Antonio Luis Gallardo Medina: «Ya no me gusta la Navidad»

 

¡Ah! Hemos entrado en diciembre y, por tanto, dentro de poco será Navidad y hay que ser especialmente felices, pero ¿por qué? ¿Se puede ser feliz en Navidad? Pues hay muchas personas que lo consiguen, yo por el contrario, cada año, estoy deseando que llegue el día 7 de enero para intentar de nuevo por enésima vez, ya van sesenta y pico de años, ser feliz.

 

Creo que por encima de todo, la felicidad es una actitud. ¿Y cómo lograrla? Generando vivencias y acciones concretas que nos aporten placer y nos hagan disfrutar. Y en Navidad se puede conseguir. Creo que no.

Así que nunca es tarde para tomar el control de nuestra vida. ¿Hemos pensado en el tipo de Navidad que queremos? ¿No? Pues eso es lo primero. Lo segundo es pasar a la acción. Porque existen muchas claves para hacer de estas fechas un tiempo placentero.

En mi caso, ya hace tiempo que dejó de ser placentera la Navidad, cada año son más las ausencias y querencias de las personas que ya no están conmigo. Aquellos años en el pueblo de tranquilidad absoluta, solo rota por el murmullo de un villancico cantado a María la Estanquera, Navidad de mesa camilla en casa de mi abuela Laura, lotería y polvorones del horno de Castilla, noche reyes calle Cristo abajo para ver qué habían dejado en mi casa.

Hoy, sin embargo, la Navidad es poner el árbol, el Belén, reunir a la familia, los Reyes… Época de alegría, felicidad… Bueno. Un inciso, dirán algunos, ¿quién ha dicho que en navidades tengamos que ser felices? Es verdad. La felicidad no puede forzarse, aunque estemos en Navidad.

Y no paramos, gasto excesivo, regalos, comilonas, aglomeraciones, tráfico, tensión con la familia… Con frecuencia todo ello va asociado a la Navidad, y esto hace que para muchos estas fechas acaben convirtiéndose en un duro ejercicio de supervivencia.

Pero hay algo peor: la presión de la felicidad. Anuncios de bombones, de turrón… Pero ¿y si yo no me siento feliz en Navidad? Muchos afrontan las fiestas con secuelas de un año donde tuvieron que ajustar la economía, sobrevivir al trabajo, a los recortes de este gobierno y del siguiente, a los desahucios y de repente hay que cambiar de golpe y predisponerse para ser feliz.

Este año, como el anterior y como el antes del anterior, intentaré sobreponerme e intentar disimular, aunque sea muy difícil, pero mis nietos se merecen que el abuelo se vuelva a disfrazar de Papa Noel, aunque cada año el relleno de la barriga no haga falta disimular con un cojín, pues bastante relleno tiene ya el abuelo.

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