Juan Franco Crespo: « Tradición checa en el diseño de los sellos de correos»

Posiblemente el correo checo sea uno de los servicios postales con más tradición en el formato e impresión de sus sellos, un hecho que muy pocos países, hasta finales del XX, se disputaban el podio de la popularidad por la calidad de sus signos postales, algo que también se “esfumó” cuando se dedicaron a los cromos y el golpe fatal sería [ya] con el transporte y la entrega de la correspondencia sin ninguna evidencia de su paso por el servicio postal y con ello la constancia de haber prestado un servicio que otrora era ejemplar y se nos fue por las alcantarillas con la connivencia de Bruselas por un lado, y en el caso español, por Madrid en el otro lado de la balanza, sólo nos faltó la pandemia para darle la estocada final.

Sólo nos faltaba eliminar los buzones de nuestro paisaje urbano –en mi caso hasta el de pared de la misma oficina ha sido eliminado aprovechando la remodelación de la misma- echar una carta o comprar sellos es ya toda una proeza en la España del XXI, aún más difícil, que la misma llegue a destino; sin embargo no todos los servicios se quedaron con los brazos cruzados, los correos checos a pesar de la pandemia y las restricciones, continuaron funcionando a la perfección y, en muchos casos, su correspondencia sigue gozando de los sellos o estampaciones de máquinas de franquear, lo que indica que es posible seguir trabajando sin tener que desmontar un servicio postal universal.

El sello de hoy recoge una máquina impresora que es toda una reliquia en el mundo de la impresión; uno de esos inventos para toda la vida pues el ejemplar salió de fábrica en el taller de Bradford (Reino Unido) en el ya lejano 1892, o sea, más de un siglo imprimiendo con lo que podríamos colegir que lo bueno no hay porqué cambiarlo o lo que es igual: muchos cambios se hacen no porque sean necesarios, sino por los intereses espurios de unos individuos que miran por la “mordida” en lugar del bien común, o sea, corrupción hasta los tuétanos.

La máquina fue manufacturada por Waite & Saville en los Talleres Falcon [Fred Waite y Jason Saville iniciaron su empresa en Bradford en 1892], en un principio el objetivo era mejorar la impresión de la prensa de la época pero, ante su calidad y coste, su máquina acabó integrándose en el mundo de los sellos checos y eslovacos, casi durante un siglo de producción e historia independiente [aunque Eslovaquia alcanzara ese estatus hace apenas tres décadas tras el desmoronamiento del sistema comunista] lo que nos indica que no sólo la calidad de los materiales, sino la garantía del fabricante, fueron realmente efectivas. Vaya, como ahora donde, dependiendo de lo que compras, a veces llegas a casa y ya no funciona: la sociedad de lo efímero nos está demostrando que no es precisamente la mejor idea que ha tenido el ser humano aunque, para los buitres carroñeros y especuladores, resulte un negocio rentable, para la colectividades el clásico “pan para hoy y hambre para mañana”. Nos tocará ver cosas.

El sello es acifrado [Tarifa B, carta ordinaria hasta 50 gramos, vendido a 19 coronas checas] se imprimió en carnet de 8+2 viñetas sin valor postal. La portada del mismo nos muestra una imagen de la máquina –parcialmente el lateral- y en el reverso va escrita una historia sobre la pieza “de museo” que es toda una historia de efectividad en el correo checo, evidentemente, esta historia está en checo aunque los temáticos hoy en día lo tendrán fácil de traducir. Se realizaron 10.000 ejemplares o carnets que nos darían una tirada de 80.000 sellos en esa versión, a los que tendríamos que añadir 150.000 más en hojitas de diez efectos [éstas no llevan el cupón-viñeta] que iniciaron su andadura postal el 20 de enero de 2022.

El diseño fue obra de Milan Bauer, mientras que el grabado de sello, cupón y sobre de primer día fue realizado por Milos Ondracek. En el sobre vemos como el operario –su mano- coloca, manualmente, las hojas para su impresión y en el matasellos, usado en Praga, se observa el bote de tinta y la espátula para extenderla sobre el rodillo correspondiente para proceder a la impresión. Podríamos colegir que un trabajo de artesanía y que quien trabajó alguna vez con este tipo de artilugios conoce sobradamente una de sus más habituales y clásicas consecuencias por la cantidad de manchas que acababa llevándose a casa.

 

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Juan Franco Crespo

Maestro de Primaria, licenciado en Geografía

y estudios de doctorado en Historia de América.

Colaborador regular, desde los años 70, con publicaciones especializadas

del mundo de las comunicaciones y diferentes emisoras de radio internacionales.

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