Antonio Luis Gallardo Medina: « ¡Hay que decirlo ya! »

A Rita Barberá la mataron a disgustos. La sempiterna alcaldesa de Valencia falleció, más sola que la una, en una habitación del hotel Villa Real de la Plaza de las Cortes. Todo quisqui le había dado la espalda, era una apestada, un cadáver en vida, los que antes practicaban sonrojaste genuflexiones a su paso ahora no la conocían de nada.
Lo que le sucede a una derecha tontita encantada de engordar a los medios enemigos y hundir a los cercanos. A Rita Barberá la llamaron de todo y por su orden y le colgaron un sambenito, el de “corrupta”, que la conduciría a la tumba. Cómo sería de bestia la campaña que la formación a la que dedicó toda su vida la echó en un inigualable ejercicio de cobardía política.

Lo que nadie ha destacado es que murió pobre como las ratas sin una sola propiedad inmobiliaria a su nombre. Siempre vivió o alquilada o en el piso que le legó su madre. Igualica que prácticamente todos los que la pusieron a caer de un burro sin que nadie, salvo el siempre decente Rafa Hernando y dos o tres más, diera la cara por ella. Y total por un presunto delito de blanqueo de 1.000 euros que Rita no ordenó ni organizó, tal y como está acreditado fácticamente. Ella se dedicaba a vender Valencia por toda España y por todo el mundo y a recorrer los 87 barrios de su ciudad para saber qué preocupaba a esos jefes que son siempre para una alcaldesa los vecinos.

Tan cierto es que Rita Barberá blanqueó sus correspondientes 1.000 euros como que esos mil pavos son 680.000 veces menos que los 680 millones de euros que dos ex presidentes andaluces, Chaves y Griñán, y un sinfín de consejeros malversaron con los ERE. El delito de malversación consiste en utilizar el dinero público para un fin distinto al que está previsto legalmente, vamos, que es lo que toda la vida de Dios se ha conocido como robar. En los ERE se empleó dinero no sólo para que políticos y amiguetes se forrasen el lomo a base de bien sino también para meterse coca e irse de putas. Sin olvidarnos de las putas y cocaína.

Una de las que más pegó a Rita Barberá fue precisamente Mónica Oltra. La a estas horas todavía vicepresidenta del Govern fue taxativa cuando la Justicia señaló a Rita Barberá: “Me parece lógico que una señora con una doble imputación por corrupción tenga que dimitir”. Tres cuartos de lo mismo hizo con Francisco Camps, al que le han archivado nueve de las 10 causas que le han abierto.

Oltra hizo bueno el mítico refrán español del “consejos vendo que para mí no tengo”. Ahora la cazadora ha sido cazada. La Justicia atribuye indiciariamente a Mónica Oltra la comisión de tres gravísimos delitos: “Omisión del deber de perseguir delitos, abandono de menores y prevaricación”.

El primer cáncer de España se llama MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Es INCREÍBLE que, llevando el caso Mónica Oltra meses y meses destapado, gente izquierdista de mi entorno, se acaben de enterar única y exclusivamente por dos cosas. Una, porque sus hijos son de Vox y escuchan a Jiménez Losantos y dos, porque Vicente Vallés en A3 lo explicó el miércoles pasado en el Telediario. Llevaban MESES sin saber nada de esto porque se informan en la SER, Julia Otero, El País, El Hugfpost y La Sexta. De alucine.

Esta mujer, la Oltra hace tiempo debiera haber dimitido. Amparar a su ex marido la violación y abusos sexuales de una menor tutelada es delito más que suficiente para ello, pero claro la doble vara de medir de la izquierda siempre.

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ANTONIO LUIS GALLARDO MEDINA

 

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