Jesús Fernández Osorio: «La Educación Primaria durante la dictadura franquista»

“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías;
breve y eficaz por medio de ejemplos
Séneca

Tras poco más de diez minutos de viaje, en un viejo y destartalado autobús al cual lo niños –por razones obvias– apodábamos “la Cafetera”, los escolares de la segunda etapa de Primaria nos concentrábamos en el pueblo cabecera de la comarca (Jérez del Marquesado). Allí, cada mañana, una vez convenientemente separados los niños y las niñas, y antes de dar comienzo a nuestra estricta jornada, nos colocábamos en ordenadas filas y con aire marcial escuchábamos el himno falangista del Cara al sol.

Después, las clases transcurrirían bajo la rígida disciplina y la monotonía; similar a como habría venido sucediendo en una primera etapa en mi pueblo natal, Cogollos de Guadix. El comedor escolar y los juegos sin fin con los amigos rompían la rutina diaria de memorizaciones, problemas y repetición de lecciones –y algún que otro reglazo– hasta que, una vez concluidas las sesiones de la tarde, regresábamos felices a nuestras casas.

El otoño de 1975 alteraría decisivamente nuestras despreocupadas vidas escolares. Especialmente durante la segunda quincena del mes de noviembre. En esas fechas la radio y la única cadena de televisión existente (TVE) irrumpirán de modo más inusual y reiterado en nuestras casas. Lo harán a cuenta de la evolución de la prolongada enfermedad del jefe del Estado. Así, las continuas interrupciones de la programación y los sorpresivos partes médicos se irán colando cada día más y por más tiempo en nuestra caja mágica. El día 20, por fin, la afligida y llorosa voz del presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, dará cuenta del tantas veces recordado: “españoles, Franco ha muerto”.

Fue el más que previsible final y, a la vez, el prólogo de un incierto futuro tras cuatro larguísimas décadas de férrea dictadura. Desde ese mismo momento nos sometieron a un prolongado duelo informativo que, los niños de entonces sentimos nos privaba de nuestra cotidianidad, dibujos animados y series favoritas; sustituidos por música sacra, loas y hagiografía del difunto. Una atmósfera fúnebre y asfixiante que acabaría, varios días después, con el entierro del dictador en una de las criptas del megalómano monumento funerario que él mismo habría mandado levantar: el Valle de los Caídos.

Seguramente, junto a los niños de mi generación, fui afortunado y únicamente me tocó vivir los últimos retazos del tardofranquismo en la enseñanza. Para ese momento ya se habría emprendido una nueva reforma educativa que venía a sustituir a la, con ligeras modificaciones, vigente durante más de un siglo (la ley Moyano). La Ley General de Educación de 1970, (o ley Villar Palasí, por quien ocupaba la cartera ministerial), supuso un hito en la necesaria adaptación del sistema educativo a la España de finales de los años sesenta. Una modernización que se hizo imprescindible tras los cambios sociales experimentados en esos últimos años, tras el periodo de apertura y desarrollo económico. Una ley que vino a establecer una escolarización básica, obligatoria y gratuita desde los seis a los catorce años. Educación General Básica (EGB) que, a su vez, quedó dividida en dos grandes etapas: una primera, desde los seis a los diez años, que tendría un carácter más globalizado y una segunda, de moderada diversificación, que abarcaría desde los once a los trece años. A su finalización, tras la consecución del correspondiente Graduado Escolar, se daba pie al inicio de las enseñanzas medias.

En aquellos momentos todavía ignoraba la alegría desbordante y el inmenso consuelo que debieron experimentar los españoles que habrían sido víctimas de la dictadura que, en ese preciso instante, dejaban atrás cuarenta años de sometimiento e ignominia. Final del laberinto que, para una mejor comprensión en su integridad del prolongado período –si quiera desde el punto de vista educativo– debiéramos hacer el esfuerzo de retrotraernos a su inicio y posterior desarrollo; en el que la educación y la cultura experimentarán un cambio radical y profundo.

En un primer periodo, que abarcaría desde 1939 a 1945, el nacional-catolicismo victorioso y hegemónico impondrá una total aniquilación del carácter científico, innovador y reformista que predominó durante gran parte de la II República. Ahora, dichos principios serán sustituidos por el adoctrinamiento religioso y patriótico. Por supuesto, en una sociedad con escasez generalizada de recursos, quedará paralizada por completo la construcción de escuelas y se terminará definitivamente con la coeducación. Será un periodo autárquico, de miseria y pobreza, caracterizado por una escuela lóbrega y fría en la que, tras la depuración de los docentes, se impondrá el predominio exclusivo de los temas morales, religiosos y patrióticos –sin olvidar la enseñanza del hogar para las niñas–.

Los tres grados de la Enciclopedia Álvarez

Con la derrota de las potencias fascistas, a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, se inicia un segundo período. Se hará precisa una acomodación a las nuevas circunstancias; la supuesta neutralidad mantenida por España durante la contienda obligaba a ello. Así, inicialmente el régimen de Franco quedará aislado de la esfera internacional. Sin embargo, la situación global de tensión entre las dos grandes superpotencias (Guerra Fría) se convertirá en su definitiva tabla de salvación. El posterior Concordato con el Vaticano y los acuerdos para la instalación de las bases militares con los EE.UU, ambos del año 1953, marcarán definitivamente el fin de una época. Con ello, quedará confirmado el predominio absoluto y el monopolio católico sobre la educación española; todas las enseñanzas debían estar bajo su conformidad.

Hasta esta etapa no se retomarán los planes de construcción de escuelas. Con una enseñanza Primaria, no lo olvidemos, siempre escasa e insuficiente, donde nunca se garantizará –ni realmente se pretenderá– la igualdad de oportunidades sociales. Contextos educativos en los que siempre se adolecerá de falta de espacios y de maestros. Un sistema dual de enseñanza (pública y privada) con métodos autoritarios, castigos físicos; la pervivencia de la máxima de la letra con sangre entra. Todo lo demás: pupitres compartidos, crucifijos, pizarrines, cuadernos Rubio y enciclopedias Álvarez.

El posterior crecimiento económico del país –gracias a las inversiones extranjeras, el turismo y las remesas de los emigrantes españoles– propiciará el surgimiento de una sociedad diferente. Un periodo, conocido como dictablanda desarrollista, en el que bajo unas mejores condiciones de vida se perseguirá desde las autoridades educativas el acatamiento pasivo de la población y una despolitización generalizada. En cualquier caso, como siempre, seguirá correspondiendo a la escuela y a los maestros la responsabilidad de la educación para el futuro, para la convivencia y constituyendo, verdaderamente, el eje de toda transformación social.

 

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Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

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