Virtudes Montoro: «¿Nueva realidad o la realidad de siempre?»

Se acerca la “nueva realidad”: estábamos acostumbrándonos a la que teníamos, a estar en casa, a ver la vida pasar a través del vitral. En el fondo nos ha gustado tener tiempo para no hacer nada, para ser más uno mismo y menos un mero peón produce-consumidor que siempre iba corriendo a ninguna parte.

A esta sensación de estar a salvo en casa ya se la ha diagnosticado, imagino para otorgarle un tinte científico, como el “síndrome de la cabaña”. La realidad es que es nos produce vértigo salir, volver a nuestra vida anterior, llena de cosas nada importantes y superfluas. Quizá nos hayamos dado cuenta que lo único importante en esta vida son las demás personas, y que incluso habiendo estado alejadas de ellas, las hemos sentido más cerca que nunca.

Ahora nos toca salir, pero no sabemos dónde. La personas desempleadas se preguntará “¿dónde voy yo ahora a buscar trabajo?”, las personas con un nivel económico bajo, se dirán “pero dónde voy a ir, ¿al bar? Si no tengo dinero, ¡qué más me da lo que abran!” Las personas mayores, ¿estarán a salvo saliendo?

Salimos como una manada de cabras, a tropel. A las ocho y pico las calles se inundan de personas, unas responsables respetan las distancias, otras pasan a tu lado casi tirándote al suelo. Una marea de personas que como autómatas salen, porque así lo estipula la Fase O (Granada le toca otra semana más en ésta), ahora también como siempre, a ninguna parte.

Todo esto me recuerda a las palabras que Lago de Montaña, sabio de una tribu de indios americanos, le dijo al nieto de Carl Jung, Dieter Baumann: “Nosotros sentimos con el corazón, pensamos con el corazón. Observe qué aspecto tan cruel tienen los blancos; sus labios son finos, su nariz afilada, su rostro está tenso y torturado por sus pensamientos. Sus ojos miran fijamente, siempre están buscando algo, ¿qué buscan? Los blancos siempre quieren algo, siempre están nerviosos e inquietos. Nosotros no sabemos lo que quieren, no lo comprendemos, pensamos que están locos
Sí, estamos locos, quizá desconocemos que esto no ha parado, nos quedan mínimo dos años de confinamientos alternos, se producirán segundas olas en las estaciones más frías.

Es el momento de querernos un poco, de cuidar unos de otros. Pero nos encontramos con personas a los que les gusta saltarse las normas, a las que les gusta parecerse a forajidos cowboys, o a miembros de un grupo mafioso o a rudos hombretones (que tan bien quedan en la pantalla), que llevan tres días sin afeitarse y que escupen al suelo. A estas personas es a las que acusamos ahora (un viejo proverbio dice que “cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te apuntan a ti”) por no respetar las normas, ni distancias, con los más variados insultos que pasan por nombrar a sus madres. ¿Qué hacemos con ellos? Pues amarlos, respetarlos y cuidarlos también; buscar el sentido de nuestra existencia en la responsabilidad, al menos como ciudadanos, y ayudar a estas personas a que encuentren su propio sentido y responsabilidad, no a través del odio, sino a través de una educación y comprensión cívica, como por ejemplo transformando las “multas” por prestaciones de servicios en hospitales, como lo están haciendo en otros países (recordemos como algunos de esos rudos machotes y maleantes, se convierten al final de la película, en hombres buenos y honorables).

Dirijámonos a un destino concreto, a uno donde podamos ver con los ojos del otro, donde sintamos el sufrimiento ajeno como propio. Donde ayudemos al que no ve a abrir los ojos.

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

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