Virtudes Montoro: «Noventa y tres metros»

El pasado 27 de abril un comando armado contrario al régimen de Burkina Faso perpetró un asalto a un convoy del que formaban parte los periodistas españoles Roberto Fraile y David Beriáin y resultaron muertos junto a otras dos personas. Al parecer estaban en la zona rodando un reportaje sobre la caza furtiva. La verdad es que este suceso ha tenido poca repercusión en los medios ya que ahora estamos demasiado ocupados pendientes de las desavenencias de alcoba de nuestros famosillos locales.

David nacido en el 1977 en Artajona un pueblecito navarro, se había destacado por elaborar reportajes en zonas del mundo muy conflictivas convencido de que la labor de un periodista debe ser dar voz a los que no la tienen. Fue de los primeros en entrevistar a talibanes en plena guerra de Afganistán, a los comandos de la FARC, a miembros de cárteles de la droga o sicarios con tan solo doce años. No cabe duda de que David conseguía contar grandes historias que nos conmovían en los lugares más recónditos del planeta.

Uno no es grande o mediocre por sí mismo. Uno es mediocre si tiene a alguien grande al lado y no se da cuenta. David Beriáin

En el año 2012 David fundó su propia productora 93 metros con la que realizó multitud de documentales, la mayoría muy bien acogidos por la audiencia: El Palmar de Troya, Palomares, Descifrando a Cortázar, etc. En ellos imprimía sus ideas de la comunicación y el periodismo: si se conoce a las personas de cerca es mucho más difícil juzgar, la ignorancia más grande es la del que cree que sabe algo que realmente no conoce y la única forma de que las historias nos importen es que nos emocionen.

Preguntado por el nombre de su productora, David cuenta que todo se debió a su abuela paterna Juanita Arraiza fallecida un año antes dejando tras de sí una estela de cariño y entrega a los demás inmensos. Murió como deben morir las personas después de haber vivido una vida plena, rodeada de sus seres queridos, imagino que, al igual que pasó con mi propia abuela, en los últimos estertores pidió a los que la rodeaban que la ayudasen a poner un pie en tierra.

Noventa y tres metros es la distancia exacta que hay entre la puerta de su casa y el banco de la Iglesia donde ella iba a rezar. Durante casi toda su vida ese fue el único trozo del mundo que transitó, no necesitó más espacio para vivir su historia más grande, sus avatares diarios fueron su mayor aventura. David reconoció que necesitó muchos kilómetros y experiencias increíbles para descubrir lo que su abuela experimentó en 93 metros.

A veces miramos el mundo con ojos pequeños que no nos dejan ver historias grandes. Hemos estado muchos meses alejados unos de otros, tímidamente empezamos a salir de nuestras forzosas madrigueras y con ojillos curiosos volvemos a escudriñar sus alrededores, poco a poco vamos perdiendo el miedo a saludar a los vecinos, es seguro que dentro de poco podremos abrazar a nuestros amigos. No cabrían en la biblioteca de Alejandría todas las grandes historias que albergan personas en apariencia anodinas con las que nos cruzamos cada día.

David y su abuela han recorrido un gran camino, muchos kilómetros el primero y 93 metros la segunda, pero ambos han escrito historias inmensas en las que han entregado su vida por los demás. Nunca dejemos de percibir y asombrarnos por la grandeza de todos los que nos rodean.

No importa si nos vamos a morir o no si no lo que hacemos con nuestra vida hasta que eso ocurre. David Beriáin

 

Ver más artículos de

Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

Correo E:
aceptayrespira@gmail.com

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.