Jesús Fernández Osorio: «El castillo de La Calahorra, un palacio caído en el olvido, (I)»

Prácticamente desde cualquier punto de la comarca del Marquesado del Zenete es visible la espectacular silueta del castillo de La Calahorra. Una imponente figura arquitectónica que, emplazada coronando una suave colina, domina un amplio territorio de claras reminiscencias feudales.

 

Pero, también se trata de una extraordinaria fortaleza en la que, a su indudable valor artístico, se ha de sumar la huella indeleble del pasado de una tierra y de sus gentes; un rastro histórico en el paisaje comarcal del poder y de la imposición señorial sobre sus afligidos e indefensos pobladores, y, hoy, de la belleza que su estampa confiere al paisaje natural en el que está enclavado; con una visión sobrecogedora, durante gran parte del año con las cumbres blancas de la Sierra Nevada al fondo. Elementos que, en su conjunto, proporcionan al notable edificio de un carácter cultural icónico para Andalucía y para España.

El territorio en que se inserta la fortificación fue donado por los Reyes Católicos al cardenal Mendoza, Pedro González de Mendoza, dentro del contexto de la Guerra de Granada (1482-1492) y como compensación por la ayuda prestada en la conquista del reino nazarí. Posesión que, a su vez, muy poco tiempo después (1491) y antes de finalizar la guerra, el ilustre prelado cederá, en mayorazgo, a su hijo natural Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, primer marqués del Zenete. Iniciaba de este modo su larga andadura el Marquesado del Zenete. Unas tierras del altiplano granadino, emplazado en la cara norte del Yabal Sulayr (el Monte del Sol de los romanos), y un destino común para sus ocho villas (1) que, desde entonces, se mantendrán bajo la férrea y estrecha jurisdicción del régimen señorial, que aquí se caracterizó por mantener abundantes flecos medievales, al menos hasta la expulsión de los moriscos (musulmanes obligados a convertirse al cristianismo). Tras este hecho, el régimen se normalizó hasta la supresión de los señoríos en la primera mitad del siglo XIX.

El edificio que nos ocupa, emblema y símbolo en la comarca de un feudalismo trasnochado, según las investigaciones llevadas a cabo por Ricardo Ruiz Pérez y publicadas en estas IDEAL EN CLASE (2), lo empezará a construir el propio cardenal Mendoza, aun antes de la entrega de Granada en 1492, sobre los restos ya existentes de una antigua fortaleza andalusí. Construcción defensiva –cuando este tipo de edificios empezaba a estar en franca decadencia– que, siguiendo el trazado original del arquitecto Lorenzo Vázquez, después continuará su hijo, don Rodrigo. Si bien, a caballo entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, a raíz de un viaje que éste hizo a Italia, ordenará la paralización del proyecto. Más tarde Vázquez fue sustituido por el maestro italiano Michelle Carlone, que se encargará del diseño e introducción de elementos arquitectónicos renacentistas en su interior. Particularidad que le conferirá la dicha de ser el primer edificio del Renacimiento italiano en España.

Interior del Castillo de la Calahorra, galería alta.

La doble faceta, feudal y renacentista –o humanista, si se quiere–, de su promotor, la podemos apreciar claramente hoy día en el diseño del castillo-palacio de La Calahorra. Por un lado, un aspecto externo frío y adusto; una estructura militar defensiva-ofensiva con sus características torres cilíndricas y sus adarves cubiertos. Una función de protección frente a un enemigo exterior que, siguiendo al profesor Ricardo Ruiz Pérez, una de las personas que más y mejor ha estudiado y conoce el monumento, solo se cumplirá durante la sublevación morisca, en los primeros días de enero de 1569 –el Día de Reyes–, cuando, las 56 familias de cristianos viejos y las escasas tropas del gobernador que allí se encontraban atrincheradas, fueron asediadas por unos 4.000 moriscos “mal armados y peor organizados” para asaltar tan inexpugnable recinto. Hasta que, al día siguiente, la llegada de las milicias concejiles de Guadix les obligará a su precipitada retirada hacia la sierra más próxima.

Frente a este duro exterior, su interior nos sorprende por la refinada estética de un palacio plenamente renacentista. Una función palacial y cortesana que, igualmente, se desarrollará durante los tres escasos años de permanencia de los marqueses en el Zenete, entre los años 1515 y 1517. En lo sucesivo, el castillo quedará relegado a convertirse en morada de los gobernadores o administradores del marqués o de sus sucesores, que se encargarán de la gestión de los bienes que la castiza y rancia aristocracia conservaba en tierras granadinas. Y que incluso, degradando insensiblemente la altiva belleza y la grandiosidad monumental del edificio, en el siglo XIX, permitirán que sus hermosos salones pasasen a convertirse en graneros de las cuantiosas rentas de sus deudos.

Con su imagen y tomando al castillo de La Calahorra como principal enseña de nuestro potencial histórico-artístico, el Centro de Estudios “Pedro Suárez” inicia, hoy 26 de junio, el I curso online titulado: “El Patrimonio Cultural de la comarca de Guadix”. Una oportunidad única para conocer y valorar las riquezas del mismo. Nosotros, por nuestra parte, la semana próxima continuaremos relatando las particularidades que aún le desvelará su pasado y, sobre todo, sus necesarias apuestas o iniciativas de futuro.

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(1) Aldeire, Alquife, Dólar, Ferreira, Huéneja, La Calahorra, Jérez del Marquesado y Lanteira. Albuñán y Cogollos, también dentro del mismo contexto geográfico, por sus particularidades históricas quedarán fuera del mismo.

(2) «A vueltas con el castillo de La Calahorra. Construcción y vida del monumento». Ideal en clase (15 de junio de 2013)

 

Leer otros artículos de

Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

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