Ramón Burgos: «Obsolescencia»

Fechas atrás, Carmen Barreiro (IDEAL) escribía sobre las directrices europeas a la Ley de Defensa de Consumidores y Usuarios en evitación de acortar la vida útil de los aparatos por diferentes cauces. Tema sobre el que giran –y han girado desde hace ya tiempo– mil y una quejas de los sufridos compradores de, por ejemplo, electrodomésticos.

 

Y es que la denominada «vida útil programada» de los bienes que adquirimos está bajo sospecha y no sólo porque lo barato al final resulte más caro (lo que, ciertamente, suele suceder en demasiadas ocasiones).

Pero, hoy, y entenderéis enseguida el por qué, os invito a reflexionar sobre otros aspectos de lo arcaico –anticuado, desfasado, caduco…–: me refiero, especialmente, a las tiranías obsoletas que mantienen formas y modos basados en su pervivencia aunque atenten contra la realidad social y, en definitiva, contra los intereses ciudadanos más elementales.

A modo de ello, planteo algo que se está volviendo viral: la utilización sucesiva de culpar de nuestros errores a cualquiera que opine de forma distinta, sin que aportemos solución alguna a la cuestión real que nos ocupa –y ahora son muchas y por múltiples causas–.

Si dicen que «rectificar es de sabios», quizá haya llegado el momento de plantearse –como sucedió con otras especies animales– la extinción de estos seres o, al menos, sobre su condena al ostracismo… Y esta vez no lo podremos achacar a ningún meteorito o a alguna otra causa natural… La causa –las causas– está en la pérdida de nuestro sentido más fundamental: el respeto humano.

Dejad que lo clame a los cuatro vientos: ¡la democracia va siempre unida a la libertad y no a la sumisión de ‘estómagos agradecidos’!… Lo contrario no es otra cosa que despotismo sin tan siquiera ‘ilustrar’.

Vuelvo a repetir: desde nuestras poltronas –sean las que fueren– hay, ante todo, que escuchar todas las voces, por muy desesperadas que nos parezcan, y, por tanto, adecuar nuestras decisiones al bien común.

 

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Ramón Burgos
Periodista

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