Gregorio Martín García: «Un recuerdo y un llanto por nuestro antiguo templo, y 4»

Muchos defectos tenía nuestro querido y malogrado templo primigenio. Era cierto, que su abandono denotaba cierta ruina, humedades y desconchones que nobleza le restaban. Pero estaba de sobrado de encanto, era divino su ambiente y su monacal silencio, en un banco te invitaba a rezar al crucificado en su rincón de siempre; aliviaba los pecados y tranquilizaba el espíritu, con la meditación y recogimiento en aquel lugar santo y románico de nuestro antiguo y acogedor oráculo. ¡Nuestro Templo! Ahora derribado.

 

Invitaba al silencio, ofrecía recogimiento y en verdad que allá dentro se notaban las plegarias de nuestros antepasados que, en el devenir de los tiempos, en ella habían rezado, al mismo Cristo Crucificado que llenaba con su presencia magnánima todo el ámbito del templo. Cuando ahora visites la iglesia de nuestro pueblo. Párate en el centro, levanta tu mirada. Y con fe inmaculada mira al Cristo frente a ti, que antes te he mencionado. Recibirás un rayo de invisible Luz que tranquilizará tu alma. Tú solo di: ¡Señor mío y Dios mío!… Hazlo por mí.

Niños de 1ª comunión con el cura D Miguel Gonzales Alv. del Manzano. Hecha en las escaleras del altar mayor iglesia antigua. Al fondo se ve algo el frontal del altar mayor. Otra 1ª comunión frente al altar de la antigua iglesia

Eran las ocho horas vespertinas, nuestra conocida y siempre oída campana de la villa, acababa de dar el toque de ánimas. El badajo la golpeó de forma cadencial y sonaron una retahíla de toques sonoros, de aquella nuestra campana que pareciera llorar y rezar por nuestros difuntos.

Aquel conocido toque todas las tardes, al haberse puesto el sol y muriendo ya el ocaso, sonaba puntual antes de que la penumbra diera paso a la noche.

Nuestra Virgen de los Dolores

Terminé mi oración en paz y recogimiento. Levanté del banco que, con “quejido” de su vieja madera, ¡crujió!… y rompió aquel silencio que sobrecogedor, secuestraba la mente y confiscó el alma.

Sobre mis pasos volví por el pasillo central y antes de que la pequeña hoja de la puerta principal se cerrara tras de mí, volví y en última mirada dije adiós a aquella estancia que, con mis ojos, despacio, recorrí y de la que tanto, en mi corta visita, me había dado.

Ahora, cuando visito el templo, el nuevo y remozado, siempre me pregunto: ¿Se equivocó el pueblo, se equivocó el párroco promotor? con el derrumbe de aquella y la construcción de esta nueva iglesia? He ahí el dilema, he ahí el conflicto que, sin ser preocupante, siempre se planteó en el pueblo.

Los hay partidarios del antiguo y hay los del moderno y siempre se discute el mal estado de aquel; falta de luz y visión, los desconchones y ruina que el mismo presentaba, dando como solución la reparación de éste, pero nunca demolición.

Por contra, los defensores del derrumbe y nueva construcción del nuevo templo defienden tal acción exponiendo como razón, la funcionalidad de este, su luz, su alegría y espléndida visión sin molestias internas de su estructura, que molesten la atención de toda ceremonia que se celebre en el mismo, amén de últimas reparaciones y ornamentación efectuada que lo presenta como lugar de oración moderna y atractiva.

Yo no tengo suficiente criterio de decisión, ya que mientras del antiguo me gustaba que fuera construido con arte y semejanza al románico de entonces. que presentaba una estructura más monacal y eclesial, con un ambiente especial reinante siempre en el interior que invitaba a la oración y recogimiento.

El que ahora disfrutamos, siendo nuevo, con más luz y alegría, carece de esa secreta invitación al recogimiento y oración, si bien es funcional, más moderno y particular, ya que en sus comienzos guardaba cierta similitud con una nave o almacén, sin más. Ahora van corrigiendo dicho defecto y con acertado mobiliario, adornos y buen criterio, van logrando que a un templo se parezca.

Fachada del templo nuevo

Ya lo aceptamos como el nuestro.

Aprendimos a estar en él, a acudir a sus actos religiosos y verlo todos los días con su esbelta fachada cuando paseábamos por el centro cerca de la plaza de España.

Efectuada su inauguración. Ya terminadas sus complicadas obras, dirigidas en su gestión y dirección, por nuestro querido y recordado sacerdote DON LUIS SÁNCHEZ ONTIVEROS.

Desde los primeros agujeros de sus cimientos, trabajó incansablemente para recaudar lo necesario. Y derrumbado el que fue, comenzaron a construir el que es. Y así consiguió con férreo y constante esmero terminar la edificación tras haber derribado el viejo.

Ardua labor de nuestro párroco Don Luis.

Comenzaron en él nuestras vivencias, los actos eclesiales y todos las ceremonias y administraciones Sacramentales propias del santo lugar qué recibimos y acogimos con nuestra presencia y asistencia a nuestros actos cristianos. Misas dominicales, bautizos, bodas y otras muchas convivencias. También se dieron en ella simpáticas y curiosas anécdotas.

Recordemos aquella ocurrida en ocasión de una reunión que el párroco D, Luis Sánchez Ontiveros en ella convocó. Pero antes rememoramos, qué fue el postrero y último acto que se celebró en aquel viejo templo que hoy con cariño recordamos.

Fue último y postrero un casamiento allí celebrado y oficiante nuestro párroco, Don Luis Sánchez Ontiveros que en nupcias unió en matrimonio a la pareja: D. Manuel Romero García con su esposa María de los Ángeles García Bolívar, siendo el día 24 de octubre del año 1.962.

Y volviendo a la convocada reunión que para tratar asuntos económicos de la recién terminada iglesia el mencionado cura llamó a los señores agricultores de la feligresía para adoptar posturas y cerrar las cuentas de la gran obra realizada.

He aquí que, D. Luis el cura, había recibido como regalo de su hermano D, Manuel, también sacerdote y de pastoral misionera en América, un gran magnetofón de aquellos del volumen de entonces que con dos grandes carretes de cinta graban todo lo que a su alcance se hablaba.

Puso dicho artilugio sobre un mueble cercano, lo activó y dejó funcionando todo el tiempo que duró la reunión de la que hablamos. El aparato pasó absolutamente desapercibido para los señores asambleístas que aquella tarde noche trataron de las finanzas de las obras y de otros muchos asuntos de nuestra feligresía.

Levantada la sesión y cuando se disponían a salir, a nuestro párroco D. Luis, se le ocurrió rebobinar y poner a toda voz la reproducción del magnetofón, comenzando a “escupir” todo lo que allí, momentos antes, se había hablado. Oyéndose alto y claro y con absoluta nitidez al vecino Pepe, apodado “El Bolero” quien al oírse hablar y decir todo lo que antes había comentado. Su cara transformó, sus nervios explotaron y lleno de espanto y pavor salió de la sacristía y de carrera alocada hizo los treinta metros lisos que miden nuestra iglesia, convirtiendo en maratón la carrera que siguió hasta su casa, donde se metió en el último rincón, jadeante y atemorizado de haberse sentido hablar lo que había hablado. ¿Cuál fue aquel espíritu que había rememorado todo lo que antes dijo nuestro amigo Pepe El Bolero de lo que se sentía avergonzado?

Pero no crean que solo él fue el alarmado, hubo más, en mayor o menor grado, diría que todos los allí presentes quedaron anonadados, espantados e increyentes de lo que allí había pasado.

Pocos se reían de las posturas y respuesta de los extrañados vecinos de que aquel aparato dijera todo lo que habían dicho, y es que era algo absolutamente desconocido que a nadie de los allí presentes se le hubiera ocurrido que dicho artilugio pudiera reproducir fielmente todo lo que habían comentado.

¡¡Haec est domus Dei. Adoramus eum!!

¡¡ESTA ES LA CASA DE DIOS!! ¡¡ADORÉMOSLE!!

Final. – 4/4

Ver los capítulos anteriores:

«Un recuerdo y un llanto por nuestro antiguo templo, 1»
«Un recuerdo y un llanto por nuestro antiguo templo, 2»
«Un recuerdo y un llanto por nuestro antiguo templo, 3»

Ver más artículos de

Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

Autor del libro ‘El amanecer con humo’

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2 comentarios en «Gregorio Martín García: «Un recuerdo y un llanto por nuestro antiguo templo, y 4»»

  • el 4 julio, 2022 a las 2:48 pm
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    Gregorio en tú cuarta entrega sigues dando lo mucho y bueno en tu persona encierra, resalto tú entusiasmo por tu realismo en describir la figura del cura que por su empeño dedicación y trabajo llevó a cabo acertado o erroneo tirar la vieja iglesia y levantar la actual este cura era D. Luis Sánchez Ontiveros pidiendo ayudas económicas y lellendolas en la misa dominical para que todos supieran quién aportaba su apoyo traducida en dinero como en peonadas gran trabajo Gregorio

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    • el 4 julio, 2022 a las 7:07 pm
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      Paco, muchas gracias…hombre. Intento narrar mis recuerdos si a ti te gustan ya somos dos, muchos más no habrá.
      Si la gestión llevada a cabo por el párroco D LUIS SANCHEZ ONTIVEROS. fue meritoria. Muchos años trabajando y gestionando aquella inmensa obra para aquel pequeño pueblo. Y lo conseguimos con la acertada gestión deD Luis, al que desde aquí quiero dar las gracias.
      Paco un saludo.

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