José Vaquero Sánchez: «Perder el Norte»

Comentaba, hace unos días, con otro compañero jubilado, los graves problemas de disciplina que diariamente se presentan en nuestros colegios e institutos. Le decía a mi amigo que estos no son exclusivos de las escuelas, sino que también abruman a otros sectores de la sociedad. Al fin y al cabo, la escuela es un reflejo de ella. Los insultos, faltas de respeto y agresiones están a la orden del día.

La violencia está presente en todos los estamentos. Demasiados jóvenes pierden el Norte, se extravían al seguir un rumbo errático ¿Cuál es la razón de que ello sea así? En mi opinión, a los niños, desde pequeños, no se les ponen límites, normas o patrones de conducta. Crecen creyendo que todo les pertenece y se convierten en tiranos de sus padres. Carecen de la orientación y, en su caso, corrección que deben tener por parte de sus progenitores. Existen separaciones en las que los padres, por ganarse a sus hijos, les dan todos los consentimientos y los usan como monedas de cambio. No hay nada más dañino para su educación. Puesto que aprenden que todo se puede conseguir sin poner nada de su parte, sin esfuerzo alguno. Y, no sólo la familia, también los sistemas educativos se han prestado a tal dislate. En lugar de fomentar la dedicación, el trabajo y el respeto a la autoridad del docente, han favorecido erróneamente la igualdad de resultados. Y las notas se convierten en un engaño cuando están sustentadas por un aprendizaje insuficiente. No hay mayor fracaso educativo que el que se propicia al promocionar a alumnos sin las aptitudes necesarias para ello. También en este apartado hemos perdido el Norte.

¿Y cómo recuperarlo? Pues está claro, cambiando la forma de educar a nuestros niños y jóvenes. Hay un aserto popular que dice “El que algo quiere, algo le cuesta”. Este principio es el que tenemos que aplicar a la educación. Y parece que ya han empezado a aplicarlo los dueños de grandes fortunas, hartos de convertir en pequeños dictadores a sus hijos. Algunos han comenzado a desheredarlos, por ejemplo, el multimillonario estadounidense Bill Gates, que destinará gran parte de su fortuna a su fundación. El fundador de Microsoft afirma: “Mis hijos necesitan valorar la importancia de su trabajo y lograr sus metas por sí mismos” ¡Cuánta razón tiene! No se les puede dar a los niños todo lo que pidan. Deben concienciarse en el valor educativo del celo, el tesón y la voluntad para conseguir sus objetivos. Porque, lo de menos es una nota, lo de más es conseguir, mediante la educación, la libertad y autonomía del educando.

 

JOSÉ VAQUERO SÁNCHEZ,

docente jubilado

 

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