Tomás Moreno: «Reflexiones para el Tercer Milenio, IX: ¿Sobrevivirá la poesía en el futuro cibernético?, 2»

II. CIBERPOESÍA Y CREATIVIDAD

La conversión del hombre en la terminal de un ordenador, que sólo tiene que ver con teclas, con impulsos mecánicos, ataca el centro mismo de la creatividad, de la posibilidad. La imagen que expresase esta situación sería la de unos dedos, escurridizos, uniformes, fríos; sin los dulces vericuetos dactilares, por donde la piel nos dice que somos quienes somos” (El ánfora y el ordenador, Emilio Lledó)

Nos atrevemos a pensar y decir —con permiso de “cientifistas” en general y de “expertos en A.I.”, en particular— que sin el aliento y la auténtica inspiración del “alma humana” no cabe ningún tipo de “creatividad” poético-literaria. Esos aludidos mecanismos o artilugios seudopoéticos ni siquiera han sido, hasta la fecha, capaces de crear los más sencillos y leves poemas verdaderamente inspirados, como podrían ser alguno de esos emocionantes haikús que los más ignotos poetas japoneses fueron capaces de regalarnos, por no aludir a aquellos otros que el gran Matsuo Basho, desde su inteligencia y sensibilidad humanas, hizo volar a alturas literarias maravillosas, en libros tan admirables como Sendas de Oku (“¿La nieve que cae / es otra / este año?”).

Luis Pancorbo, ilustre periodista y ensayista español, en un ya viejo pero delicioso artículo, se lamentaba de que ya se hubiese incluso inventado un denominado Libro electrónico de los haikú que enseñaba a hacerlos por miles de millones. “Su aparente sencillez, su paradójico descoyuntamiento semántico”, decía el escritor español, “su engañosa brevedad, han propiciado que el ordenador se ensañe con el género” y señalaba que había que protestar por ello. En su opinión, jamás se deberían banalizar o trivializar los haikú de Basho “jugando con las palabras” con máquinas como la susodicha. Todo ello significaba un auténtico anatema para nuestro escritor: “Imitar un haikú es ciertamente fácil. A ver si se atreven con Don Quijote. Y ahí está la verdadera engañifa. El ordenador toma lo breve por lo fácil, ama la literatura a pildorazas, y somete la poesía como cuestión de azarosos aparcamientos de vocablos” (Luis Pancorbo, Páginas de vidrio, El País, martes 29 de enero de 1985).

Conferencia pronunciada por García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid

Las máquinas inteligentes carecen de ese “espíritu” o “duende” lorquiano, que inspiran la verdadera creatividad. A veces se oye que una calculadora “programada” adecuadamente podría “(re)producir todas las obras de Shakespeare, todas las sinfonías de Bach e incluso toda la matemática conocida”. No es cierto: el proceso mental de creación de un poema, de una sinfonía o de un teorema matemático difiere esencialmente del llevado a cabo por cualquier máquina de pensar o “ídolo de silicio”, señala Fausto G. Grávalos, en su ensayo El pensamiento y la máquina (Revista de Occidente, nº 63, junio 1968, p. 271.). El testimonio de un hombre de enorme sensibilidad estética, de un poeta genial como Federico García Lorca, es la mejor descripción empírica posible de lo que es, en verdad, ese proceso mental de creación. Recordemos su finísima descripción del mismo, a propósito de la poesía de Góngora: “(…) Góngora no crea sus imágenes sobre la misma naturaleza, sino que lleva el objeto, cosa o acto a la cámara oscura de su cerebro, y de allí salen transformados para dar el gran salto sobre el otro mundo con que se funden (…) Armoniza y hace plásticos de una manera a veces hasta violenta los mundos más distintos. En sus manos no hay desorden ni desproporción. En sus manos pone como juguetes mares y reinos geográficos y vientos huracanados. Une las sensaciones astronómicas con detalles nimios de lo infinitamente pequeño, con una idea de las masas y de las materias desconocida hasta que él las compuso” (“La imagen poética de Don Luis de Góngora”, conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en Federico García Lorca, Prosas, Alianza Editorial, Madrid, 1969, pp. 93-127).

¿Es que la máquina inteligente procede así en su proceso mental combinatorio o computacional? ¿Es que posee inconsciente o experiencia personal?, podríamos preguntarnos. Ese proceso mental de creación no está, evidentemente, al alcance de la lógica binaria de la computadora: nuevas entidades matemáticas adquieren existencia de la misma manera que nuevas palabras aparecen en el lenguaje, o nuevas reglas sintácticas ven la luz en la Poesía, por el descubrimiento de nuevas relaciones y, esto, la mayoría de las veces, se produce a través de cerebraciones subconscientes.

Precisamente por ello, el gran epistemólogo y matemático francés H. Poincaré concluía en su célebre Science et Méthode, a propósito de la creatividad matemática, algo similar a lo que el poeta granadino nos señala en el texto que acabamos de citar de su conferencia en relación con la creatividad poética: la semejanza con la que operan el poeta y el matemático, el científico y el artista en sus procedimientos mentales heurísticos y creativos se debía a que en ambos casos se trataba de “una creación del espíritu humano”. (Cf. Fausto G. Grávalos, El pensamiento y la máquina, op. cit.).

H. Poincaré autor del célebre Science et Méthode

¿Serían capaces, nos preguntamos, un programa de A. I., un computer —autómata, robot— o un ordenador, perfectamente adiestrados al efecto, de entender un verso tan inolvidable como éste, que a continuación evocamos, del también inolvidable Poema del Mio Cid: “Apriessa cantan los gallos / e quieren quebrar albores?” (Cantar Primero, 14. El Cid va a Cardeña a despedirse de su familia) ¿Podría una máquina inteligente identificar su sentido y su referencia? O, si no, propongámosles que nos interpreten cualesquiera poema de cualquier verdadero poeta que se nos ocurra (desde un César Vallejo o Góngora a un Rainer María Rilke o Baudelaire) y comprobaremos su auténtica capacidad de comprensión o su verdadera sensibilidad emocional y estética.

Veamos, por ejemplo, un poema —escogido al azar de la inmensa inspiración lorquiana— como “1910 (Intermedio)”, de Poeta en Nueva York, que dice así “Aquellos ojos míos de mil novecientos diez / no vieron enterrar a los muertos, / ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada, / ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar”. ¿Podría un robot super-sofisticado (e incluso, en un cercano futuro, cuántico) comprender este texto desde los códigos del lenguaje ordinario, o del lenguaje funcional, si careciera de la capacidad humana de un uso imaginativo-metafórico o de una función poética del lenguaje en él utilizado? ¿Sería posible no ya que fuese entendido, sino que conmoviera a una máquina dotada de inteligencia artificial? Si ello se llegase a demostrar la A.I. habría, sin duda, relevado al hombre de la categoría de ser supremo de la creación. La robótica y la A.I. desplazarían para siempre a la antropología como ciencia de la especie hegemónica sobre el planeta tierra, durante apenas unos pocos milenios.

La inteligencia biológica habría sido, efectiva y definitivamente, desplazada por la inteligencia de silicio y nuestra esperanza en la supervivencia de la poesía en una hipotética futura Época Cibernética —vislumbrada ya a principios de la década de los setenta del siglo pasado, por el filósofo francés Henri Lefébvre en “Hacia el Cibernántropo. Una crítica de la tecnocracia”, con una evidente nostalgia humanística— se vería firmemente cuestionada y defraudada.

(Continuará)

 

Tomas Moreno Fernández,

Catedrático de Filosofía

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2 comentarios en «Tomás Moreno: «Reflexiones para el Tercer Milenio, IX: ¿Sobrevivirá la poesía en el futuro cibernético?, 2»»

  • el 27 septiembre, 2022 a las 11:37 am
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    Excelentes reflexiones sobre el peligro que corre la poesía en un fututo (no muy futuro) mundo cibernetico. Yo estoy convencido que la creatividad del espiritu humano, la que magistralmente describe García Lorca al hablar de Gongora, sobrevivirá al «reino de las máquinas».

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  • el 28 septiembre, 2022 a las 8:27 am
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    Muchas gracias, querido amigo y admirado poeta por tu comentario. Se revela en él tu sensibilidad y conocimiento de la temática. Coincido esencialmente con tu tesis: «El Reino de la Maquina no prevalecerá sobre ELLA»
    Tomás Moreno

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