Jesús Fernández Osorio: «Unas fechas para recordar»

Hace casi diez meses, allá por los inicios del confinamiento primaveral, ya empezaron a surgir gestos y actos que apuntaban con optimismo al modo en que podríamos salir los seres humanos de la grave crisis que aún nos atenaza.

 

Así, casi de modo espontáneo, se ofrecía ayuda a quienes no podían salir de sus domicilios, se aplaudía a quienes estaban en primera línea frente al virus, se empatizaba con las víctimas y sus familiares… Pero, tras este largo periodo vivido desde entonces –con el lógico hartazgo ciudadano– empiezan a surgir estudios preocupantes que apuntan a que el prolongado aislamiento social o la soledad impuesta –o autoimpuesta– está señalando en sentido contrario, es decir, acrecentando el individualismo, la demagogia y el populismo más extremo. Actitudes excluyentes e insolidarias que, en líneas generales, tal como hemos podido ver, han conducido a una creciente polarización social en nuestro país. Por todo lo contrario, hoy me gustaría traer a colación algunos marcos civilizados de convivencia que los hombres –y las mujeres–, como seres sociales, han venido ensayando y generando a lo largo de la historia. Muchos de ellos en estas fechas próximas; en los primeros días de diciembre.

Para empezar, podemos ver como nuestro calendario anual contiene un exhaustivo santoral religioso. Un conjunto de celebraciones que, formando parte de la cultura occidental, recogen los nombres de los santos, su conmemoración y su distribución a lo largo de los meses; tal como se puede apreciar en la mayoría de las poblaciones con sus patronazgos locales. En otros casos encontraremos fiestas o rituales de claro origen pagano, pero, que fueron convenientemente adaptadas por la Iglesia católica a sus propios fines e intereses. Unas fiestas religiosas para las que diciembre siempre será un mes bastante propicio y en el que destacan las dedicadas a: La Inmaculada Concepción, Nochebuena y Navidad.

Borrador de la Constitución de 1978

Pero, junto a las conmemoraciones religiosas, también hallaremos en nuestro calendario festivo otro tipo de celebraciones que, fundamentalmente por su papel simbólico, se han establecido socialmente como dignas de ser tenidas en cuenta. En este sentido en España, desde que se recuperó la democracia –tras la larga noche de la dictadura franquista– tenemos el Día de la Constitución. Un homenaje a la “ley suprema” que vino a garantizar los derechos y libertades fundamentales conquistados por el pueblo español. Un marco normativo que, como es sabido, permitió el paso de un sistema autoritario a un régimen constitucional y que fue aprobado mediante referéndum hace ya 42 años; un día 6 de diciembre de 1978.

A nivel más próximo también podemos encontrar, en estas mismas fechas, un día que, aunque no tan publicitado institucionalmente, supuso todo un acontecimiento en la conquista de la autonomía de Andalucía –esa que algunos ahora devalúan y denigran, amparados en su añorado involucionismo excluyente– como hoy, 4 de diciembre. Un día al que otros incluso siguen considerando como el verdadero Día de Andalucía; por aquel lejano 4 de diciembre de 1977 en el que más de dos millones de andaluces salieron a las calles a reclamar autonomía para nuestra tierra. Una histórica manifestación que, en la capital malagueña, quedó teñida de luto por el asesinato del joven Manuel José García Caparrós.

Del mismo modo, y centrándonos en la necesaria sensibilización social sobre los diversos temas o problemáticas que preocupan a nivel internacional, también encontraremos numeroso tipo de conmemoraciones anuales a favor de: la paz, el medio ambiente, el agua, la salud, etc. Entre dichas fechas ya hace unas semanas le dedicábamos este mismo espacio al Día de los Derechos del Niño. Igualmente, el pasado 25 de noviembre, y sobre la problemática de la violencia de género, se celebraron los actos relativos al Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Del mismo modo, ayer, 3 de diciembre, se dedicó al Día Internacional de las Personas con Discapacidad y su necesidad de propiciar un tratamiento inclusivo en nuestra sociedad. Pero, hoy me gustaría detenerme en el Día de los Derechos Humanos, en su origen y en su importancia.

Una Declaración Universal de los Derechos Humanos que, aprobada por la Asamblea General de la ONU, reunida en París el 10 de diciembre de 1948, se puede considerar un documento histórico digno de ser tenido muy en cuenta. Un hito que, desde hace ahora 72 años, ha venido sirviendo de base al derecho internacional y que ha sido recogido en la mayoría de las leyes de los países democráticos del mundo. Por su valor intrínseco –y para mitigar el pesimismo inicial de este artículo– es justo y necesario traerlo a colación en esta fechas.

Sus verdaderos antecedentes los encontraremos en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789, un documento de la Francia revolucionaria que vino a establecer el principio de igualdad de todos ante la ley. Y, si se quiere, en la Declaración de Derechos del buen pueblo de Virginia (1776), de la proclamación de las colonias inglesas de América del Norte en plena guerra contra Gran Bretaña. Ambos documentos portadores de un alto valor emblemático.

Un grupo de niños lee la Declaración Universal de los Derechos Humanos ::Archivo ONU

Tras la devastación de la II Guerra Mundial se empezó a plantear de una manera clara y consciente la idea de construir unas bases sólidas capaces de garantizar la paz entre los pueblos. En 1945 se crea la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y tres años después, bajo la salvaguarda de los principios de la dignidad de la vida humana y del valor de la persona, se aprobará la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Un conjunto de principios éticos y morales (30 artículos) cuya implantación se ha ido produciendo muy lentamente a nivel global, con innumerables altibajos y retrocesos pero que, sin duda, su establecimiento en sí ya ha supuesto una toma de conciencia en el progreso común de la humanidad. Una Declaración que solemnemente vino a proclamar los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

En nuestros días, y siendo conscientes de sus violaciones e incumplimientos reiterados, se hace más necesario aún reafirmarnos en el compromiso ético e ideal que supuso y en su mantenimiento universal. Debemos, por tanto, seguir pensando en el pasado pero sin dejar de soñar en el futuro. Un futuro que debería conducirnos a un mundo más humano y a un planeta más sostenible. En un esfuerzo continuo de todos y para todos en conciliar la libertad, la justicia y la igualdad. Resumido en palabras llanas y sencillas, pero de enorme calado y sentido: que el sol salga para todos. Pues, más allá de proclamas huecas, la tan traída libertad sólo podrá ser conseguida cuando se satisfagan, de verdad, las necesidades básicas de los seres humanos: alimentación, educación, sanidad, vivienda, etc.

Es por ello que la próxima semana, el próximo día 10 de diciembre, el Día Internacional de los Derechos Humanos, y aún siendo conocedores de que nos queda mucho por hacer, debemos reafirmar que son una importantísima conquista social y una herramienta fundamental en la lucha por la dignidad humana, sobre todo para los que más lo necesitan. Una Declaración Universal de Derechos Humanos que es preciso recordar, sobre la que se debe reflexionar y, para evitar su pérdida, defender, pues, como podemos ver, nada es irreversible y definitivo. Hay demasiados intereses, oscuros y poderosos, que la consideran un obstáculo para sus pretensiones y que de buena gana la borrarían de un plumazo. Si pudieran. De nosotros depende su concienciación y enseñanza entre las nuevas generaciones. La educación siempre será la clave.

 

Leer otros artículos de

Jesús Fernández Osorio

Maestro del CEIP Reina Fabiola (Motril).

Autor de los libros ‘Cogollos y la Obra Pía del marqués de Villena.

Desde la Conquista castellana hasta el final del Antiguo Régimen

y ‘Entre la Sierra y el Llano. Cogollos a lo largo del siglo XX

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.