Emociones que escriben historias, III: El vaho

Tomaba su tierno bocadillo sentada en uno de los escalones que tantas veces subía y bajaba en el año. Sentía el sol en sus pies y sus piernas se prendían con el calor matutino de aquella mañana de invierno.

El aire frío dibujaba el vaho de la respiración expuesta a la intemperie, en su contraste con la calidez del abrigo que abrazaba el cuerpo.

Le divertía mirar a dos personas hablando que parecían fumar sin cigarro; ver cómo el aliento caliente, que no humo, se dispersaba lentamente como vapor de agua.

Tan imaginativa era su mente como traviesa su imaginación, y ello daba fruto a divertidos monólogos con ese vaho huidizo.

Y así, entre bocado y bocado, dibujó variadas figuras imaginarias aprovechando lo que había aprendido el curso anterior sobre figuras geométricas.

Sonó el timbre del fin del recreo y sobresaltada suspiró: una inmensa espiral blanca como la nieve salió de su boca, y entrando en clase los cristales de sus gafas se empañaron precisamente por el efecto contrario experimentado en el patio.

Recordó entonces a los parabrisas, ejemplo que utilizó uno de los profesores para explicar la condensación. 

Sonrió al imaginarse siendo un coche, mientras limpiaba sus gafas. 

A veces, aprender es mirar con ojos de niños.

REFLEXIÓN

En el proceso de aprendizaje de una persona, lo que abre las puertas a aprender son las emociones, facilitando la consolidación de los recuerdos.

En nuestra pequeña historia, la protagonista está contenta, saboreando alegremente su bocadillo, y reconfortada con el sol de la mañana. Son estos sentimientos los que propician un buen estado de ánimo y junto a su gran capacidad imaginativa, lo enmarca con divertidas escenas creadas por ella misma. Todo ello va a suponer un importante refuerzo de un aprendizaje pasado: una clase sobre las figuras geométricas. 

Su imaginación y su creatividad, ante un elemento objetivo como es el vaho de la respiración, ponen en marcha el desarrollo de otras aptitudes como la reflexión y la memoria. Pensar es un proceso humano complejo y continuo, siendo infinitos los pensamientos así como lo son las consiguientes enseñanzas. 

De vaho a figuras geométricas. De condensación a coches.

Enseñar y aprender a identificar cada emoción, estados de ánimo y sentimientos, brindará muchas oportunidades de desarrollo personal porque la inteligencia emocional es la que nos lleva a una mejor y óptima gestión de nuestras capacidades intelectuales.

Nesilea Roca

Licenciada en Derecho

Narradora de Letras y Emociones

Reseñadora de Cuentos

Colaboradora en Revista Literaria Freibrújula

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