Francisco Javier Sánchez Manzano: «Guía para el comprador de coches indeciso»

 

Querido lector, entiendo las dudas que te han surgido a la hora de comprar un coche; a mucha gente le pasa lo mismo.

 

Y no esperes que el gobierno te las aclare. Pedro Sánchez, por ejemplo, no sabe qué pasará mañana con el país (nada bueno, me atrevo a decir), pero sí sabe lo que pasará con los coches en 2040. Mientras, la gente se pregunta si merece la pena comprar o esperar, si eléctrico o híbrido, si gasolina o Diésel, si etiqueta verde o azul ¿Consecuencia? Pues que la incapacidad del gobierno para tranquilizar a los posibles compradores, unida a la incertidumbre económica ha provocado un descenso de las ventas del 4,8% en 2019.

Te diré, querido lector, mi opinión. A día de hoy, yo descartaría el coche eléctrico, a no ser que vivas en un chalet y lo utilices para recorridos cortos. Puede que en el futuro se abaraten sus precios y que los puntos de recarga se hayan multiplicado por diez, pero ahora mismo cargar un vehículo eléctrico supone entre cinco y ocho horas de espera (carga lenta) o entre dos y tres (carga semirrápida), aunque este tipo de carga está muy poco extendida. Las empresas eléctricas afirman que ya es posible cargar una batería al 80% en veinte minutos (carga ultra-rápida, con potencias de hasta 400 Kw), pero solo existen dos puntos de carga en España con estas características. Y todo ello si no surgen imprevistos (muchos conductores se encuentran los puntos ocupados por otros vehículos, los cables arrancados…). ¿Imaginas que te sucede algo así de camino a una entrevista de trabajo o viajando con un bebé?

Por otro lado, la red eléctrica de nuestro país no está diseñada actualmente para poder soportar una enorme demanda sincronizada (millones de coches enchufados al mismo tiempo). Y no olvidemos que parte de esta energía se obtiene de las centrales nucleares. Necesitarlas para ser ecológicos parece un contrasentido.

Los híbridos son una buena opción para casi todo, excepto para quien busque un coche que le proporcione sensaciones deportivas. No se trata de vehículos que haya que enchufar (aunque también los hay), sino que se mueven gracias a la ayuda de dos motores: uno eléctrico, cuyas baterías se van recargando por sí solas (al frenar, por ejemplo) y otro de gasolina, que ayuda al motor eléctrico cuando se demanda más potencia. Los híbridos llevan cambio automático, gastan muy poco y por ahora han demostrado ser fiables. En ciudad se muestran ideales; en carretera también son una buena opción: el gasto de combustible se eleva, pero sigue siendo bajo. Lo único malo es el particular funcionamiento de esos cambios automáticos, ruidosos cuando se conduce a cierta velocidad y, sobre todo, a la hora de acelerar.

Luego están los coches de gasolina. Te aconsejaría estos si no haces más de 15.000 kilómetros al año. Aunque con algunos matices. Durante años nos han vendido que eran menos contaminantes que los Diesel, y es cierto, pero con matices. Emiten menos NOx (óxido de nitrógeno, cancerígeno), pero más CO2 (dióxido de carbono, responsable de la degradación de la capa de ozono). De hecho, un informe del proveedor alemán de servicios técnicos TÜV demostró que los motores de gasolina de baja cilindrada e inyección directa eran hasta mil veces más contaminantes que los anteriores de gasolina de inyección indirecta y emitían micropartículas más perjudiciales que las de los motores Diesel, e igualmente cancerígenas. Los motores de gasolina de última generación han solucionado este problema, pero ojo, no todos. De modo que antes de decidirte, asegúrate de lo que estás comprando. Además, se da la circunstancia de que la fiebre por los SUV (coches con aspecto de todoterreno, de carrocería más alta –mayor superficie frontal– y, por lo tanto, mayor consumo) ha disparado los niveles de CO2 en los últimos dos años. Somos ecológicos, sí, pero sin renunciar a la última moda.

Si recorres más de 15.000 kilómetros al año, principalmente por carreteras y autopistas, te aconsejo un Diésel. Los motores de última generación son bastante limpios; nada que ver con los del pasado. El inconveniente es que para conseguir esta eficiencia los fabricantes se han visto obligados a instalar en los vehículos una serie de dispositivos (Ad Blue, filtro de partículas…) que encarecen el precio, el mantenimiento y las reparaciones.

Hay otras opciones. Muchas marcas ofrecen modelos preparados específicamente para funcionar con GLP (gas licuado del petróleo) o GNP (gas natural comprimido), aunque son ligeramente más caros que las versiones de gasolina equivalentes. Y cada vez hay más estaciones de servicio que disponen de surtidores específicos para estos vehículos. Es cuestión de hacer números y ver cuál es el ahorro real.

En fin, querido lector, espero haberte sido de ayuda. Al final, por supuesto, eres tú el que decides, pero mi consejo es que si de verdad necesitas un coche, si te gusta este o aquel modelo, no lo dudes, cómpratelo. Disfrútalo. Y en 2040 ya veremos, ¿no? Quién sabe, puede que para entonces ya estemos todos calvos.

F I N

 

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Francisco J. Sánchez Manzano

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