Daniel Morales Escobar: «Canciones de la Transición, (I)»

Mis recuerdos más personales de la Transición me llevan al instituto en el que estudié, en el que ahora enseño, y a la música que escuchaba en esos momentos de mi adolescencia. Y es esto último lo que voy a tratar en el presente artículo porque, incluso cuando han pasado tantos años, para mí es inseparable aquella vivencia histórica de las canciones que oía, a veces, una y otra vez.

Son las conocidas como canción protesta, que tan de moda estuvieron en esa convulsa pero esperanzadora década de los setenta, la de mi iniciación a la vida de adulto. No obstante, las primeras son incluso anteriores, de los últimos años de la larga dictadura.

En 1968, como mucha gente sabe, España ganó el Festival de Eurovisión con la pegadiza La, la, la, que interpretó Massiel. Pero lo que saben menos es que ese tema compuesto por el Dúo Dinámico iba a ser defendido en Londres por Joan Manuel Serrat, quien unos días antes propuso cantar parte en catalán. Televisión Española se negó, Serrat se echó atrás, como protesta, y casi por vía de urgencia Massiel tuvo que prepararse para dejar alto el orgullo musical patrio. La, la, la no era una canción protesta, evidentemente, pero ese mismo año Lluís Llach desafiaba al “establishment” del régimen sacando su tema en catalán L’estaca.

La estaca era la metáfora de una dictadura que tenía a todos atados y la canción llamaba a luchar unidos contra ella hasta que cayera:

El abuelo Siset me hablaba
Por la mañana en el portal,
Mientras el sol esperábamos
Y los carros veíamos pasar.
Siset no ves la estaca
Donde estamos todos atados?
Si no podemos deshacernos de ella
Nunca podremos caminar!
Si tiramos todos ella caerá
Y mucho tiempo no puede durar,
Seguro que cae, cae, cae,
Bien carcomida debe estar ya.
Si tu la estiras fuerte por aquí
Y yo la estiro fuerte por allá,
Seguro que cae, cae, cae
Y nos podremos liberar.
(…)

L’avi Siset em parlava
De bon matí al portal,
Mentres el sol esperàvem
I els carros vèiem passar.
Siset, que no veus l’estaca
A on estem tots lligats?
Si no podem desfer-nos-en
Mai no podrem caminar!
Si estirem tots ella caurà
I molt de temps no pot durar,
Segur que tomba, tomba, tomba,
Ben corcada deu ser ja.
Si tu l’estires fort per aquí
I jo l’estiro fort per allà,
Segur que tomba, tomba, tomba
I ens podrem alliberar.
(…)

El 13 de diciembre de 1969 tuvo lugar en el Palau de la Música de Barcelona un concierto multitudinario de Lluís Llach; el cantante informó desde el escenario que no podía cantarla, porque se lo habían prohibido, y empezó a tocar la guitarra, acompañado solo por un piano, hasta interpretarla entera de manera instrumental. Pero el público fue cantándola en pie, convirtiéndola en un himno a la libertad en aquella España “atada y bien atada”. El disco Ara i aquí (Ahora y aquí) recogió en directo su actuación de ese día, aunque hoy solo es posible escucharla en antiguos vinilos.

En 1975 Franco muere el 20 de noviembre, pero los últimos años y meses el régimen ha aumentado nuevamente la represión ante una oposición cada vez mayor, que llega de distintos sectores y que además se ha ampliado con bandas terroristas capaces de asesinar incluso al presidente del Gobierno en 1973, el almirante Carrero Blanco. Por eso, en septiembre de aquel año 75, son ejecutados cinco condenados, dos del grupo vasco ETA y tres del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, el FRAP, y ello pese a la gran oleada internacional de protestas contra esos fusilamientos que han culminado unos procesos judiciales repletos de irregularidades.

Luis Eduardo Aute, fallecido el pasado 4 de abril, ya en plena crisis del coronavirus, al que debemos infinidad de canciones tan bellas como El Universo, era ese año un joven compositor que había creado una balada titulada Al alba. Pero la cantante Rosa León, que fue la primera en interpretarla, vio en ella algo más: le parecían las palabras de despedida a alguien que iba a ser ejecutado al amanecer y en un concierto días antes de los fusilamientos de septiembre la cantó dedicándola a los condenados. Desde ese momento Al alba siempre ha sido considerada uno de los alegatos más hermosos y emotivos contra la pena de muerte.

Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no se qué estrellas son estas
que hieren como amenazas
ni se qué sangra la luna
al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga.

Quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

(…)

 

También en 1975 compone el aragonés José Antonio Labordeta su Canto a la Libertad, toda una oda, no solo a la libertad, sino también a la unidad para lograrla, a la esperanza y a la justicia social:

(…)

Habrá un día en que todos
Al levantar la vista
Veremos una tierra que ponga libertad
Sonarán las campanas desde los campanarios
Y los campos desiertos volverán a granar
Unas espigas altas dispuestas para el pan
Para un pan que en los siglos nunca fue repartido
Entre todos aquellos que hicieron lo posible
Para empujar la historia hacia la libertad.

(…).

 

Pero será tras la muerte del tirano cuando la canción protesta logre toda su potencialidad. Son momentos en los que la calle se convierte en el escenario de la lucha contra la dictadura sin el dictador. Porque durante varios meses, con el primer gobierno de la monarquía, del viejo franquista Arias Navarro, nada parecía haber cambiado; solo que no había un “Caudillo”, sino un rey puesto por él.

Sin embargo, en julio de 1976 llega a la presidencia del Gobierno, nombrado por el monarca, Adolfo Suárez, de las mismas filas que Arias, pero mucho más joven: de los que no “habían hecho la guerra”. Suárez propondrá a Las Cortes la Ley para la Reforma Política, con el objeto de poder llegar a unas elecciones democráticas; pero antes tenía que ser aprobada mediante un referéndum, como era preceptivo con las leyes fundamentales de la dictadura, lo que ocurrirá el 15 de diciembre. En esos meses dos canciones serán constantemente oídas por los españoles en la radio y en la televisión, ambas de dos grupos recientes: Jarcha y Vino Tinto.

Libertad sin ira, del primero, era una canción que había estado incluso censurada temporalmente, pero en octubre Cambio 16, un periódico nuevo, la usó para la publicidad de su lanzamiento. Cuatro días antes del referéndum había alcanzado el puesto número uno en la lista de los temas más oídos en nuestro país, en el que se mantuvo durante varias semanas. Pero los motivos no fueron solo artísticos: su mensaje coincidía exactamente con el que querían transmitir los defensores de esa transición planificada por el gobierno de Adolfo Suárez: una recuperación de las libertades pero sin revanchismo, olvidando los viejos “rencores” existentes desde la guerra civil:

Dicen los viejos que en este país
Hubo una guerra
Que hay dos Españas que guardan aún
El rencor de viejas deudas

Dicen los viejos que este país necesita
Palo largo y mano dura
Para evitar lo peor

Pero yo solo he visto gente
Que sufre y calla dolor y miedo
Gente que solo desea
Su pan, su hembra y la fiesta en paz

Libertad, libertad
Sin ira libertad
Guárdate tu miedo y tu ira

Porque hay libertad
Sin ira libertad
Y si no la hay sin duda la habrá
(…).

 

La segunda, Habla, pueblo, habla, de Vino Tinto, fue escuchada constantemente durante esos mismos meses gracias incluso a los altavoces de los numerosos vehículos usados en todas las ciudades y pueblos para la propaganda institucional del referéndum.

(…)

Habla, pueblo, habla.
Tuyo es el mañana.
Habla y no permitas que roben tu palabra.
Habla, pueblo, habla.
Habla sin temor.
No dejes que nadie apague tu voz.
Habla, pueblo, habla.

(…)

Posiblemente nunca otra canción haya ayudado tanto a un gobierno: la participación en el referéndum fue elevada y la Ley para la Reforma Política recibió el apoyo de más del 90% de los votantes, por lo que fue un éxito rotundo para Suárez: había logrado salvar un proyecto que no contaba ni siquiera con el apoyo de la oposición democrática, empeñada en la ruptura y en un proceso constituyente. El resultado de la consulta obligó a iniciar un acercamiento entre ambos y a una solución distinta, la “ruptura pactada”, que se haría realidad durante 1977.

Primero fueron legalizados los numerosos partidos políticos, incluso el comunista; luego fueron las elecciones, justo seis meses después del referéndum; y en otoño todos ellos firmaron los Pactos de la Moncloa. Suárez seguía liderando el proceso, pero en 1978 llegó lo que la oposición había querido desde el principio, una constitución democrática, aunque tuvo que ser con la monarquía que Franco había legado.

Mientras, empezaban a configurarse también las preautonomías, como en Cataluña y el País Vasco. Y eran cada vez más los andaluces que no querían ser menos, surgiendo así un tipo específico de canción protesta abanderada de esa reivindicación. Pero será el tema de un siguiente artículo.

 

Daniel Morales Escobar,

Profesor de Historia en el IES Padre Manjón

y autor del libro  ‘Un maestro en la República’ (Ed. Almizate)

 

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