Isidro García Cigüenza: «La ironía, una herramienta Andariega»

La retórica de la Inteligencia Artificial (capaz de presentarnos en cuestión de segundos varios discursos sobre el mismo tema) se opone radicalmente al diálogo educativo que proponemos desde la Pedagogía Andariega.

Mientras aquella escribe sus discursos combinando palabras e ideas acumuladas en su base de datos (lo que llamaríamos “elocuencia”), ésta elabora sus razonamientos a partir de la vivencia y exposición de pensamientos originales. O lo que es lo mismo, mientras la primera trabaja fría y aisladamente, la segunda lo hace de una forma palpitante y creativa.

Para alcanzar la Sabiduría –argumentaba Sócrates-, resulta imprescindible reconocer primero nuestro desconocimiento de las cosas; a continuación tratar a los alumnos como a iguales; y por último, deducir con ellos mediante el diálogo, conclusiones interiorizadas.

Pues bien, a la habilidad de construir el conocimiento a partir de esa metodología se le dio en la antigüedad clásica el nombre de Ironía. Ironía que, al decir de sus apologistas, es justo lo contrario de lo que hacen los sofistas, las máquinas y los empresarios chantajistas. Esos que simulan ser benefactores cuando, en realidad, se cobran un alto interés por el trabajo que te ofrecen.

Viene al caso esta disquisición para entender lo que traigo a colación. Y es que, navegando por Facebook, concretamente por sus reseñas educativas, me he encontrado una crónica en la que una Entidad Bancaria lleva a cabo actividades lúdicas durante el verano a “niños vulnerables o en riesgo de pobreza”.

Este tipo de relatos angelicales en los que una Empresa, cuyo objetivo neto es “ganar dinero”, se mete a “salvar a la infancia desvalida”, suelen venir acompañados, también en las redes, de un montón de críticas, alentadas la mayoría por la incongruencia que supone, educativamente hablando, “poner a un lobo a cuidar ovejas”.

Dibujo de Alba

Y lo digo desde la experiencia, al albur aquellas Cajas de Ahorros Provinciales a las que los niños de entonces nos sentíamos tan agradecidos. Y todo porque, en nuestra ingenuidad y a cambio de la engañifa de regalarnos lapiceros y cuadernillos, se quedaban con nuestros dineros, con la disculpa benefactora de fomentar en nosotros el espíritu ahorrativo. Hoy, esas mismas Cajas, constituidas en Bancos, nos pegan sablazos mortales por todos lados.

Con todo, lo que hoy me ha alarmado no es la propuesta lúdica en sí: benditos niños si se benefician, aunque sea ingenuamente, de todo ello. Lo que me escandaliza es esa tendencia en las redes de evitar opiniones críticas a base de ordenar a la I.A. de la Entidad correspondiente, el cribado sistemático de los vapuleos más molestos. Sin duda que se trata de la punta del iceberg que se nos viene encima: y es el que no sólo nuestra opinión, sino nuestra presencia puede ser incluida en esas listas negras a las que son tan propensos o, peor aún, ser declaradas socialmente “non gratas”.

Volviendo al principio de este artículo, hablaré sobre lo que aquella Ironía grecolatina puede aportarnos hoy como herramienta educacional contra esos abusos. Se trataría de aprender a resistir, aprender a desbaratar la lógica de aquellas máquinas a base de saltarse a la torera (que para eso somos andariegos) las barreras digitales que asfixien opiniones, anulen pensamientos críticos y repriman rebeldías más que justificadas.

Y es que hay una cosa que la Memoria Artificial jamás podrá atajar y es el bienhadado arte de Ironizar. Lo mismo que las máquinas no saben contar chistes, porque no entienden del doble sentido de las cosas, tampoco saben interpretar este don sibilino y maravilloso de la expresión humana. Este lenguaje poético, perspicaz y ocurrente que tiene la capacidad de aparentar decir una cosa, diciendo la contraria.

La Pedagogía que practicamos (continuadora de la metodología de aquellos filósofos Peripatéticos que aprendían paseando), con el fin de burlar dichos controles ideológicos, lleva a cabo con asiduidad una actividad lúdica-imaginativa que denominamos “Greguerías andariegas”.

Se trata de una práctica sibilina que nos servirá en adelante para reivindicar nuestro derecho a ser libres de acción, pensamiento y opinión… Una iniciativa didáctica que, para más abundamiento, encanta a los niños. Una capacidad que extraemos del contacto directo con la gente, saliendo al campo y recorriendo calles, y que consiste en darle a las palabras un doble y hasta triple sentido: el real, el poético y el imaginativo.

Dibujo de David

Veamos algunos ejemplos:

La lluvia ha estado haciendo travesuras durante toda la semana: ha pintado de verde todo el campo”.

La mañana ha amanecido húmeda y fría. El rocío se ha disfrazado de escarcha. Es que estamos en Carnaval. ”.

Con las greguerías andariegas se aprende a interpretar entre líneas las conversaciones que mantiene la Naturaleza con las criaturas que la habitan”.

El vino es muy locuaz…, aunque a veces haya que sacarle las palabras con sacacorchos”.

¡Qué tontos! Damos más mérito al perro de un ciego que al propio ciego”.

La incomunicación en la ciudad es directamente proporcional a las voces y ruidos que se escuchan en su interior.”

En la ciudad apenas si se crían habitantes autóctonos. La mayoría son injertos venidos de fuera”.

En las grandes urbes, no sólo las personas… ¡hasta las escaleras son mecánicas!”

La luz del amanecer es tan romántica que anima a los pájaros a cantar canciones de amor”.

Los cementerios de los pueblos nos trasmiten algo tan íntimo que parece que están vivos”.

Y, así, muchísimas greguerías más, recogidas todas en libretas y folletos.

La capacidad de estos muchachos y muchachas para saber ver más allá de lo que las apariencias muestran; la versatilidad de que están dotados sus cerebros y la expresividad que manifiestan de continuo es asombrosa. La condición para ello es que se cierren de una santa vez las escuelas como centros de enseñanza y se les facilite, a cambio, la observación de la realidad, favoreciendo el diálogo franco y abierto con la gente de ahí afuera.

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Isidro García Cigüenza

Blog personal ARRE BURRITA

artífice e impulsor

de la Pedagogía Andariega

 

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