Virtudes Montoro: «¿Bueno, buenista, buenorro o tonto?»

Hace unos días que me rondan algunas cuestiones:

 

¿Hasta qué punto la imposibilidad de decir NO a los demás nos perjudica?, ¿Qué ocurre cuando nos damos de forma exagerada a los demás? ¿Qué consecuencias tiene ser demasiado bueno?

El “buenismo” se define como “la actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”. Los buenistas, se caracterizan por la exageración y la extrema entrega, dadivosidad, generosidad hacia los demás. Son personas que anteponen las necesidades ajenas a las propias, esto provoca que acaben aprovechándose de ellas o que acaben en problemas, ya que las personas suelen dudar de las intenciones de tanta generosidad.

Las buenistas son personas que no pueden evitar ayudar, dar, ofrecer, entregarse a los demás, Son muy empáticas, captan con mucha sutiliza las emociones de los demás y se anticipan y se adaptan a las necesidades y estados de ánimo del otro. No suelen estar en contacto consigo mismas, ya que pasan la mayor parte del tiempo descifrando qué le ocurre a los demás, por lo que ignoran sus propias emociones, estados de ánimo y necesidades.

Los buenistas en su mayoría son PAS (personas altamente sensibles)

Como ya hemos señalado, son las personas perfectas para aprovecharse de ellas. Nunca van a decir no y además, dan más de lo que se les pide. Son perfectas para delegar tareas, para cambiar turnos, para pedir préstamos, para que solucionen problemas, para escucharte, etc. Las personas se creen con el derecho de recibir y no agradecen el esfuerzo titánico que hacen por ellas. Así, después de un tiempo se convierten en tiranas y las buenistas en personas desequilibradas que no acaban de salir de una cuando se meten en otra.

Los buenistas en su mayoría son PAS (personas altamente sensibles). Esta bondad más allá de los límites, podría catalogarse ya no como un rasgo, si no como un trastorno; entregarse y darse a los demás de esa forma les supone mucho sufrimiento, hace de ellas personas muy vulnerables, la diana perfecta de los demás. Para ellas, la terapia es imprescindible, y pasa por aprender a poner límites, a separarse de los demás, a centrarse en sus necesidades.

El mundo no está preparado para estas personas, ni estas personas para el mundo. La bondad que poseen, su elevada sensibilidad a las necesidades de los demás, el sentido poco práctico de la generosidad, las dejan desnudas, perdidas, solas, desorientadas. Se convierten en inservibles cuando ya se les ha “exprimido” todo. No estamos acostumbrados a la pureza, a la blancura. Son amapolas blancas en medio de un descampado.  Si te identificas como una PAS, cuídate, quiérete y protégete mucho. Pide ayuda si no puedes poner límites a los demás.

“El secreto está en dar lo mejor de nosotros mismos sin llegar a consentir ni desgastarnos. En coherencia con nuestros límites y prioridades. Preguntándonos siempre antes de decir SÍ al otro: ¿Quiero? ¿Puedo? ¿Debo? Si es así, adelante”.

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

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