Blas López Ávila: «Racismo de elite»

Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para

servir a Dios y a la gente buena”

MIGUEL DE CERVANTES: “Rinconete y Cortadillo

En el episodio en el que el mozo conduce a Rincón y Cortado ante la presencia del señor Monipodio, maravíllase Cortado de la respuesta que el muchacho le da a la pregunta que le había formulado de si él también era ladrón: “Sí, para servir a Dios y a las buenas personas…” Igual me ocurre a mí con la inmensa polvareda que ha levantado en los medios de comunicación con el denominado “caso Vinicius”. No he conocido un despliegue de hipocresía, estulticia y mala fe semejante en mi vida. Y todo jaleado por una prensa al servicio de los poderes económicos y aguantado estoica y cobardemente por los poderes políticos, cuando no colaborando a la ceremonia de la confusión. La última entrevista a Adela Cortina publicada en “El País” es bastante reveladora al respecto: “Los medios están creando una sociedad de tontos polarizados…”

Y tengo que decirlo ya porque si no reviento: España no es un país racista. España es un país hospitalario y acogedor y lo digo desde la legitimidad que me da el haber dedicado en IDEAL más de un artículo y más de dos –mis lectores lo saben perfectamente- a la lucha contra el racismo y la xenofobia. Es para carcajearse ver y oír a las elites económicas de este país, en un alarde de fariseísmo sin parangón, pregonar a los cuatro vientos –con el altavoz amplificado que proporcionan algunos medios- su preocupación por el racismo proyectado sobre un futbolista millonario, pero jamás moverán un solo músculo de su rostro por ninguno de los que vienen huyendo de la guerra, de la hambruna o, simplemente, en busca de una tierra de promisión en la que encontrar la dignidad que merece todo ser humano. Digámoslo claro, no es el racismo lo que les preocupa, es el peligro que suponen determinadas actitudes para el inmenso negocio en que han convertido el fútbol y, ahora, ante la avalancha de críticas que se les ha venido encima y con toda la hipocresía de que son capaces, se dan golpes de pecho y ponen el grito en el cielo como si ellos fueran ignorantes de la situación y no supieran quiénes y dónde se encuentran los elementos más violentos de sus aficionados ¡Nauseabundo!

No creo que este nuevo episodio racista sirva para que la sociedad tome conciencia del problema pues lo que se está transmitiendo no es sino una suerte de lo que yo llamo racismo de elite muy lejos de ese otro racismo silencioso, cotidiano, que todos los días padecen en el metro, en el autobús de línea, en el supermercado, en la escuela o en el ambulatorio un número inconcreto y anónimo de personas y que constituye una fuente de sufrimiento para tantos seres humanos sin que parezca importarle mucho a ningunos de estos prebostes del mundo de las finanzas y del fútbol. Intolerable, además, que la prensa internacional se cebe con nuestro país cuando, reitero una vez más, somos hospitalarios y acogedores incluso en exceso. Que la prensa de Brasil, de Alemania, de Francia, del Reino Unido , de Italia o de EE.UU pretendan darnos lecciones de tolerancia y respeto hacia los diferentes, racialmente hablando, es todo un ejercicio de cinismo e intolerancia hacia nuestro país que no tiene parangón. Intolerable y nauseabundo me parece el mensaje que el señor Ancelotti ha mandado al mundo sobre la condición racista del pueblo español, utilizado por el entrenador madridista para que no se hable del estrepitoso fracaso deportivo que ha supuesto su trabajo esta temporada al frente del equipo madridista. Ruin y miserable me parece la actitud del presidente del Real Madrid culpando al estamento arbitral y al presidente de la Federación Española de Fútbol, el motrileño Luis Rubiales, de los incidentes racistas. Ahora va a resultar que el racismo es culpa de los árbitros ¡Qué despropósito! Comprendo que la humillación deportiva que ha sufrido el máximo dirigente del equipo –y de la que tendrá que dar explicaciones- habrá chocado frontalmente contra su vanidad y su soberbia pero no se pueden cargar las tintas, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, contra estamentos y dirigentes cuyo pecado –a su juicio- es haberse opuesto a su liga europea de equipos millonarios. Puedo asegurar –creo conocerlo lo suficiente- que si se lo permiten y le dan medios, Rubiales se dejará la piel para acabar con esta lacra en los campos de fútbol.

Condenemos el racismo y celebremos que este chaval haya decidido enfrentarse a las hordas racistas pero, ya que no se lo han enseñado su entrenador ni su presidente, que tenga muy presente que sus bailecitos son un menosprecio al contrario fuera de toda duda, que sus airadas y continuas protestas a los árbitros constituyen una radical forma de violencia y que sus” piscinazos” son una provocación continua.

 

 

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