Gregorio Martín García: «Un día de antaño en la besana arando»

Final del verano. Terminadas las faenas del campo y la recolección de los cereales, legumbres y frutales. Téngase en cuenta que en Benalúa de las Villas era un minifundio de supervivencia lo que se practicaba, al objeto de tener de todo un poco, para la vida familiar poder desarrollar y alimentar. De todo en los trojes había, para gasto familiar y para los animales caseros poder alimentar.

No había dinero, no había efectivo, ni había fluidez y era por ello por lo que el agricultor había de tener productos para en especie usar y hacerse con aquello de necesidad.

Estando a buen recaudo, legumbres y cereales, hortalizas y melones, tomates para la conserva, un buen montón de patatas y bastantes y gruesas calabazas, el labrador relajaba y, entonces comenzaba a lo que ellos llamaban “levantar barbechos” o “ariega”, esto es: Rastrojos de las habas, de la cebada y los trigos y así mismo aquellos campos donde habían criado veza, yeros o garbanzos.

Mata de garbanzos

Todos esos rastrojos, una vez el ganado había pasado por ellos para alimentarse de aquel grano que en las faenas de recolección allí se había quedado. Era cuando el gañán con su buena yunta entraba con el arado levantando la tierra en grandes terrones. La volteaba para que se oxigenara y se naturalizara.

Por ello en otoño con sus templadas temperaturas los agricultores entraban en una especie de descanso, después de acabado el laborioso verano que, no lo era porque seguían trabajando, pero la faena de tal manera que el relajo y sosiego les desestresa de la trabajosa estación pasada.

Las serenas mañanas se distinguían por el movimiento de gañanes con sus yuntas saliendo del pueblo para las besanas. Sus mulos bien alimentados y cuidados uno tras el otro reatado y con las mantas o anterroyos de tiro en sus lomos que usaba el gañan para sobre ellas montar a uno de los animales.

Con el pipo a chorro bebe agua el labrador

Aún dos cosas quedaban para dar por completo el hato necesario para la jornada. El peón ya llevaba su merienda en la talega, muy típica esta, que se usaba en Benalúa para llevar la comida al campo.

Y también le faltaba llenar esa garrafilla forrada de pleita para tener agua durante la jornada. Que llenaba en el Pilar o la Fuente del Junco, donde también abrevaban los mulos de su yunta.

No era extraño que en dichos puntos si la ocasión lo presentaba se echara un rato de charla con alguna guapa moza que llena sus cántaros para transportar a su casa.

Y allá va el gañan a su besana, a arar y preparar las tierras para la próxima campaña de siembra. Un cigarro encendido y fumando sobre su mulo, le servía de compañía en el camino.

Quizá la primera coplilla que se cantará el gañan ese día, seria haciendo el camino hacia su besana. No sé por qué, pero a los gañanes les gustaba mucho cantar durante su faena. Puede que, siendo trabajo muy solitario era la forma de evitar el aburrimiento, motivo que daba, mientras sus manos asentadas y empujando en las manceras, atento, cantando y fijo en el surco que, rasgando la tierra, ausente se siente y lleva su mente a trascendentales momentos de ensimismamiento.

Yunta de mulos con gañán arando en besana

Sigue cantando sigue moviendo y volteando el orgánico manto de la fértil tierra. La “virá” de la besana junto a la linde hace parar a su yunta momento en que dejando su mente se viene a este mundo. Voltea la “teja” tras abrir la “llave del arado” y dispuesto este queda para puesta la teja hacia el otro lado, reinician camino siguiendo la brecha abierta en su venida que, es tapada por esta nueva que abre. Un pequeño tropezón o encontronazo de la cuchilla del arado contra una “herrisca” abajo enterrada, le despabila…- ¡Sooo! Por un momento para sus mulos, se quita el sombrero y con su otra mano limpia el sudor de aquel su trabajo y por ello incorporado, le sirve de respiro y descanso, a él y sus mulos.

Allí estaba el “ubio” en el último surco abierto, junto al arado que había quedado hincado en el mismo surco abierto antes de dar de mano la obrada del día anterior. Y nadie “tocaba” nada, a nadie se le ocurría hacer suyo aquellos aperos que con absoluta seguridad quedaban en el tajo.

– ¡“Voluntario”! éntrale… él sabía muy bien qué le decían y dócil y manso en su lugar se ponía, dentro del surco esperando que “Gallardo” su compañero, paralelo a él se colocara, cual soldados entrenados, cuadrados y quietos esperan que tras ponerles las mantas de tiro el gañan elevará el ubio y se lo colocara en el cuello delante de las mantas de tiro, ronzales a las manceras del arado, cual manillar o volante de guía del kit que formaban gañan, mulos y arado.

Aperos agrícolas

Solo falta poner la “lavija”, después de introducir el “ejero” en los “barzones” de cuero que aguantan todo el tiro e iban colocados en el centro del “ubio”.

Antes de ponerse en marcha el gañan animaba a los animales de tiro, dando una palmada en sus lomos o les dirige una frase de aliento que elevará la “amistad” y “confianza” entre hombre y animal.

Comenzaba a rajar y horadar la tierra, con el esfuerzo animal y la conducción acertada del gañan. Y sólo comenzar esto, los cantos mañaneros y alegres del que allí araba, espantaba pájaros y animales campestres que en los alrededores estaban, pero no se alejaban en demasía, esos animales saben que si permanecen no muy lejos del gañán su seguridad y tranquilidad estaba presente, ya que depredador alguno a ese punto se acercara.

Habrá desayuno más rico, exquisito y alimenticio, que parar la yunta un rato, sacar de la talega un pedazo de pan y con la navaja abierta dirigirse a aquella higuera de maduros y dulces higos cargada y además muy frescos de toda la noche pasada.

Comida más completa no la había. Era ecológica, absolutamente natural y servida y comida en comedor sin igual.

La dulzura de los higos chorreaba por las manos, pero sin problema, si no había agua cercana si había con que asearse las manos…pura tierra que frotada en las manos la dejaban limpias y acicaladas.

Comido, satisfecho y pulcro, nuestro mozo de labranza de hoy la emprendía con la besana que cada vez avanzaba hacia la linde de arriba.

Y así entre revezo y revezo para que las bestias y gañán descansaran, la finca donde se araba iba pasando de color tierra clara a oscura y humedad, aquella que la cuchilla del arado y su teja volteaban y quedaba arriba oxigenando y restaurando sus componentes, minerales y químicos, su materia orgánica y sus diminutos organismos naturales preparándose para siembra venidera.

La jornada era larga, era duro trabajo, tan solo recompensado por la opípara merienda, la tranquilidad del campo y sentirse acompañado de cientos de aves de todas las clases que esperaban junto a ti a que gusanos, bichos varios u otro cualquier animalillo o brote vegetal saliera de la tierra.

Se lanzaban a ella con rivalidad exacerbada y tras disputa, se hacía con ella, la más diestra. Premiaban todo el día con sus cantos y revuelos ya que muchas de aquellas aves se preparaban en vuelo y haciendo bandada para emigrar hasta otro año y así evitar la época invernal de nuestros campos.

No había mayor satisfacción que la que el gañán disfrutaba cuando acabada la jornada desuncía su yunta, arreatada esta y montando a los lomos de su dócil animal, partía hacia el pueblo con su trabajo hecho y con el sol en el ocaso mostrándole la puesta que él disfrutaba mientras con su cigarro encendido, relajado al pueblo llegaba.

Misión cumplida. Importante y sufrido trabajo de colaboración necesaria para lograr los productos básicos para la supervivencia.

Nuestro hombre, nuestro gañan, quizá ni sabría lo importante de su trabajo colaborando con ello a levantar sociedad, riqueza y bienestar.

¡Gracias, muchas gracias gañanes! por ese sudor que pusiste al servicio de la Humanidad.

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Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

Autor del libro ‘El amanecer con humo’

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2 comentarios en «Gregorio Martín García: «Un día de antaño en la besana arando»»

  • el 10 julio, 2023 a las 2:18 pm
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    Tú manera de describir las faenas de las labores al finalizar él verano aunque nuestro vocabulario no es entendible por muchas de las personas que leen tus relatos extraordinario

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    • el 10 julio, 2023 a las 2:54 pm
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      Hola Paco. Aun estás sólido? O a líquido ya has pasado? Estas calores que sufrimos antaño no las sufríamos entonces las cosas es mas moderadas, tranquilas y disfrutadas.
      Un día de Ariela en una buena besana era una delicia si esta estBa bien organizada. De la salida de las faenas del verano y ya en el otoño se entraba en faena más reposada que si bien era dura lo era más tranquila y de mejor relajo. Pero dejemos ya de arar y dejemos a los tractores y nosotros a dedicarnos a paliar estos calores Un abrazo

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