María Domínguez: «Admiro el riesgo pero también la sensatez, y no me adscribo a una escuela, a una poética o a un género»

 

‘Presente y el mar’, publicado por Editorial Esdrújula es ya una realidad. Su joven autora, nacida en Sevilla en 1997, estudiante de Literatura Comparada en la UGR y con varios premios literarios en su haber, confiesa que al tenerlo entre sus manos sintió «una suerte de extrañamiento, de ver por primera vez y de enfrentarme de nuevo a lo fragmentario». Lo presenta en lunes, 3 de abril, en el Cuarto Real en cuyo acto intervendrán la escritora, Gracia Morales y Víctor Miguel Gallardo (19:30 h).

– ¿Qué sensación ha experimentado cuando ha tenido entre sus manos su primer poemario?
– Resulta curioso que una no piense siquiera en verbalizar estas sensaciones hasta que le preguntan por ellas, y curioso también el tiempo que me lleva pensarlo. Quizá lo que experimentara fuera una suerte de extrañamiento, de ver por primera vez y de enfrentarme de nuevo a lo fragmentario. Fue leer un nombre sobre la portada, fue palpar un libro-objeto pero también un libro-sujeto, fue ojear unos versos que sabía míos pero también ajenos, familiares pero también huérfanos. Pude ver una manifestación rotunda del “yo” fragmentario, y al fin, una convivencia de todos los espacios y todos los tiempos.

– ¿Cómo surge su interés por la poesía? ¿Quién se lo inculca?
– Mi madre me leía a Gloria Fuertes, mi hermano recitaba una tarde “Canción del pirata” para el colegio, mi padre me cantaba los poemas de Miguel Hernández. En casa las estanterías siempre han estado llenas. La poesía estaba ahí pero creo que no fui del todo consciente de ella hasta los catorce o quince años. Entonces empecé a entenderla, me enseñaron a empezar a entenderla, y la leí de otro modo. Por qué la rima, por qué no la rima, por qué la forma también es el contenido y no un simple arsenal retórico o unos cuantos tarros de especias. Don José Luis, mi antiguo profesor de literatura, es en parte culpable de ello.

– ¿Cómo ha ido dándole forma a ‘Presente y el mar’?
– Presente y el mar no lo concebí como un todo íntegro, independiente, orgánico. En un inicio sólo estaban el título y el primer poema. Lo escribí frente al mar y hacía frío y era hermoso. Este poema, de comienzos de la primavera pasada, dio pie a una serie de poemas unidos por una relación peculiar entre la forma y el fondo, y por ciertos temas obsesivos: la fragmentariedad del sujeto en el tiempo y el espacio. El resto del poemario lo formé a partir de poemas anteriores y posteriores a aquellos. “Que trata de la ciudad” contiene poemas de corte social y temática urbana, de incertidumbre y desarraigo. Unos siguen voces y ritmos más tradicionales, otros presentan alguna novedad o anomalía. Tomo, en algunos, a un personaje mitológico de la tradición clásica y lo suelto en mitad de la calle, le pongo en la mano un cartón de vino barato, lo hago meterse en el taxi. La tercera parte, “Son tantos los puentes”, retoma algunos de los temas anteriores e introduce el discurso metapoético. Por tanto, podría decirse que lo fragmentario da forma, o deforma, a Presente y el mar.

– Está claro que le gusta jugar con las palabras, buena prueba de ella es el primer poema que da título al poemario o el titulado ‘El viento en Ponts des Arts, ¿es así?
– Hago cosas con las palabras, con el sonido, el espacio, la disposición de los versos. Pero nada de esto lo hago gratuitamente. Se trata de la estética de la que hablaba antes y que caracteriza a los primeros poemas. La ruptura de los versos o de las palabras a la mitad, los encabalgamientos abruptos, el refuerzo de un paralelismo gramatical con uno espacial, todo esto lo uso a veces para marcar el ritmo o para recrear –sin decir, sino mostrando- el vaivén de las olas o del viento, la desintegración o fragmentariedad -como decía- del sujeto, la simulación de los espacios.

– Y que hay una manifiesta devoción por el arte poético de Luis García Montero como se puede adivinar en el poema ‘El poeta en la Universidad’ ¿Qué opina de las palabras que te ha dedicado en la contraportada?
– Hace cosa de un año y medio leí su libro de poemas Poesía urbana. Me hizo pensar en los preludios de T.S. Eliot y en su tierra baldía, en las calles de Nueva York del Lorca del 29 y en los paseos cortazarianos. Es esa poesía urbana la que me fascinó. El ser y el estar en la ciudad. El individuo acallado entre los ruidos y terriblemente solo entre las hordas. Una incomprensión omnipresente de lo absurdo y arbitrario de los días.  Hay una manifiesta devoción por el arte poético pero también una incomodidad, un desasosiego y una desconfianza no tan manifiesta hacia el arte poético. En “El poeta en la Universidad” canto al poeta, que es Luis García Montero pero también Bécquer o Cernuda o Woolf o John Keats, es decir al hombre. Por esto, agradezco tanto las palabras que me dedica en la contraportada, y sobre todo cierto entendimiento, cierta comprensión, su humanidad y su tiempo. Quizá en ese “presente de (mis) años” del que habla se ha visto una energía, una decisión y una certidumbre que sí que están algo desgastadas, algo ausentes.

María Domínguez en la presentación de su poemario en Sevilla

– ¿A qué otros poetas admira o le gustaría parecerse?
– No busco parecerme a ningún poeta, sino que busco. Existe una búsqueda. Al mismo tiempo, una es muchos poetas y muchos otros. Admiro el riesgo pero también la sensatez, y no me adscribo a una escuela, a una poética o a un género. Hay que aceptar el tiempo, los tiempos en los que se ha escrito, y entonces se puede admirar a una Generación del 27 más neopopular o más vanguardista, a Huidobro o a Vallejo, a Sylvia Plath o a Machado, pero también a T.S. Eliot y a Dylan Thomas, a Apollinaire y a Baudelaire, a Salinas o a Panero (hijo), a Pizarnik o a Gloria Fuertes, a Gil de Biedma o a Safo. También admiro a poetas de hoy, a algunos que no publican y a otros que publican pero para quienes vender los libros de cincuenta en cincuenta no es una prioridad.

– Igualmente Granada está presente en algunos de los poemas, (Nieva sobre Granada, Collage en la estación de trenes de Granada) ¿Que nos puede decir de ambos?
– “Collage en la estación de trenes de Granada” lo escribí en mi primer viaje de Granada a Sevilla después de asentarme aquí para estudiar. Por supuesto, no volví a coger el tren (quiero decir, primero el autobús hasta Antequera y luego el tren). Es de un tono simpático, alegre, juguetón, que refleja la dinámica, los movimientos, las conversaciones y la mezcla de voces en este tipo de establecimientos. Supongo que refleja también la dinámica, el ajetreo y la mezcla de voces cuando cambié de carrera y de ciudad y vine a Granada. “Nieva sobre Granada” lo escribí la segunda vez que vi nevar. La primera fue en París. Está la esperanza y la sutil alegría, pero también está “una ciudad desdentada / de pisos de cemento / y de bloques grises”. Hay toda una poética en torno al lugar, al espacio, y por eso el título de la tercera parte, “Son tantos los puentes”. También hay toda una problemática en torno al significado de “vivir en”, de “habitar”, de “residir”. ¿Dónde se está y dónde se es sino en todos los lugares en los que se ha estado y se ha sido?

– ¿Desea añadir algo más para despertar el interés por su opera prima?
– ‘Presente y el mar’ es de algún modo el punto de partida o la semilla de otra poesía que estoy elaborando ahora, una poesía algo más abierta, de la interrogación y la incertidumbre, que sugiere y que rehuye de los versos como lápidas. Da lugar al otro y a lo otro. Si logro tan solo que el lector rechace al autor como sola y única autoridad, que comprenda eso del tiempo y sus ficciones, estaré feliz y agradecida.

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