Ramón Burgos: «Tiranía»

 

Tiempo atrás tuve mis dudas sobre la veracidad de la ya entonces repetida afirmación sobre la existencia de una “galopante crisis de identidad” en el periodismo y, por tanto, en los periodistas…

 

Ahora, esperando que no sea demasiado tarde, reconozco mi falta de acierto –reflexión– para no haberme enfrentado a lo que ya era una realidad palpable que, además y con toda destreza, ha ido alimentándose, cual pandemia, por diversos sectores sociales de nuestro entorno.

De manera peculiar, me ha llamado la atención el empeño de incidir –repetitivamente– en este tema por parte de los “designados creadores de comunicación” de determinados entornos religiosos.

Buscando las causas –pues para enderezar una situación, entiendo que es el mejor principio–, me encaro, por ejemplo, con varias cuestiones, algunas de ellas concluidas por Daphne du Maurier, en su novela “Rebeca”, y hoy en día tenidas como probables por Ángel Cabrero Ugarte en un artículo titulado “La tiranía de los periodistas”: “(…) pero parece claro que hay una tendencia peligrosa en la mayoría de los medios al sensacionalismo, con el peligro evidente de atentar contra la fama y el honor y que puede llevar a muchos a ponerse en contra de la prensa en general”.

Los “plumillas” no somos dioses; no detentamos la verdad universal; no formamos parte de una casta con privilegios infinitos

Pues bien, entenderéis que mi obstinación sea contraria a la antedicha querencia. No sólo por profesión –y devoción–, sino también por convencimiento intelectual y experiencia. Lo he escrito muchas veces: los “plumillas” no somos dioses; no detentamos la verdad universal; no formamos parte de una casta con privilegios infinitos; si acaso nuestros mayores defectos podrían ser centrados en la falta de “contraste informativo” y sobra de “afición especulativa”; pero ello no significa que tengamos –ni queramos– aceptar la culpabilidad única de todos los yerros colectivos o personales.

La libertad de expresión, éticamente considerada y ejercida, nunca es ajena a la realidad.

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Ramón Burgos
Periodista

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