Rosa Sánchez, maestra jubilada de Las Vertientes, recopila en un libro de 638 página la historia, tradiciones y costumbres de su pueblo

Rosa Sánchez Romero nació en Las Vertientes, anejo de Cúllar, en 1946. Junto con su prima Mari Pepa se convirtieron en las primeras vertienteras en culminar estudios universitarios, una de enfermería y ella de maestra, estudios que terminó en la Escuela Normal de Murcia en 1971. Salvo los primeros cinco cursos que ejerció en el colegio público de Puerto Lumbreras, el resto, de 1976 hasta el 2000, lo hizo en la escuela unitaria de Venta del Peral (La Amarguilla), que posteriormente formaría parte de la agrupación rural ‘La Hinojora’.

En 2009 se jubilaba tras ejercer como maestra de PT (Pedagogía Terapéutica) apoyando al alumnado con dificultades de aprendizaje en el IES Alcrebite de Baza. Tras su jubilación decidió reunir y completar todo lo que tenía de su pueblo natal y completarlo con testimonios orales. Así surge su libro publicado por la Editorial SG de Granada titulado ‘Las Vertientes. Historia de un pueblo’ y su autora es la maestra jubilada, Rosa Sánchez Romero. Del amor y la pasión por su pueblo donde nació el 18 de septiembre de 1946, dan buena cuenta las 638 páginas en las que repasa la geografía, historia, monumentos, tradiciones y costumbres, rutas senderíusticas, peculiaridades lingüísticas,… todo ello completado con un pequeño álbum de fotos antiguas. Un libro grande, en la doble acepción, por el tamaño pero también por la gran cantidad de información extrapolable a todas las pequeñas poblaciones no solo de la comarca batestana sino también de Andalucía lo cual no quita una gran cantidad de singularidades de la zona lo que ha hecho que tenga una excelente acogida.

Rosa Sánchez, ante el CPR Ls Hinojora ::J. NAVARRO

Ha sido la necesidad de dejar constancia de sus raíces lo que le ha llevado a sacar adelante este ingente trabajo. Así lo explica su alumna y prologuista María del Mar Martínez, «es el fruto de muchos años de investigación y recopilación de documentos históricos de distintos archivos. De la búsqueda y análisis de distintos periódicos y libros de historia de la comarca, de testimonios, muchos de sellos, inéditos y de recogida de fotos antiguas no publicadas». Igualmente lo reconoce la autora que en declaraciones a IDEAL explica que «me ha gustado desde siempre investigar y recopilar con los alumnos, sacar el máximo partido del entorno, reunir refranes, adivinanzas, coplas, platos típicos. Mi padre que falleció con 94 años era muy conocedor de las profesiones antiguas y de los apodos del pueblo», aclara antes de añadir que, a pesar de todo, «nunca pensé publicar el libro». Fue al ver el interés de sus vecinos por conocer lo que tenía recopilado cuando comenzó a plantearse la idea de su publicación. Libro que da comienzo con la situación geográfica de Las Vertientes, «el último pueblo de Granada, a dos kilómetros de Almería, que está el puerto de Contador, en la comarca de Baza. Ahora pueden residir unas cien personas, aunque censados hay más y esta población que se duplica en el verano. La población es mayor y aunque, según algún testimonio, llegó a tener hasta 900 habitantes el colegio de Vertientes se cerró 2015. Está muy bien situado en el camino real, luego carretera Jerez-Cartagena y ahora la bordea la A-92. En su término las aguas cambian de vertiente, de ahí el topónimo, pues una van a la cuenca del Genil y otras a la cuenca de Segura, o sea unas al Atlántico y otras al Mediterráneo», resume.

Iglesia parroquial de Las Vertientes ::J. NAVARRO

Curiosidades

Portada del libro publicado por la Editorial S.G.

Luego comienza a contarnos curiosidades como los apellidos más habituales (Sánchez, Martínez, Torres, García,… ) y el hecho de que sus vecinos son más conocidos por los apodos. Ella es Rosa ‘la de Manolillo’, propietario del bar familliar ‘El Casino’ y nieta de los Sordos del que encontró una libreta donde tenía anotado los apodos por orden alfabético y con lo que le dejaban a deber. También recogen los servicios públicos, las comunicaciones, la evolución y cambios que tuvo el colegio donde estudio sus primeras letras. «Con cuatro o cinco años ya iba al colegio provista de pizarra y su pizarrín, en una época en la que todavía no había ni edificio escolar y se reunían en una vivienda donde estaban separados los niños de las niñas. Para calentarse llevábamos de casa una lata con ascuas. Recuerdo el cariño y respeto que le teníamos a los maestros y cómo con la base de la Escuela Unitaria hice el ingreso en primero y segundo de Bachillerato». También cuenta de la iglesia posiblemente construida sobre el solar de la ermita en 1915 que al principio tenía bancos de propiedad privada, pues al constar con dinero cada familia encargó a los carpinteros locales su propio banco «hasta que en los años 60 se pudieron comprar y cada uno se llevó el suyo. El de mi abuela lo tengo yo en mi casa» y de cómo durante la guerra civil las campanas fueron a parar, según testimonio de su padre, la más a Puerto Lumbreras y la pequeña «con un sonido extraordinario que me han dicho pudiera estar en Pozo Alcón».

A ello añade simpática anécdotas como la costumbre de los hombres de tomar vino tras la dura jornada laboral que en Vertientes se denomina «hacer los ejercicios» y a cuya costumbre ella y sus amigas también fueron pioneras en incorporarse. También reúne muchos gran cantidad de datos históricos localizados en publicaciones como la de Adrián Castillo, y los estudios dialectológicos que Gregorio Salvador dedicó a tres vertienteras octogenarias. «Muchas cosas las he vivido yo, pero otras he tenido que recurrir a personas mayores para que me las cuenten y ahora estoy muy contenta porque de esta manera el nombre de Vertientes llegará a muchos lugares y así he ido corrigiendo y completando romances, coplas, canciones de la mili y las foto donde se ve la evolución en la forma de vestir, peinados, etc», indica al tiempo que pide «a las autoridades competentes tanto locales, provinciales y regionales que se tomen un poquito de interés por el medio rural y hagan lo que esté en su mano pues estamos abandonados aquí en el Altiplano».

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