Gregorio Martín García: «Paco Ávila Puentedura, fidelidad y nobleza»

Era un niño. Aún no había terminado de jugar de desarrollar todos los juegos y aventuras en la plazas y calles del pueblo. Era extraordinariamente un chico muy formal y educado, siempre se distinguía por ello.

Foto juvenil de Paco Ávila

Un día desapareció, ya no estaba allí, no se veía jugar ni correr por las calles de nuestra villa.

Su padre, hombre de diario jornal, muy trabajador y por ello requerido en todos los tajos, en cualquier faena o labor tanto agrícola como de distinta índole o circunstancia que pudieran presentársele.

Muy temprano partía en compañía de otros y, todos los días, a dar su jornada de trabajo al conocido cortijo de Los Castellones, donde su formalidad se impuso e hizo que allí estuviera por muchos años.

Benalúa de las Villas, pueblo de nacimiento de Paco, plaza en la que nació, Granada y Cuart de Poblet (Valencia), actual población de residencia

Pero los tiempos impusieron sus exigencias, la vida en los pueblos pequeños se hacía difícil y complicada y aunque aquel hombre de conducta intachable tenía trabajo en el citado cortijo, un día, ya decidido y después de mucho pensarlo, como antes otros muchos hicieran, se dirigiría y hablaría a su esposa con algo parecido a esto: “-Niña, esto está cambiando y mucho. Habremos de hacer lo que muchos están haciendo y por las noticias que en el pueblo se oyen, bastantes de los que se han marchado están mejorando sus vidas, están mejorando su trabajo, así como lo remunerado es de mayor cuantía. Necesario para nuestra familia”.

Era el panorama vivido entonces, en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, mucha gente, muchos paisanos, unos solos, otros acompañados de toda la familia, habían de marchar a tierras lejanas.

En años anteriores se impuso Sudamérica, en especial Argentina. En años más cercanos los emigrados lo hacían a Europa, Suiza, Alemania… a la par que también emigraban a tierras del noreste peninsular, Cataluña el levante español, así como la comunidad Valenciana.

En Benalúa de las Villas se dio mucho la emigración a las Baleares, con la pujanza del turismo y la necesidad de mano de obra en los hoteles.

Paco, aquel joven muchacho que un día dejó de jugar con sus amigos en la plaza del pueblo y que echaron en falta, fue uno de los muchos que salieron en busca de metas distintas, de mejor perspectiva de vida, de un digno y mejor trabajo, junto a sus padres y familia.

En el pueblo dejaban amigos, dejaban sus cosas de toda la vida, la escuela, los juegos, a los que se entregaba con ganas y pasión, sus vecinos, familiares… Por cierto, muy extensa familia y de buena gente venida.

Era el abuelo de Paco un gran y buen hombre “El Popo”, de todos conocido, por su fama de trabajador y excelente buscavidas, no le importaba en qué trabajar y de hecho trabajó en mucho y variado:

Además de hacerlo en el campo fue matancero, carnicero, vendedor ambulante, para lo que se valía de un borrico pequeño que comparado con su estatura solo le llegaba a la cintura. De todo vendía, especialmente fruta o cualquier otro género vendible y así, pregonando sus cosas con cierta gracieta andaluza, con su recia y potente voz a los cuatro vientos, decía: “Vamos niñas a la verdura, de todo traigo hoy: Tomates, pimientos, lechugas, manzanas y uvas como corazón de cabrito… Vamos, niñas que me voyyy”…

Paco en la playa

En los genes llevaban todos sus hijos lo que “El Popo” le había transmitido a su gran familia: Educación, trabajo y honradez.

Paco, Francisco Ávila Puentedura, nieto del “Popo” e hijo de aquel que mucho trabajó en los Castellones. Ese es el hombre, ese es mi amigo del que hoy quiero aquí resaltar, sin ningún compromiso, solo con leal amistad, la admiración que sentí siempre por él, cuando jugando en la plaza transmitía esa sinceridad y nobleza que le caracterizaba.

Él, algo menor de edad que el que esto suscribe, fue monaguillo, participaba en eventos sociales, deportivos y otros muchos. Aplicado en la escuela y tan correcto en el trato cómo en el juego.

Aún le recuerdo a mediado de las tardes, con un gran “canto de pan”, como se dice en nuestro pueblo, con un hoyo de aceite y mucha azúcar, cuál nevada caída sobre éste. Devorándole, por hambre de joven dinámico y activo y por la prisa para no perder tiempo de juego.

A Paco, se le veía, se le notaba que sería un gran hombre. Trayectoria seguida desde su niñez y primera juventud, en el pueblo vivida.

Un ahumado, Benaluense, de “Pro”. Allá marchó con sus padres y familia, todos dispuestos a conquistar mundo, con su honrado trabajo, sus formas y principios heredados que, ya en el pueblo de los ahumados los había practicado.

Recalaron en tierras valencianas, desde el principio, salvo los pequeños problemas de adaptación del traslado, según mis informes, todo les vino muy bien y he aquí que tenemos a un “Ajumao” colocado en el aeródromo de Alicante y con un distinguido empleo, entre otras cosas, director encargado del protocolo, recibiendo personas y otros excelsos personajes que a tales instalaciones arribaban, bien por viaje o por visita.

Paco, con su familia

Su especial fidelidad ha hecho de él un empleado ejemplar y modélico del susodicho campo de aviación.

Hubiera gozado viendo a Paco entre los aparatos, avionetas y otros artefactos, trabajando. Cuando lo hace, cuando en su trabajo está es hombre formal y serio, con exquisita responsabilidad. No serio por malhumorado, sino serio por responsable.

Ahora goza de su estado de jubilado, abuelo, paseante y vividor de la vida que siempre ha deseado y que ahora tiene y merece.

Paco cuida a sus nietos, los quiere y como abuelo que todo ha ganado con su esfuerzo. A sus nietos los tiene enseñados, a ellos traslada sus costumbres y formas. Y es por ello por lo que lo quieren mucho a él también.

Paco, de compras

Muy bien Paco, enseña y da por ahí lo mucho que tú tienes y di a esas gentes que, acá en Benalúa de las Villas hay más parecidos a ti, así como repartidos por todos los frentes que hay en el mundo Mundial.

Buenas gentes, mejores personas, todos aquellos del pueblo, que llenan en la diáspora zonas, naciones, pueblos y rincones del globo terráqueo.

Aquellos que un día se fueron, sin olvidar a sus gentes, sin olvidar a sus cosas, con mucha morriña y con su tierra en el pecho.

¡Cómo Paco!

¡¡Un gran recuerdo, un gran abrazo para ellos!!

 

 

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Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

Autor del libro ‘El amanecer con humo’

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