando mi proyecto de tesis. Los siguientes cinco años los puedo resumir muy brevemente: nada fue fácil. Imagino que como ocurre en todas las tesis. Pero, aprender a investigar pasados los 40, trabajando mañana y tarde, llega a ser una auténtica locura.

A pesar de todo, logré cumplir el viejo mantra de viajar a Barcelona para conocer personalmente a ese señor al que yo había dedicado la mayor parte de mis vacaciones y fines de semana durante los últimos años. La cita fue un martes, el 22 de septiembre de 2015, a las diez de la mañana, en su casa de Pedralbes. Me recibió en la puerta su asistente personal. Un piso señorial, con chimenea en el salón y suelos de parqué. Al fondo del pasillo estaba de pie esperándome Eduard Punset. “Fantástico”.

“Hola Julio, ¿qué tal?” dijo lentamente, con su tono característico, como si nos conociéramos de toda la vida. Sin más preámbulos, nos sentamos uno frente al otro y encendí mi grabadora. “¿Qué recuerdos tiene del primer programa de Redes en 1996?” le pregunté. “Bueno, hace muchos años y por lo tanto, recuerdo menos que lo que uno cree que debe recordar, pero siempre fue un hecho insospechado, la conjunción en un país donde no había habido prácticamente divulgación científica el haber conseguido que haya no solo divulgación, sino al mismo tiempo expresión científica. Yo creo que es lo fundamental”, respondió.

Pregunta a pregunta, Punset me confesó en la soledad de aquella casa que “el mayor logro de Redes había sido conseguir que la cultura científica y los nombres de cerebros pioneros calasen en la cultura popular y despertar interés por los avances científicos, aunque solo sea a una pequeña porción de la sociedad, e incluso impulsar alguna vocación científica”. El profesor Francisco Mora defiende que Punset es la persona “que más ha hecho por la creación de una cultura de ciencia en España”.

Media hora más tarde, Punset se levantó bruscamente de su silla y dio por terminada la conversación. Se sentía indispuesto y nos pidió descansar un rato. No volví a verlo. El resto de mi cuestionario fue respondido días después por e-mail. Me marché de Barcelona preocupado por la salud del verdadero protagonista de mi tesis y pensé que debía acabarla cuanto antes. Aquella sería una de sus últimas entrevistas.

Hoy, años después, la sintonía de Redes me sigue trayendo buenos recuerdos. También a mi hija adolescente. Creo que todos debemos estar sumamente agradecidos a Punset. Redes nos hizo sentir más inteligentes. Metió la ciencia en nuestras vidas. Y abrió el camino a la divulgación. Mi mayor recompensa a todo aquel esfuerzo fue ver la cara de mi madre, feliz y orgullosa, el día que defendí mi tesis doctoral. Gracias, Eduard.

 

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JULIO GROSSO MESA

Periodista y Profesor del

Departamento de Información y Comunicación

de la UGR. Autor de la tesis doctoral:

Ciencia en televisión: Las estrategias divulgativas del programa Redes 2.0 de Eduard Punset (TVE, 2008-2013) (.1673 Mb)

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