Virtudes Montoro: «Seguir remando»

Las regatas de traineras tienen su origen en la actividad pesquera en el mar Cantábrico. Las “trainas”, embarcaciones de pesca con red precisaban de hombres fuertes y resistentes, capaces de mantener la boga durante horas hasta llegar a los caladeros y una vez recogida la pesca, volver a puerto a toda marcha para intentar ser los primeros en efectuar la subasta. En el año 1854 se celebró la primera regata y desde entonces es considerado uno de los deportes que más expectación suscitan en el norte contando con clubes sobre todo en el País Vasco, Cantabria y Galicia. Desde el año 2009 también se forman equipos femeninos.

El pasado 22 de julio del año 2019 durante una regata en Orio, Guipúzcoa, la remera Sandra Piñeiro rompió su remo en una maniobra, durante unos instantes dudó qué hacer, incluso pensó saltar de la embarcación para no ser un lastre al resto, no obstante, decidió seguir haciendo los movimientos sincronizados con todo el equipo y de esa forma no desequilibrar la embarcación para finalmente ganar la prueba.

Es el gran misterio de la vida humana que el viejo dolor pasa gradualmente a una tranquila y tierna alegría. F. Dostoyevsky

Estamos en una sociedad que ha endiosado al trabajo. Muchas veces somos incapaces de definirnos como personas sin hacer referencia a nuestra profesión como si nuestra única dimensión fuese nuestro empleo. Para las empresas somos un consumidor, para la administración un contribuyente, para los políticos un votante. Nos despojan de todas las cualidades que nos hacen humanos. De esta forma cuando, por cualquier circunstancia, nuestra capacidad de producir desaparece ya no les interesamos.

Por fortuna también somos un padre o una madre o un hijo, un hermano, un amigo y lo vamos a seguir siendo cuando las circunstancias no sean favorables, ninguna de esas cualidades desaparece. Si Sandra hubiera saltado al mar su equipo no habría ganado la regata, su papel era determinante en el equipo.

Las personas somos mucho más que un peón insignificante en una cadena de producción o un potencial comprador en un centro comercial, cada persona es única, irrepetible, irremplazable. Todos aquellos que nos quieren de verdad no lo hacen por un interés mercantilista o porque esperen algo a cambio, nos quieren por lo que somos y como somos. Si en algo se han caracterizado las sociedades humanas ha sido en el cuidado a los más desvalidos.

El pasado viernes la ambulancia se llevó a mi vecino a la UCI. Octogenario, pluripatológico, con grades dolores y sufrimientos, el pronóstico no es nada halagüeño. Lleva mucho años en un claro declive, podríamos pensar que para todos es una carga, requiere de muchos cuidados y esfuerzo, seguramente en más de una ocasión ha pensado saltar de la embarcación, pero lo cierto es que gracias a él su familia se ha unido mucho más, sus hijos arropan a su madre con un cariño indescriptible, sus nietos se turnan encantados para cuidarle. Hacerle agradables sus últimos días es el propósito de todos ellos. Los cuidados paliativos han hecho este tiempo más llevadero.

Aunque hace mucho que dejó de ser interesante para las empresas, su familia lo único que ha pedido es pasar con él sus últimas horas.

Vivamos esta vida con plenitud, preocupémonos sobre todo de hacer la vida agradable a nuestros seres queridos, amemos sobre todas las cosas y que el momento de nuestra despedida lo decida la naturaleza, no un funcionario con una hoja de cálculo

Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Platón

 

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

Correo E:
aceptayrespira@gmail.com

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