Jesús Fernández Osorio: «El oficio de maestro; una profesión al servicio del pueblo (I)»

“Sólo las personas que han recibido educación son libres”
(Epicteto, filósofo griego)

 

Como es lógico, la educación en España ha sufrido los envites ideológicos subyacentes a todas y cada una de las distintas reformas de enseñanza acometidas a lo largo de los años. Posiciones políticas y pedagógicas casi siempre antagónicas que, desde los siglos XIX y XX, enfrentarán sucesivamente a liberales y moderados, a conservadores y progresistas, o a izquierdas y derechas. Todo ello en un país permanentemente azotado por los males del analfabetismo, el subdesarrollo y la injusticia social.

En medio de todo este desesperante panorama y dentro, a su vez, de un abandono generalizado de la enseñanza elemental, encontramos a la digna y sufrida figura de los enseñantes, de los educadores, de los maestros y maestras.

La frase de la época “pasar más hambre que un maestro de escuela”, –que ya quedó recogida en nuestro acervo y lenguaje más coloquial– sintetizaba perfectamente el estado de escasez, de necesidad y de penuria económica en el que vivirán los maestros de la enseñanza elemental durante los últimos siglos; debido a lo escaso e incierto de su retribución económica. Elementos estos a los que habrá que unir, en muchos casos, la escasa consideración social de que eran objeto. Así, la realidad nos muestra que los maestros malvivían en los pueblos y ciudades a causa de las dificultades económicas a que les sometían los ayuntamientos –a quienes les correspondía abonar sus, ya de por sí, escasas retribuciones– y a duras penas conseguían cubrir sus necesidades más básicas; muchas veces con las ayudas en grano o en especie proporcionadas por los padres de sus alumnos (tan humildes y necesitados como ellos).

Para empezar a situarnos en lo que debió ser la práctica común del ejercicio de la profesión docente en los pueblos de Andalucía nos vamos a retrotraer al satírico caso conocido como “la viga de Ohanes”(1). Allí, en el contexto de la sociedad estamental de la época (Antiguo Régimen) y con una educación primaria en un estado escaso, precario y totalmente dependiente de las escuálidas arcas municipales, en la Alpujarra almeriense de la década de los años treinta del siglo XVIII, el maestro le hará saber al alcalde del Ayuntamiento de Ohanes el estado deplorable en que se encontraba la escuela, bajo la amenaza permanente de derrumbe de una gran viga que atravesaba el espacio:

“[…] pues está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho”.

Pizarrín escolar de mediados del siglo XX

Angustiosa notificación que derivará en un intercambio epistolar entre nuestros dos protagonistas. Escritos en los que quedará suficientemente patente la desidia, arrogancia y despreocupación de la máxima autoridad municipal respecto a la instrucción pública y a la tarea del educador. Inicialmente pondrá en duda la información facilitada por el maestro de primeras letras y calificará la misiva de “excusas y pretextos para no dar golpe” y, eso sí, amenazará con que, en caso de no ser cierto lo manifestado en el escrito, lo mantendría “otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo”.

Ante la gravedad de lo expuesto, nuevamente será requerida la actuación urgente del regidor municipal. A la que, con más de un año de intervalo, responderá con todo el desdén y bravuconería posibles: “me parece excesiva tanta machaconería en el asunto de la viga. Sepa el señor maestro que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace”.

Algunos años después, y tras efectuarse una primera visita de inspección por dos peritos albañiles del municipio, se dictaminará que la amenaza de la viga sólo suponía un “peligro leve, o sea, de poca trascendencia”. Como era bastante previsible, el conflicto acabará con el definitivo hundimiento de la escuela y la muerte del maestro y sus catorce alumnos. Triste desenlace del caso que nos pone en evidencia la perenne falta de condiciones de todo tipo en la que los maestros y maestras se han visto obligados a trabajar para ejercer su docencia, bajo la estricta dependencia caciquil de los gobiernos municipales.

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(1) LOPEZ DOMENCH, R.: La viga de Ohanes: algo más que un conflicto escolar en el siglo XVIII. Revista Complutense de Educación, 2000. Vol. 11, nº1: 153-173. Tomado de unos documentos, comprendidos entre 1734 y 1740, supuestamente existentes en el Archivo Municipal de Ohanes.

Continuará la próxima semana

Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

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