| El papel de la familia y la vuelta al colegio |
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| Escrito por Pedro López Ávila | |||||||||
| Sábado, 27 de Agosto de 2011 19:06 | |||||||||
![]() Parece que ya se está asomando el tiempo de la escuela, el tiempo en que muchos padres se sientan liberados de caprichos, llantos, pataletas y trifulcas matrimoniales a causa de las disputas que se producen en los hogares ante la tiranía de los niños. Con la incorporación tan ansiada de éstos al colegio, se volverá en muchos hogares a la “rutinaria paz” que el descanso veraniego ha hurtado a muchos trabajadores y trabajadoras y que han agotado hasta sus cuerdas vocales. Las abuelas se encargarán de las faenas domésticas prescritas, generalmente, por la hija, los abuelos los llevarán y recogerán del colegio y, si hay suerte, la cuidadora será la encargada de imponer unas normas de mínimo comportamiento, ejerciendo de padres. Ante este panorama, la responsabilidad de la educación del niño corresponde a la escuela y de modo muy especial a los maestros. Ese es el sentir.
La generación de 1950- 1970 de los Baby Boomers , centrada en que había que evitar toda frustración del niño, es decir, evitar que toda vivencia emocional ante una situación, un deseo un proyecto una ilusión o una necesidad que no se satisfaga o no se cumpla en el mismo, ha malogrado a varias generaciones de las que hoy sufrimos las consecuencias. Benjamín Spock dijo: “escuche a su bebé y su bebé le dirá qué hacer”. Desde el momento en el que el permisivismo reemplaza al autoritarismo, donde una simple mirada llenaba a los hijos de temor ante los padres, la debilidad del presente a decir no, por miedo a la frustración del niño, ha forjado generaciones de padres tan débiles y perdidos como sus propios hijos. ¿Acaso va a ser la sociedad quien va a reparar las frustraciones infantiles? ¿ No será mucho más seguro el cariño de la propia familia quien devuelva con creces seguridad, control y autoestima ante la frustración? La idea de muchos padres de que sus hijos deben ser cuidados en todo momento, protegidos y mimados, mientras vivan en el hogar familiar. “Ya tendrán tiempo de sufrir de mayores”, genera en los hijos dependencia, falta de iniciativa, egoísmo, intolerancia y desadaptación social. Se actúa bajo el lema “todo para los niños, pero sin los niños”.
La familia debe ser el elemento neurálgico sobre la que se sustente la educación del niño; por consiguiente, la casa debe estar habitada todo el tiempo posible por los padres como modelos de referencia que van a imitar, responsabilizando a los hijos en pequeñas obligaciones en casa (desde los tres años) , soportando rabietas, sin desavenencias y complicidad en la pareja en las ordenes que aquellos deban realizar. En Cuadernos de Pedagogía nº 413 de junio de 2011, referidos al informe PISA Y y titulado “Los informes internacionales. ¿qué hay de nuevo?" se analizan las causas de éxito del modelo educativo asiático, como modelo de éxito tanto en excelencia como en equidad. “Posiblemente estemos ante un sistema educativo que es el reflejo de una sociedad que en su conjunto otorgan un alto valor a la educación y a la formación”. “El papel preponderante de las familias en los asuntos educativos de sus hijos, aspectos religiosos vinculados a la cultura del esfuerzo, el estudio, la importancia del largo plazo, entre otros, constituyen elementos imprescindibles para explicar el éxito de estos territorios”. Finalmente una reflexión de Kant: “Ordinariamente los padres educan a los hijos en vista solamente a adaptarles al mundo actual por corrompido que esté. Deberían más bien darles una educación mejor, a fin de que un mejor estado pueda surgir en el porvenir”.
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