Ramón Burgos: «Invertir con equilibrio»

Sabéis que vengo manteniendo de la bondad –necesidad perentoria– de contar con la experiencia de aquellas personas que, de una forma u otra, han entregado parte, gran parte, de su vida al progreso de estas tierras.

 

No conozco, por ejemplo, a ninguna de ellas que haya sido sumida por la comparación envidiosa de lo conseguido en otras provincias cercanas. Todo lo contrario: se ocuparon –y se ocupan– de conocer los intríngulis de lo logrado por otros y ver cómo se pueden aprovechar las experiencias de éxito.

Lo dicho viene al hilo de la proliferación de las “tertulias de café” que se están realizando cualquier día de la semana –algunas incluso coincidentes en fecha y temas–, como medio alternativo de poner en común e intentar hacerse oír en los diversos círculos administrativo-políticos, a veces incluso con desesperación por la falta de interés que a sus conclusiones o iniciativas se viene demostrando.

Algunos modelos de lo escuchado los estoy anotando en mi libreta de las buenas prácticas: la “isla de los museos”, el “gran espacio escénico”, la “regeneración de los dos ríos”, la “humanización de la ciudad”, la “recuperación de los espacios singulares”, la “puesta en valor de los edificios históricos”, etc.

Y junto a cada proyecto, también escribo un nombre que, estoy seguro, tiene el conocimiento suficiente para liderar el equipo que desarrolle lo planteado, sin otro rédito que el afán de colaborar al bien social.

Con todo, y al llegar al final de este ejercicio de identidad, siempre me asalta la misma cuestión: ¿me pregunto si, por necesidad y como única alternativa, tendremos que volver a recrear las viejas técnicas de la clandestinidad –mesas de camilla, libros en francés, multicopistas tipo vietnamita… – para conseguir que reine el sentido común en los cancerberos del presupuesto comunal?

De los organismos públicos y semiprivados que ya existen, de su gestión y de su eficacia (que tendrían que ser los que se ocupasen activamente de lo esbozado y de sus diseñadores), prometo hablar otro día.

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Ramón Burgos
Periodista

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