Carmina Moreno presentó su ensayo sobre el centro EICU y don Javier Galindo Blas

 Presentación EICU, por Paolo Remorini, Editor

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Granada – 25/09/2015

Buenas tardes señoras y señores,

muchísimas gracias por estar con nosotros esta tarde en la presentación de Los años sesenta en Granada y el centro EICU fundado por D. Javier Galindo Blas de Carmina Moreno Arenas, que como Nazarí tenemos hoy el enorme placer y el honor de presentar.

Muchas gracias a Pablo Galindo Calvo por acompañarnos, y por supuesto al Museo Casa de los Tiros y al personal implicado por cedernos este hermosísimo patio.

El libro que hoy presentamos es la segunda obra que Carmina publica con nosotros, después del poemario La dádiva escondida en la palabra que editamos en el mes de mayo del año pasado, y representa el título 50 de nuestro catálogo.
Les voy a decir la verdad: conseguir editar 50 libros en dos años de actividad no ha sido nada fácil.
Me resulta imposible contar y explicar la cantidad y la gravedad de las dificultades logísticas, organizativas, económicas e incluso anímicas y vitales a las que hemos tenido que enfrentarnos en este tiempo, suponiendo muchísimos esfuerzos y muchísima dedicación. Estos casi 30 meses de trabajo se están poco a poco viendo recompensados por la consideración y la atención que cada nueva edición Nazarí ya despierta en los lectores y en los profesionales del sector, dando a nuestra editorial nueva linfa y nuevos impulsos para seguir avanzando, mejorando y creciendo.

De hecho, lo que para nosotros supone nuestro tercer curso plantea para Nazarí la necesidad y al mismo tiempo la posibilidad de dar el salto definitivo para consagrarnos en la primera línea del mundo editorial andaluz y nacional. Muchos son los cambios que estamos aportando a nuestra actividad para que esto se convierta en realidad lo antes posibles, y les puedo asegurar que muchas son las sorpresas que se llevarán nuestros lectores y seguidores en los próximos meses.

Todo lo que les acabo de contar ha sido posible en primer lugar sólo gracias a todos los autores que han depositado su confianza en nosotros, dejándonos el honor y el gravamen de poder trabajar en la edición de sus libros.

Por eso para mí supone una satisfacción doble estar hoy sentado al lado de Carmina, presentando juntos su nueva criatura.

Los años sesenta en Granada y el centro EICU fundado por D. Javier Galindo Blas es libro primorosa y lucidamente escrito y organizado.
El enorme trabajo de investigación de Carmina que está detrás de este texto encuentra su cauce perfecto en el estilo fluido y preciso que acompañan el lector desde el comienzo y en la riqueza y diversidad de las temáticas abarcadas.

Carmina no se limita a contarnos las extraordinarias experiencias educativas y vitales de las que D. Javier Galindo Blas con su centro EICU es causa y motor, y que han significado para mí —y estoy seguro de que así lo será para cualquier persona que quiera acercarse a este libro— un asombroso y feliz descubrimiento; tampoco se reduce a dibujar un mundo y una sociedad que ya nos pueden parecer muy lejanos, casi de otro mundo; sino que Carmina consigue mostrarnos y explicarnos las muchas dinámicas sociales y culturales que cruzaban Europa y España en los años sesenta del pasado siglo.

Voy a dejar de todas formas que sean la misma Carmina y Pablo quienes hablen más detenidamente de los contenidos y de las sugerencias del libro.

Por mi parte sólo quiero agradecer a todas aquellas personas que cediéndonos sus fotografías han hecho indiscutiblemente más rica y preciosa esta edición, y sobre todo quiero volver a dar las gracias a Carmina, por apostar nuevamente por nosotros, por Nazarí, y por haber dado vida a este primoroso libro.

Muchísimas gracias.

 

Presentación del ensayo “Los años sesenta en Granada y el centro EICU, fundado por don Javier Galindo Blas”.

Carmina Moreno Arenas

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Buenas tardes a todos.

Doy las gracias a la Editorial Nazarí, en las personas de Alejandro Santiago y Paolo Remorini por la magnífica reproducción de este libro, y en especial a Paolo por acompañarme en la mesa y por sus palabras.

A Pablo Galindo, su generosidad y su entrañable presentación.

A todas y cada una de las personas que me han prestado su voz y sus recuerdos.

A mis Margarita Leyva, Francisco Buendía y Rosario Jiménez Vela, (mis compañeros de Universidad), los datos, apuntes, libros, y esa sana complicidad con la que me han atendido siempre.

A Ricardo y a José Carlos, el material fotográfico que me han cedido.

A mis sobrinas Cristina, Marta, Olga y Ana María que han venido hoy con la idea de prestar su colaboración.

Y al Museo Casa de los Tiros en las personas de Francisco González de la Oliva y de Aurora Mateos.

En el Museo Casa de los Tiros presentamos mi primer libro, hace casi quince años.

Después, muchas han sido las reuniones que hemos celebrado aquí, la mayoría para recitar poemas acompañados de niños, adultos, artistas, músicos, amigos.

Mis dos primeros libros de ensayo también se presentaron en este lugar tan emblemático. El segundo, “La metafísica de la inspiración”, lo escribimos entre don Javier Galindo y yo. De él fue la idea y la mayoría de los capítulos. Fue también el único estudio que quiso dar a conocer y no lo vio publicado porque murió antes, en febrero de 2005.

Si yo quisiera hacer la autocrítica de este libro tomando como referencia el de la inspiración, diría que como el estudio que he realizado corresponde a la Historia, con mayúsculas, estoy contribuyendo a fomentar la “cultura interna”. Pero también al empleo de algunas de las facultades humanas como memoria, inteligencia, voluntad, pasión, unidad, conciencia.

El libro “Los años sesenta y el Nuevo Colegio Universitario”, también llamado EICU, se caracteriza porque está inmerso en una dinámica horizontal, como podemos apreciar por los capítulos de su Índice. Y por eso “navega a velocidad moderada sobre la superficie líquida de un mar tranquilo”.

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Al incluir en él diversos elementos tanto de tipo cultural, como social, pedagógico, económico, político, etc. estamos hablando de una dinámica dinámica vertical.

El Nuevo Colegio Universitario fue una revolución para aquellos que lo vivieron; y sus consecuencias, que son los logros conseguidos, pertenecen a una dinámica gradual.

El primer capítulo de este libro lo he dedicado al “contexto histórico”, no solo porque la historia contemporánea lo aconseje sino porque es una época que me apasiona. El contexto histórico es necesario para no caer en el anacronismo y he intentado cuidarlo al máximo, aunque todos sabemos que por mucho que queramos, la palabra nunca podrá llegar al fondo.

En cuanto al capítulo sobre Granada, es más extenso de lo aconsejable porque soy una enamorada de nuestra ciudad y también tengo que aclarar que al realizarlo, he pensado en los jóvenes que vinieron aquí a estudiar y no se quedaron, para que recuerden con nosotros nuestra historia y nuestras costumbres.

Pero el verdadero interés de esta investigación se encuentra en los tres últimos capítulos. El primero de ellos trata de desentrañar la vida de un maestro, de alguien que quiso prestar su ayuda a unos chicos y chicas,  muy jóvenes, que llegaban a nuestra ciudad en forma masiva (como consecuencia del baby boom, del auge de la economía y de la clase media emergente) y no solo para acogerlos sino para prestarles su forma de ver la vida y sus conocimientos.

Don Javier era heterodoxo. Es decir, una persona libérrima, autodidacta y culta, que se apartaba de los módulos consabidos y esperables, abriendo así la posibilidad de nuevos caminos. Además, disponía de una máxima de reminiscencias antiguas con la que pretendía sentar escuela: “el saber por el saber”.

Al igual que los grandes maestros, el doctor Galindo, don Javier, como lo llamaban sus discípulos, tenía una intuición especial, algo así como un don para ver en el interior de la personas. Además, era un virtuoso de la oralidad acompañada de un humor inteligente, que practicaba con frecuencia.

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Su inquietud intelectual, le indujo a la excelencia en educación y a conocer lo que se publicaba fuera de España, a los autores de la Escuela Nueva europea, en concreto a Robert Cuisinet (un referente de dicha escuela en París con una obra extensa sobre educación), así como a formarse en la Universidad realizando estudios de Historia y una tesis doctoral sobre la Universidad de Sigüenza. Y desde esta perspectiva, supo ingeniárselas tanto para educar en las Escuelas Salesianas (institución a la que perteneció durante más de 30 años) como en el colegio universitario que fundó con actitud de servicio a los demás.

En el capítulo sobre el EICU (que quiere decir Educación Integral Colegiada Universitaria) doy cuenta de la génesis del proyecto, su desarrollo y su intrahistoria. Reconozco que ha sido el capítulo más difícil y
el último en construirse porque no había forma humana de conseguir la documentación necesaria. Pero, finalmente, pude disponer de ella y sobre todo de los testimonios de los propios estudiantes, verdaderos
protagonistas de esta historia.

El último apartado del libro trata del Ideario y es el más científico de todos ellos. El Ideario, digamos que es la médula espinal, y estaba escrito para todos, incluido su fundador. Su pedagogía, transgresora y avanzada
para la época, se fundamenta en un humanismo que no es el que sustraía al universitario de los afanes cotidianos, usuales, sociales, populares, políticos de la vida, recluyéndole privilegiadamente en un recinto apartado del tráfago real, sino todo lo contrario, un humanismo comprometido, realista y futurible; el primer modelo en su género. (…)

En fin, mi cometido como historiadora ha sido la de tratar de comprender a un hombre, a una fundación, a un Ideario, y a una época.

No sé si lo he conseguido, pero al menos me cabe la enorme satisfacción de haberlo intentado.

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El pasado gravita siempre sobre nosotros y condiciona nuestras vidas. Profundizar en el pasado, desenterrarlo para estudiarlo, es necesario si queremos conocer y conocernos, “atrevernos a ser”, como cantó en su día Píndaro y recomendaban los humanistas. Y nada como la Historia para dar ese paso, porque la Historia es la más próxima a la vida cotidiana y la única que abarca lo humano en su totalidad.

Pero no quiero extenderme mucho más porque todo lo que hay que decir sobre este libro, ya se ha dicho. Espero que lo lean y lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

Muchas gracias.

Carmina Moreno Arenas

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«Un maestro no es aquel que explica, con mayor o menor claridad, conceptos estereotipados que siempre se podrán conocer mejor en un buen manual, sino aquel que transmite en la disciplina que profesa algo de sí mismo, de su personalidad intelectual, de su concepción del mundo y de la ciencia. Ser maestro equivale a decir abrir caminos, señalar rutas que el estudiante ha de caminar ya solo con su trabajo personal, animar proyectos, evitar pasos inútiles y, sobre todo, contagiar entusiasmo intelectual».

Emilio Lledó, de su libro ‘Ser quien eres’

Leído por Lola García, profesora del Instituto Juan XXIII 

 
 

 

Carta de agradecimiento al maestro Dr. Javier Galindo Blas

carmina-moreno-arenas-6Mi querido Javier:

Esta carta que te escribo, allá donde estés, es para manifestarte mi gratitud; aquel día al despedirme en la puerta del ascensor, que recuerdo como si fuese hoy tu me dijiste: “si más adelante cuando ya no esté, necesitas ayuda, no dudes en pedírmela, porque seguro que podré ayudarte con más sabiduría y menores limtaciones de las que pueda tener ahora”.

Me gustaría decirte que fuiste un referente para mí, en mis labores como tutor, un modelo como padre y un bálsamo como amigo.

Doy gracias a las circunstancias de la vida que me condujeron hacia ti. La primera vez que te vi me quedé fascinada por aquella presencia que emanaba paz, serenidad, sabiduría y confianza, cualidades todas integrantes de ese genuino amor que sentías por las personas.

El recuerdo de tus enseñanzas, tus sabias frases, tus grabaciones elaboradas como una escultura que manifiesta vida propia, perviven en mi recuerdo.

Has sido una estrella brillante y una incesante vela que ha iluminado los rincones de mi ser, y aun hoy aparecen destelleantes en mi memoria, las frases envueltas en humor con las que me enseñabas y me hacías escribir para que no se me olvidara la lección.

Mi querido Javier, hoy desde yo estoy y allá donde tu estés, GRACIAS A TI Y “GRACIAS A LA VIDA que me llevó a Ti”

Leído por Francisca Sánchez

 

 

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