Leandro García Casanova: Lecturas y desventuras veraniegas

Dedicado a Juan Antonio Checa,

que entonces era el encargado de las

actividades culturales en la Biblioteca Provincial

La penúltima mañana de agosto ya llevaba en el cuerpo varias discusiones, pero yo me decía –para mi consuelo y fuero internos–: ¡Señor, que la cosa se quede aquí! Porque, vamos, en esta vida los disgustos vienen a veces como las ristras de chorizos. Total, que me acerqué a la Biblioteca Provincial de Granada donde llamaba mi atención el enorme tablón de anuncios que hay a la entrada, con docenas de vistosas papeletas, de diferentes colores y tamaños, que tratan de captar con su mensaje a algún despistado como yo. En un folio se pide a los lectores que escriban el libro que más les ha gustado y, claro, en este bazar se encuentra uno de todo.

Si vas buscando algo en los libros, y la mayoría te aburren y no te dicen nada, prueba con C. Bukowski La senda del perdedor, o cualquier otro, apunta este lector. Influido por la rebeldía de la generación beat, Bukowski creo que le daba también al pitraque. Una chica aconseja estos títulos: Verónica decide morir de Paulo Cohelo (sic), donde habla sobre la locura. Y Campos de fresas, sobre las fiestas y las pastillas. Otra papeleta nos sugiere La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Pero algún gracioso ha añadido que es una novela fascista. Pues, entonces, ¡que viva el fascismo!, pienso yo. El tremendista Cela se pasó dos años con su primera novela bajo el brazo, hasta que se la publicaron. Pero ya se le veía venir: Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera. En este mensaje dice lo siguiente: El mono imitamonos, edición varco de bapor (sic). Si te ofende no lo quites por favor. Incluso al mejor escribano se le escapa de vez en cuando un borrón. En el tablón de anuncios predominan los autores consagrados: El proceso y La metamorfosis, de Kafka; El Principito, de Saint-Exupéry; Un mundo feliz, de Aldous Huxley; los dramas rurales de Lorca; La Roca de Tanios, de Amin Maalouf y El hereje, de Miguel Delibes. De Borges, cualquier párrafo o poema, escribe un lector. Otro, en cambio, se queja de que Noches blancas no está en la Biblioteca. A Dostoievski todavía lo recuerdo en la lejanía de los años: su soledad era tan inmensa como la estepa rusa, y la tristeza que se reflejaba en sus ojos era infinita. Leí la carta pausadamente y la releí numerosas veces con los ojos húmedos de lágrimas…, escribió en aquellas noches blancas de San Petersburgo. Otro lector comenta: La vida invisible, de Juan Manuel de Prada, todo un gozo para los sentidos. A mí me encanta la ágil prosa de De Prada, con esos adjetivos tan certeros. La historia interminable, de Michael Ende, es imprescindible para cualquier persona, anota este amante de las aventuras.

Ojo a esta frase: Dios murió hace muchos años y su lugar lo ocupó Isaac Asimov. Prueba cualquiera de sus libros. No en vano, Asimov es considerado por la crítica como el mejor escritor de ciencia ficción. Este otro nos aconseja El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, y añade: Hacia la mitad se hacen un poco duras las reflexiones filosóficas, pero ¡ánimo! El mismo Baroja lo consideró como su libro más acabado y completo, donde pone en evidencia el estado lamentable en que se hallaban la Universidad y la Ciencia españolas, a comienzos del siglo XX. Aquel otro señala El marxismo como moral y ética, del profesor Aranguren. ¿Quién no se acuerda de este catedrático que, junto al profesor Enrique Tierno, se manifestaron contra la Dictadura de Franco y fueron represaliados? Hay quien nos recomienda Lee Tus zonas herróneas, te partirá la vida. Y no podía faltar El código Da Vinci: Gran libro. Muy interesante, rompe con muchas reglas católicas. Pues, nada, le recomendaré este refrito a mi vecina de arriba. Entrevista con el vampiro, de Anne Ricce, puede que merezca la pena; pero esta frase parece sacada de la última cena: Bebe de mí y vivirás eternamente. Y para la gente que piense que el amor no tiene fronteras, un lector romántico nos propone Donde esté mi corazón. También encontré escrito El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Y Canciones de un padre a su hijo, al menos es un bello título. Si ningún libro te llama la atención, prueba con éste: La insinuación de Saerd, de Frank L. Magol. Esta frase la he copiado tal cual, con sus acentos y comillas. Los renglones torcidos de Dios, de Luca de Tena. El autor incluso se recluyó voluntariamente en un hospital psiquiátrico para informarse y lamentarse sobre el tema. ¡Muy bueno!, nos dice. Otro aficionado prefiere a Pérez-Reverte, el cartagenero moreno que va por la vida dando y repartiendo estopa: Cachito es un poco dramón, pero está guays. Y para los ‘peques’, ‘Cartas a Lesly’: la dura vida de un niño de 12 años…, como la vida misma.

Y como la vida misma, al salir comprobé que mi bicicleta ya no estaba aparcada en el callejón, donde la había dejado unos momentos antes. Era una antigua BH, con las zapatillas tan desgastadas que tenía que ir frenando con la suela del zapato. El sillín giraba cuando menos te lo esperabas, la rueda delantera estaba torcida de los golpes que había recibido, mientras que la cadena se le salía invariablemente cada tres minutos. En las travesías tenía que ir pegando silbidos a la gente, para que se apartara, y lo único en condiciones que tenía mi vieja BH era el manillar de níquel. El Indurain ese no llegará muy lejos. ¡Verás tú la hostia que se va a pegar!, dije para mis adentros, mientras se me escapaba una sonrisa.

Posdata: Este artículo salió publicado en Ideal, el 7 de septiembre de 2004. Al día siguiente, me llamó un amigo: Me gustó mucho tu artículo y siento que te robaran la bicicleta. Tuve que aclararle que me lo inventé para rematar el artículo. La Biblioteca Provincial es conocida como la Biblioteca Pública y es del Estado.

 

 

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