Virtudes Montoro: «Cuando la culpa ocupa todos tus espacios»

La culpa es una emoción secundaria, es consecuencia de la tristeza que es una emoción primaria.

Junto a la vergüenza y el orgullo, la culpa es un sentimiento autoconsciente, es decir, implica algún tipo de juicio de la persona sobre sus propias acciones.

Tal y como lo expresa Enric Corbera, la culpa es la creencia de separación entre yo y el mundo (otras personas, sociedad, religión, moralidad, etc.). Cuando se proyecta esta separación en uno mismo surge el sufrimiento, pero también se empieza a atacar y manipular a los demás. Aparece un sentimiento de deuda: me siento así por culpa de otros, sufro por culpa de los demás. Sin embargo, cuando la culpa se proyecta en los demás, la persona se erige en juez y verdugo.

Cuando alguien se siente culpable está buscando un castigo, busca a alguien a quien culpabilizar (me siento mal por culpa de mi pareja, por culpa del trabajo, por culpa de la sociedad, por culpa de mi divorcio, etc.). Además, la culpa nos sustrae del presente, con ésta no se puede crear un futuro, por lo que las mismas circunstancias se repetirán una y otra vez en nuestras vidas.

La culpa es el sentimiento más cruel que existe, desmiembra a la persona que la sufre y la sumerge en la más absoluta oscuridad. A diferencia de otras emociones y sentimientos, la culpa no cumple ningún papel adaptativo, a diferencia de la responsabilidad. Con la responsabilidad nos hacemos cargo de nuestras acciones, reconociendo que no sabemos o no podemos hacer las cosas de otra manera, que simplemente erramos. Cuando nos sentimos responsables de nuestras acciones, somos capaces de reconocer que los demás tampoco saben o pueden actuar de otro modo. Cuando asumes las consecuencias de tus actos, no desde la culpa y sí desde una óptica de aprendizaje responsable, te liberas de la crueldad con la que te estás tratando y con la que tratas a los demás.

La culpa es el sentimiento más cruel que existe, desmiembra a la persona que la sufre y la sumerge en la más absoluta oscuridad.

La culpa se recrea en ella misma, obstaculiza una visión objetiva de los hechos. Se retroalimenta de pensamientos distorsionados de la realidad y en la autocrítica desmesurada. En parte también la culpa es cómoda, es mejor sentirla que movilizarse para cambiar y transformar aquello por lo que sufrimos. La culpa en sí es una manera de negarse y de negar a los demás. Ocurre que a veces, las personas están tan sumergidas en el sufrimiento que temen salir de éste, les dan miedo sentirse bien, les aterra vivir con plenitud, como mártires pasan por la vida con el único sentido vital de sufrir, creyendo que esto es lo que se espera de ellos, creyendo que así están haciendo lo correcto. Como digo, no sirve para nada, es como agua estancada que no corre, que se pudre y acaba con todo indicio de vida.

La culpa nos impide avanzar, nos sumerge en estados de angustia, apatía, desolación, pero también es egoísta; la culpabilidad arrastra un fuerte sentimiento de narcicismo y omnipotencia, “son los demás los que deben cambiar para que yo no sufra”.
Como digo es el sentimiento más dañino que podamos sentir y está en la base de casi todos los trastornos (depresión, ansiedad, TOC, drogadicción, etc.). Precisamente estas personas, las que sufren algún tipo de adicción, son las que mejor conocen la culpa, convirtiéndose ésta en uno de los factores por lo que es tan difícil superar una adicción.

La culpa no cumple ninguna función, como ya hemos mencionado. Nos impide crecer, nos convierte en personas irresponsables que siempre buscarán una vía de escape, nos hace sufrir y hace sufrir a las personas que nos rodean. La culpa también nos atacará y hará que ataquemos y manipulemos a las personas que nos rodean, creyendo que son los demás los que nos deben algo.

Es egoísta y cómoda, es más fácil sentirse culpable que sentirse responsable, es más fácil quedarse parado que movilizarse para cambiar y transformar nuestra realidad.

Sólo una cosa nos libra de ella: el perdón y el amor.

“Haz sentir culpable a tu enemigo y dominarás su voluntad”. Napoleón Bonaparte

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

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