Jesús Fernández Osorio: «La ‘Desbandá’ de Málaga»

En el recorrido histórico que estamos dedicando a la escuela y a los maestros hoy vamos a hacer un breve paréntesis.

 

Nos queremos hacer eco de la inauguración, el pasado lunes 3 de febrero, de la magnífica exposición titulada “Taro y Capa en el frente de Málaga”. Muestra fotográfica, organizada por la Asociación 14 de Abril y coordinada por Fernando Alcalde, que se podrá ver, en la Casa Condesa Torre Isabel de Motril, hasta finales de mes. Exposición de fotografías, dedicada en esta edición a las Brigadas Internacionales, que, como se viene haciendo desde hace ya catorce años, se inscribe dentro del conjunto de actos programados en memoria de la masacre ocurrida en el mes de febrero de 1937; conocida como ‘La Desbandá’ de Málaga.

En las imágenes de Robert Capa y Gerda Taro, tomadas cuando acudieron a documentar la caída de Málaga y el dramático éxodo de la población civil que huía por la carretera de la costa en dirección a Almería, podremos apreciar la inmensa tragedia de la guerra en suelo hispano: la Guerra de España. Además, nos servirá de homenaje a las miles de víctimas y como recuerdo de que aquí se produjo uno de los mayores crímenes de la Guerra Civil. Genocidio que durante muchos años se mantendrá oculto y olvidado, y del que muy pronto se cumplirán 83 años. Todos ellos amparados en la total impunidad.

En los primeros días de febrero de 1937 el ejército sublevado estuvo en disposición de lanzar la ofensiva militar contra Málaga. Ciudad que, hasta esa fecha, habría venido acogiendo a toda una avalancha de refugiados procedentes de las provincias más occidentales de Andalucía. Precisamente “estos refugiados habían venido difundiendo cómo los ocupantes mataban, saqueaban o violaban” (1), lo que explicará la fuerte determinación de las familias de emprender la escapada,“apenas oyeron que las tropas estaban cerca”. Represión y castigo que el propio general franquista, Queipo de Llano, se encargaba de proclamar y difundir a través de la emisora de Radio Sevilla.

Con los primeros ataques fascistas y, sobre todo, desde el día 7 de febrero, el frente se derrumbará. Málaga será abandonada por sus defensores –que confiaron en unos refuerzos que nunca llegaron–. Evacuación desordenada y atropellada de las fuerzas republicanas y, con ellas o incluso antes que ellas, de buena parte de la población civil, indefensa y presa del pánico. “Los primeros que partieron, el día 6, consiguieron medios más o menos eficaces de traslado, ya fueran camionetas, carros o animales de carga. Sin embargo, a partir de entonces, colapsado el camino con coches averiados o faltos de combustible, el camino se convirtió en un caos por el que muchos salieron andando a última hora” (2).

Desesperada huida en la que, con el justificado terror a ser alcanzados por las columnas de los sublevados, serán cañoneados desde el mar, por la flota franquista y ametrallados desde el aire, por los aviones alemanes e italianos.

Mientras esa avalancha de familias enteras avanzaba por la carretera de la costa en dirección a Almería muchas personas más se les irán sumando –en las poblaciones por donde iba discurriendo la triste riada humana–. Fruto del cansancio, poco a poco, se irán desprendiendo de lo más innecesario hasta quedarse con lo imprescindible para poder continuar el largo camino que tenían por delante. Desesperada huida en la que, con el justificado terror a ser alcanzados por las columnas de los sublevados, serán cañoneados desde el mar, por la flota franquista y ametrallados desde el aire, por los aviones alemanes e italianos.

Norman Bethune, el médico canadiense que se encaminará hacia allí con su unidad móvil de transfusiones de sangre, dejará constancia documental de la inmensa tragedia en su libro: “El crimen de la carretera Málaga-Almería”. Dimensión trágica del episodio que quedará suficientemente corroborada por todas las investigaciones y testimonios directos que se han podido obtener posteriormente. Pues, “la memoria de los que sobrevivieron coincide en el dramatismo que suponían aquellos bombardeos que dejaban un reguero de muertos, mutilados y familias que se perdían ante el desconcierto de los ataques” (3).

Otro obstáculo, que dificultará aún más la huida, será que, antes de su llegada a Motril, el río Guadalfeo se encontraba bastante crecido por las lluvias e inundaciones de los días anteriores. El puente de la carretera se hallaba totalmente destruido. Algunas personas darán la vuelta de regreso ante la imposibilidad de cruzar el río. Entre los que lo intenten muchos no lo conseguirán y se verán arrastrados por la corriente. Los que lo logren, tampoco hallarán descanso en la ciudad costera. Pues, la ciudad de Motril, ante la inminencia de la ocupación franquista –que ocurrirá ese mismo día 10 de febrero–, también será evacuada, quedando definitivamente estabilizado el frente en la población vecina de Castell de Ferro.

En el camino que aún les restaba hasta llegar a Almería, los refugiados sufrirán la muerte por agotamiento, el hambre y el frío, además de los continuos hostigamientos y bombardeos de los sublevados en armas contra un Gobierno legítimo. Bombardeos que, a su vez, serán la tónica que les esperaba en la ciudad que, después de cuatro días de camino y más de 200 kilómetros, por fin les acogía. Si bien solo será una etapa más del “largo calvario” que les llevará a ir “desplazándose en sucesivos episodios similares a medida que la República agonizaba. La vuelta a las localidades de origen, terminada la guerra, supuso la muerte, la cárcel, las depuraciones y el hambre… caras de un castigo contra una población a la que se achacaba los más graves delitos: uno de los más penalizados fue haberse atrevido a huir” (4).

Información relacionada: LA DESBANDÁ 2020

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(1) BARRANQUERO TEXEIDA, E.: «75 años del infierno. El drama de la carretera de Málaga a Almería». En: Andalucía en la Historia nº 35, año 2012, pp. 58-63.
(2) Ibídem, pp. 58-63
(3) Ibídem, pp. 58-63.
(4) Ibídem, p. 63.

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Leer otros artículos de

Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

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