Ramón Burgos: «¿Interpretar o corregir?»

 

“Todo texto necesita ser interpretado (…) Pero una interpretación que trata de ser fiel al texto, no es en ningún modo una corrección”. La afirmación del que fuera presidente del Instituto Pontificio Juan Pablo II, Livio Melina –recogida de una larga entrevista publicada por el periódico italiano La Veritá–, me ha permitido, como podréis suponer, reflexionar sobre mi profesión y el empeño detectado últimamente –y no tan últimamente– de lanzar exégesis y poner enmienda a lo escrito por los profesionales.

 

Además, sé que este hecho no sólo se produce sobre el “cuerpo de las noticias”, sino que las páginas de opinión y los editoriales, de forma específica, tienden a ser diana perfecta de las antedichas prácticas.

No intento dar aquí una lección de ética periodística, en defensa de todo el colectivo de “plumillas”, aunque este deseo me asalte constantemente. No intento tampoco plasmar ahora mis pensamientos concretos sobre la libertad de expresión, que son inmensamente considerados. Lo que intento es sostener que el respeto a las ideas ajenas es tan importante como la verdadera seguridad en las propias. Y que, de cualquier forma, las interpretaciones o las correcciones, si es que se consideran necesarias, tienen que ser realizas con espíritu solidario –nunca con ánimo destructivo, buscando intereses particulares–.

Lo que en principio se apercibía como “viento de liberación” contra la censura imperante –la apertura de teléfonos en la radio, las cartas al director en la prensa, ciertos espacios televisivos, la generalización de las redes sociales, etc. –, tengo la impresión que, en muchos casos, se está convirtiendo en “ciclón inquisitivo de réditos arbitrarios”. Es decir: poco importa el contenido de lo escrito, visto o escuchado; lo fundamental es que haya pie para desmontar el criterio ajeno, tendiendo siempre, repito, al lucro unipersonal.

Y dicho esto, mantengo, por si alguien lo dudaba, la bondad de la crítica constructiva y la honestidad del ejercicio de la competencia. ¡Incluso para mis escritos!

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Ramón Burgos
Periodista

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