Rafael Bailón: «Juntos podremos»

A quienes padecen alzhéimer.

Esperé, deseoso de ver algunos cambios, si bien mi deseo únicamente fue el baldío propósito de un hijo que ama a su padre.  Sentado, comprobé la hora, sintiendo a mi progenitor cerca. Atrás quedaron los momentos compartidos entre ambos. Recuerdo cada pintura por él realizada. En mi memoria, perduran cada una de las imágenes o lienzos tocados por la varita mágica del maestro de los pinceles.
– Papá, hoy iremos a comprar.

A mi llamada, un tibio encogimiento de hombros servía de respuesta.
– A ver – de nuevo me dirigía a él- .

En ese momento, uno supervisa la vestimenta del antes idolatrado artista. En el cajón del despacho, guardo cada una de las entrevistas y los elogios de los más duros críticos de arte a su magnífica obra.

El enamorado de las acuarelas, la espátula, el carboncillo o los oleos, arrojaba una mirada de desconfianza, tal vez de incomprensión ante los cambios que experimentó su persona.

La razón de su gesto era un armazón con el que protegerse de quienes no pudieran llegar a entender el porqué de tanta injusticia en este orbe de desgracias continuas. Con el ceño fruncido, David dejaba pasar las horas, con el irregular latido de su corazón.

– Papá, toma mi mano, y, juntos, afrontemos esta eterna lucha. Nada es imposible, tampoco vencer a esta enfermedad maldita que te llevó a olvidar quien eres y fuiste. Creo firmemente en un remedio que otorgue una luz cargada de expectativas.

Pronunciemos, sin miedo, el nombre de la pesada carga que conduce tu espalda: alzhéimer.

Que nuestros deseos no caigan en saco roto.

¡Te quiero papá!

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