Ex, o las últimas e innecesarias recomendaciones de la RAE

  De un plumazo, y todo a la vez, se han cargado, definitivamente, las tradicionales y españolísimas letras ch y ll, contradiciendo la propia definición de “letra” que da su Diccionario, el cual, en su segunda acepción, define este vocablo como “cada uno de los sonidos de un idioma”… Han liquidado el nombre de “y griega” para la grafía “y”, que, por obra y gracia de los señores académicos, ahora pasa a llamarse “ye”, como la chica ye-yé de la canción. Han suprimido la obligación de colocar la tilde en la palabra “sólo”, cuando es adverbio, y en los pronombres demostrativos “éste”, “ése”, “aquél”, etc.

  En el caso de estos acentos, dicen -insisto: con aparente, solo aparente, prudencia-, que no se trata de una imposición, sino de una recomendación, pero ello viene a ser aún peor, puesto que, entonces, el asunto deviene galimatías donde cada cual acentúa, o no, en esos casos, según le venga en gana…

  Pero más extravagante todavía es cuando nos dice la Academia que, ahora, hay que pegar la preposición “ex” a la palabra que le sigue, fundiéndose ambas en un solo vocablo. La preposición “ex” indica, como todo el mundo sabe, que se ha dejado de tener la condición que a continuación se señala: un ex ministro es alguien que ha ostentado ese cargo, pero que ya no lo tiene. Pues bien. Ahora, al ministro hay que pegarle el ex para que quede exministro. Y eso, ¡menudo lío!, nos lleva a confundir la preposición con el prefijo.

 Bajo mi punto de vista, con estas nuevas directrices, en vez de aclarar y limpiar (como es su misión) las aguas del idioma, viene la Real de la Lengua a enturbiar lo que antes era transparentísimo, todo el mundo entendía y nadie cuestionaba: puesto que en español abundan las palabras que comienzan por ex (excesivo, exhibir, éxito…), tenemos que pararnos a pensar si se trata de una sola palabra, la de siempre, o bien de una fusionada, una palabra que en realidad no existe, pero que se genera o inventa sobre la marcha.  

 Veamos. Antes, estaba muy claro que un expreso era un tren; y que un ex preso era un recluso que ha obtenido la libertad. Actualmente, según la Academia, en los dos casos hay que escribir expreso, todo junto y pegadito. Si leemos una nota en la que pone, escuetamente, “el expreso llega a las tres”: ¿quién llega a las tres, el ferrocarril o el delincuente? Qué lío, ¿no?

 Situaciones parecidas pueden darse con extendido, extinto, extenso, explicado, y un largo etcétera. ¿Es exabrupto una desagradable salida de tono, o algo que antes era abrupto y ya no lo es porque ha sido allanado? ¿Quiere decir excéntrico un carácter lleno de rarezas, o se refiere, por el contrario, a algo o alguien que antes estaba en el centro y ahora se encuentra en el extrarradio?

 Pero cuando la palabra que sigue a la ex preposición ex, comienza por una vocal, entonces, el asunto alcanza caracteres de chiste. No puedo dejar de esbozar irónicas sonrisas cuando leo eso de “el exedil”, “el exaspirante”, “la exasesora”, etc. Pero ¿qué clase de engendros verbales son esas cosas? ¿Qué clase de caricatura lingüística es eso de un exedil? ¡Qué manía con embrollar lenguajes que están más claros que el agua!, ¡qué manía con enturbiar palabras, oscurecer términos, alterar conceptos, manipular expresiones, confundir cristianos!

  ¿Es exarca un antiguo gobernador bizantino, o un arca que está destrozada y ya no sirve como tal? Nos dicen los ínclitos académicos que el significado real se saca por el contexto del párrafo o de la frase. Pero, a mi entender, no deja de ser un entorpecimiento tener que deducir por el contexto lo que antes se entendía de forma automática, con solo fijar la vista sobre la palabra…

 Yo me declaro insumiso a estas absurdas y un tanto estrafalarias normas. Seguiré escribiendo “sólo”, con acento, cuando sea adverbio; y “éstas”, y demás, cuando sean pronombres. Seguiré llamando “y griega” a la y griega, y considerando como letras a la ch y a la ll.

 Y seguiré escribiendo ex discípulo o ex futbolista, porque si no, de tanto tener que pensar qué significan, o qué quieren decir, las palabras nacidas por generación espontánea, con tan extravagante invento o capricho, voy a terminar extenuado, exhausto, exudado, extraviado, exangüe, mentalmente exterminado, cerebralmente extinto, lingüísticamente expulsado, espiritualmente exprimido, verbalmente expoliado e idiomáticamente excluido.

                                                                              J. Ch. 

            Publicado en el IDEAL. Granada, 21 de septiembre – 2012
   

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