‘Cuestiones disputadas’ de Jesús Fernández Bedmar se presenta en el Cuarto Real

El martes, 19 de febrero, el profesor Jesús Fernández Bedmar presenta su último libro titulado ‘Cuestiones disputadas. Vocabulario de espiritualidad para laicos’, editado por editorial Comares. En este acto que tendrá lugar en el Cuarto Real de Santo Domingo, el autor estará acompañado por el catedrático de Lengua y poeta, Luis de la Rosa Fernández (19.30 h)

 

El libro lo componen 19 temas (Cuestiones disputadas) que habitualmente se nos han  presentado en la Iglesia de forma oscura, misteriosa y muy poco adaptada al tiempo en que vivimos. El mensaje de Jesús de Nazaret se ha oscurecido por diferentes razones y su mensaje ha perdido la lozanía y la alegría que tuvo con motivo del Vaticano II. Hoy la juventud y parte de los adultos se separan de la vivencia cristiana, en muchos casos, por aburrimiento, otras veces porque no les dice apenas nada. El libro pretende hacer una presentación adecuada al tiempo que vivimos  y con un lenguaje más actual sin tergirversar la esencia de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret.

El autor

Jesús Fernández Bedmar, catedrático de Filosofía, Licenciado en Teología y Máster en Sexología. Autor de varias obras sobre sexualidad y temas de adolescencia. Coautor de varios libros, entre otros, de Ética, Educación para la ciudadanía y Ética cívica. Últimamente he publicado “Reflexiones para creyentes. Vocabulario de espiritualidad para laicos” (Editorial Comares).

 

  Introducción

El título del libro fue pensado antes de iniciar su redacción; quería hablar de ciertos temas que, por diferentes razones y sin entrar en ellas ahora, se han ido admitiendo y transmitiendo sin rechistar o, por decirlo mejor, parece haber cierto temor a la hora de afrontarlos, tal vez porque podría caer sobre quien las ponga en cuestión el temido peligro del anatema. Me animó a hacerlo el conocimiento de estas palabras, cuyo autor desconozco: mejor ser excomulgado que obrar contra la propia conciencia.

Mi intención es sacar a la luz algunos temas con la mayor sencillez posible para que los entienda cualquiera y, también cualquiera si lo desea, pueda ilustrarse, por supuesto, sin caer en su banalización; son temas serios para quienes nos sentimos creyentes como para permitirnos tal ligereza. Eso sí, lo hacemos, porque quien esto escribe viene pensando en ellos desde hace tiempo; también porque sólo en la medida en que hablemos de ellos, con argumentos y sin apasionamiento, podremos lograr mayor luz y, como consecuencia, más razones para afirmarnos en la fe que decimos profesar. Y una razón más, ¿por qué no pensar que los seglares también podemos aportar ideas como los teólogos profesionales? O bien, ¿por qué se nos han de dar siempre las ideas desde arriba, aunque muchos prefieran ser guiados antes que andar por sí mismos? En todo caso, no es bueno para la salud mental quedarse con las ganas de plantear problemas que otras personas ya pensaron.

Las «cuestiones disputadas» estuvieron de «moda» tiempo atrás: se elegían contenidos de interés general, se exponían públicamente, se escuchaban con atención los argumento a favor y en contra, se reflexionaba sobre ellos, se contra-argumentaba y, lo mejor de todo, no pasaba nada, nadie se enfadaba. Entonces, ¿por qué no ponerlas en práctica ahora e intentar debatirlas en nuestros días cuando, al parecer, los laicos ya dejamos atrás la minoría de edad en la Iglesia de Cristo? Por otro lado, si es cierto que del diálogo viene la luz, ¿por qué no buscar más claridad de un modo tranquilo y sosegado? Si durante tiempo, la tarea del laico creyente ha sido oír y callar, aceptando lo oído con un sumiso «amen», ¿por qué no pensar que es hora de exponer con el máximo respeto opiniones, fruto de la reflexión y del deseo de ofrecerlas a quienes estén en la misma situación y con el fin de ayudarnos todos?

De ninguna manera nuestro propósito es llevar «la» razón o tratar de imponer a otros lo que aquí se dice; tampoco lo es negarnos a seguir «disputando» de la manera en que lo hacían nuestros antepasados, es decir, dando las explicaciones o los argumentos que cada uno considere oportunos, mejor que mostrando sentimientos, y también esperando escuchar a la otra parte. Quien hace estas reflexiones y las propone sólo pretende animar a pensar por qué las cosas no pueden ser de otro modo, si tenemos espacio y tiempo para ello. Además, si muchas de las ideas propuestas aquí lo fueron en tiempos que nada tienen que ver con el nuestro, ¿por qué no pueden ser revisadas?

En el fondo, nuestra idea es ofrecer temas de conversación, debate y reflexión para que, quien lo desee, pueda echarse al mundo con un cierto bagaje de conocimientos pensados, debatidos y fundados, de modo que su fe vacile algo menos; mejor aún si consigue que su confianza esté más razonada y fundamentada. Y más al fondo, querríamos colaborar a que el mensaje de Jesús de Nazaret llegue a la mayor parte de la gente de forma más comprensible, como a él le gustaba, y no edulcorado como a veces solemos hacer nosotros.

En la vida hay cuestiones clave que, aunque alguien nos dé información sobre ellas, deberían ser afrontadas personalmente con la mayor seriedad y sinceridad posibles, como nos anima san Agustín en el texto introductorio y también porque nos va mucho en la respuesta que cada uno obtenga. Los temas que aquí se tratan, creemos, son fundamentales, y pensamos que una vida, religiosa o no, sin la búsqueda del fundamento que la sustente no merece mucho la pena.

Granada, diciembre 2017

 

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