Antonio Luis Gallardo Medina: «Romance en la 4ª edad»

 

Dos personas mayores, él viudo y ella viuda, se conocían hacía varios años. Una noche hubo una cena comunitaria en la Casa la Cultura. Los dos sentados en la misma mesa, uno frente al otro. Durante la comida él la miró y la miró admirado y finalmente juntó el coraje para preguntarle:

¿Quieres casarte conmigo?

Después de unos segundos de “cuidadosa consideración”, ella respondió:

– ¡Sí. Sí, acepto!

La comida terminó y, luego de algunos intercambios agradables de palabras, se fueron a sus respectivos hogares.

A la mañana siguiente, el despertó preocupado y dudoso de la respuesta. “¿Dijo sí “o dijo no’? No podía recordar. Lo intentó y lo intentó, pero simplemente no recordaba, no tenía ni siquiera una vaga idea; inquieto, fue al teléfono y llamó a su amiga. En primer lugar, le explicó que su memoria no era tan buena como solía serlo. Luego le recordó la noche hermosa, que habían pasado y con un poco más de coraje, le preguntó:

– Cuando te pregunté si querías casarte conmigo, ¿dijiste, sí o no?

Él quedo encantado al oírla decir:

– Te dije que sí, que sí, acepto y lo dije con todo mi corazón. Y estoy muy feliz de que me llamaras, no podía recordar quién me lo había pedido.

La memoria es como el mal amigo; cuando más falta te hace, te falla. Hay un proverbio chino que dice que “La tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria”.

Y es que a veces el amor de tu vida llega después del error de tu vida.

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