Jesús Fernández Osorio: «Los dos modelos educativos que se confrontaron en la España de la Guerra Civil (1936-1939)»

 

“Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres,  es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz” (Del preámbulo del Acta Constitucional de la UNESCO)

 

En este improvisado recorrido que emprendimos por la historia de la educación en España, hoy nos vamos a detener en los dos modelos educativos que se desarrollaron y confrontaron durante nuestra trágica contienda en el pasado siglo XX.

Con el golpe militar contra la Segunda República que dará comienzo a la Guerra Civil y, por tanto, al enfrentamiento violento entre los dos grandes bloques en que quedará dividido el país, la educación pasará a convertirse, casi en su totalidad –como era previsible– en un instrumento ideológico. A continuación, presentaremos las grandes líneas que marcarán la actuación cultural y educativa de las dos Españas.

En la España republicana, a pesar de que el bienio radical-cedista, (entre finales de 1933 y principios de 1936) habría supuesto un importante retroceso en cuanto a las medidas reformistas impulsadas desde el primer bienio republicano, entre las que destacaríamos la prohibición de la coeducación y el considerable descenso en la construcción de escuelas, al producirse la guerra, lejos de centrar su esfuerzo en la lucha armada exclusivamente, tratará, por todos los medios, de mantener su apuesta por la educación y la cultura, tanto en la retaguardia como en los frentes de batalla. Así, en la consideración de que la lucha que la República estaba manteniendo era también una lucha por la cultura y la libertad del pueblo, en febrero de 1937, se crearán las llamadas Milicias de la Cultura.

Milicias que, integradas por maestros y estudiantes adscritos a las unidades militares, promoverán la alfabetización de los combatientes. En palabras del general José Miaja: “La cultura en el Ejército Popular no sólo es necesaria sino imprescindible. La República necesita un ejército para la defensa del país y esta fuerza armada ha de estar identificada con el pueblo. Es imposible lograrlo si no se hace una labor cultural amplia” (1). El éxito obtenido en la asistencia cultural de las mismas les llevará, en septiembre de ese mismo año, a la creación de las Brigadas Volantes de la Lucha contra el Analfabetismo en la Retaguardia que, igualmente, estarían destinadas a promover la lectura y la escritura entre los analfabetos adultos, especialmente en las zonas rurales (2).

Por otra parte, “la atención a la infancia se dirigirá hacia la evacuación de los niños a zonas más seguras ante la continua movilidad de los frentes” (3). Colonias escolares que se focalizarán primero hacia Madrid y, después hacia el Levante y Cataluña, como zonas más seguras y alejadas de los frentes y, posteriormente, evacuados hacia el exterior (Bélgica, Francia, Suiza, México y URSS). Con la definitiva derrota de la II República se terminarán los sueños de muchos hombres y mujeres que lucharon porque los derechos sustituyeran a la caridad y a la beneficencia, que la educación y la cultura fueran posibles para todos, que, en definitiva, soñaron con una sociedad más justa, más libre, más solidaria y más igualitaria.

Por otra parte, la actuación del bando sublevado en materia educativa estará dirigida, desde el inicio mismo de las hostilidades, al desmantelamiento y supresión definitiva de la enseñanza laica de la II República. Modelo educativo al que consideraban principal responsable del retroceso de los valores tradicionales, así como por el importante peso que se había atribuido a la instrucción pública y a lucha contra el analfabetismo que, según ellos, habrían propiciado una mayor demanda y reivindicación de derechos sociales y laborales por parte de los trabajadores. Por todo ello, la atención fundamental de las nuevas autoridades se dirigirá, en primer lugar, a la depuración de todo el personal docente, especialmente de los maestros “que tanto había promocionado la Segunda República” (4). Junto a ello, en palabras de Pedro Sainz Rodríguez, renegarán del laicismo y se abrazarán al catolicismo, “que constituye la única posibilidad de poseer una clave para entender la Historia de nuestra civilización y de nuestro pueblo y una norma para que pueda marchar nuestra Nación por las rutas del porvenir” (5).

Por su parte, la actuación de la Iglesia católica en estos momentos, al sentirse perseguida, adoptará una postura de legitimación de la guerra como cruzada, en la que buscará, también, la recuperación del papel preponderante que habría venido teniendo en el campo de la educación con anterioridad al 14 de abril de 1931. Peso específico y poder real que, como tal, dificultará la instauración de un verdadero sistema educativo público en toda la España contemporánea. Así, la preocupación en la enseñanza primaria no residirá fundamentalmente en los contenidos de instrucción sino en “los principios religiosos, morales y patrióticos que impulsan el Glorioso Movimiento Nacional” (6). Es decir, se centrarán en la unificación de la educación nacional con el catolicismo. Educación en donde la autoridad y la disciplina serán los valores a imponer y el contenido exclusivamente religioso y patriótico. Por todo ello, se le dará una gran importancia a la revisión del personal educativo pero, ahora, no por su formación pedagógica si no por su moralidad y buenas costumbres. Medidas con las que se posibilitará, todo lo posible, la entrada en el sistema educativo de aquellos que habrían tomado parte activa en la guerra del lado de los vencedores: excombatientes, excautivos, mutilados, etc. Se premiaba su fidelidad y, a la vez, se suponía constituían una garantía absoluta de que inculcarían los valores por los que habían luchado. Estos serán los gérmenes de la escuela del nacional-catolicismo que iniciaba ahora su larga andadura.

Imágenes: “Tarjeta Postal de las Milicias Republicanas” y el otro un “Cartel propagandístico del bando franquista

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(1) Armas y Letras, 1 (1 de agosto de 1937. En: FERNANDÉZ SORIA, J.M.: Educación y cultura en la Guerra Civil (España 1936-39), Ed. Nau Llibres. Valencia, 1984, p. 50.
(2) DE PUELLES BENITEZ, M.: Educación e ideología en la España contemporánea (1767- 1975), Ed. Labor, Barcelona, 1980, p. 348. Este mismo autor también resalta la importancia de la actividad de la CNT, de la educación anarquista, fundamentalmente a través de los Ateneos Libertarios.
(3) FERNANDÉZ SORIA, J.M.: Educación y cultura en la Guerra Civil (España 1936-39), Ed. Nau Llibres. Valencia, 1984, p. 22.
(4) DE PUELLES BENITEZ, M.: Educación e ideología en la España contemporánea (1767- 1975), Ed. Labor, Barcelona, 1980, p. 367. Ahora, la selección ideológica de los maestros se completará con la reserva para combatientes y heridos de guerra de las plazas de maestros.
(5) SAINZ RODRÍGUEZ, P. “La Escuela y el Estado Nuevo” en Curso de Orientaciones Nacionales de la Enseñanza Primaria”, Hijos de Santiago Rodríguez, 1938, pág. 53-61. Pedro Sainz Rodríguez será nombrado, poco tiempo después, ministro de Educación Nacional.
(6) Ibídem, p. 369

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Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

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