José Vaquero Sánchez: «La labor educativa de la familia»

La sociedad ha sufrido una evolución en los últimos tiempos que ha repercutido de forma directa en la educación. El aumento del número de divorcios, la incorporación de la mujer al trabajo, el cambio de las condiciones sociolaborales y económicas y la aparición de nuevos y variados modelos de familia distintos al nuclear, han influido en su labor educativa. La familia es nuestra primera escuela y los padres nuestros primeros maestros. Y hay demasiadas familias que fracasan en esta empresa. No nos faltan ejemplos: las desestructuradas, en cuyo seno los cónyuges se insultan, se pelean o son consumidores de alcohol y estupefacientes.

Las parejas separadas o divorciadas, en las que se utiliza a los hijos como moneda de cambio para conseguir su favor. Las sobreprotectoras, en las que los niños se convierten en tiranos de sus padres, porque antes les han dado todos los caprichos que han querido. Y vienen a completar esta tarea de deseducación los medios audiovisuales y tecnológicos que, mal controlados por los padres, coadyuvan con fuerza a ello.

Hemos de asumir que la responsabilidad de la educación de los hijos es, única y exclusivamente, competencia de los padres. Las demás instituciones, principalmente la escuela, son colaboradoras necesarias en esta tarea. Cuanto más fluida y honesta sea la comunicación entre ellas, mejor será la educación que reciben nuestros niños y jóvenes, pero la participación de la familia es fundamental. Lo que no podemos hacer, de ninguna forma, es desentendernos de su educación pensando que ya lo hacen otros organismos.

Los primeros aprendizajes, que son los que marcan nuestra vida, se hacen en la familia. Podemos afirmar que somos lo que somos por haber nacido en la familia en la que lo hemos hecho. Y su nivel económico no es determinante. Tengo amigos y compañeros procedentes de familias humildes que hoy son magníficos profesionales y excelentes personas. Han tenido la suerte de nacer en una familia que se ha preocupado de ellos. A pesar de que muchas veces discutimos con los seres queridos, contar con una familia acogedora, que sepa educarnos, es un privilegio y una ventura.

La familia es el cimiento, la base sobre la que construimos el edificio de nuestra vida. En ella aprendemos a honrar a los padres, a relacionarnos con los demás de una forma respetuosa, también a aceptar las diferencias del otro, que no separan, sino que nos enriquecen y acercan, a trabajar en equipo, compartiendo las tareas del hogar, a acatar y obedecer las reglas de convivencia que, sabiamente, nos ponen nuestros progenitores y, en definitiva, a ser unas personas autónomas y libres. En la escuela adquirimos conocimientos y reforzamos estos aprendizajes en colaboración con la familia, pero si ésta no cumple con su misión educativa, toda la sociedad lo pagará. Lo estamos viendo con nuestros propios ojos. Muchos de los males que nos acucian son consecuencia de ello.

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 JOSÉ VAQUERO SÁNCHEZ,

docente jubilado

 

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