Ramón Burgos: «Cartelitos»

 

Últimamente, por repetitivo, me ha resultado aún más sorprendente lo que he venido en denominar como “el baile de los cartelitos”.

¡Sí!, me refiero a esas pegatinas que se colocan en los asientos de teatros, auditorios, etc., indicando, con nombre o cargo, la correspondiente reserva protocolaria, y que, por arte de magia, en la impunidad de la recepción, vuelan de aquí para allá.

Ya sabéis –al menos eso creo– que durante muchos años, me esforcé, junto a los mejores maestros, en aprender todos los “secretos del protocolo”, por entenderlo como norma imprescindible de “convivencia pacífica” para el buen desarrollo de cualquier acto sea de la índole que sea. Y ahora, en las postrimerías del año 2019, me vengo a plantear si aquel interés mío ha dejado de tener vigencia social en nuestra ciudad, pues parece que ya la cuestión no radica tanto en seguir al pie de la letra los correspondientes decretos, mantener los usos y costumbres del lugar o esforzarse en la veracidad y actualización constante de las listas reglamentarias –recomendación, esta última, más que necesaria en tiempos, como los actuales, de constante mudanza–.

Todo se ha revolucionado. De forma especial con la aparición de unos nuevos gurús del ceremonial: los asesores del invitado; esos personajes que tienen como misión prioritaria poner en “lugar de fotografía periodística” a sus adoptados (a veces, otras muchas veces, coincide que son ellos mismos los que buscan desesperadamente el codiciado lugar). Se trata de verdaderos alumnos aventajados de aquel ministro que, con inigualable habilidad “codil” –utilización de los codos para abrirse paso–, emergía siempre junto a la más alta autoridad del Estado.

¿Y qué me decís de los paseos casuales ante las cámaras de televisión o los saludos más que efusivos a los informadores mientras realizan su trabajo profesional?

A los agentes y agencias de organización de eventos me gustaría preguntarles por la verdadera identidad de esas apariciones –esos “ghost”–… Con una única intención para estos últimos, una vez suficientemente conocidos: la de recomendarles que aprendiesen un poco, bastante, de urbanidad (primer paso hacia la educación).

 

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Ramón Burgos
Periodista

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