Juan Franco Crespo: «El Cairo: La Ciudadela (y II)»

Estamos en pleno fragor de la batalla o en los territorios del mítico Saladino I [Salah el-Din] que tras salir vencedor en aquellas terribles refriegas de la época, frente a los famosos y belicosos cruzados, ordenó construirla a imagen y semejanza de los castillos que aquellos europeos levantaron en Tierra Santa. No siempre fue visitable, tal y como la encontramos en el XXI, sólo fue posible a partir de 1983 cuando el ejército abandonaba estas instalaciones definitivamente; pero éste es omnipresente y nos lo encontraremos controlando todo y sin que apenas te percibas de ello. Todo lo que acontece en la gran urbe, por ejemplo, cuando la visitaba, justo en el aparcamiento, teníamos una emisora móvil que me recordaba las que Franco utilizó en nuestra INCIVIL contienda; uno de sus últimos usos antes de que fuera abierta para el turismo, fue el de prisión que alojó a los asesinos de Sadat en 1981.

En muchos lados de la ciudadela encontramos obras, algo inevitable si queremos preservar la historia. Pueden invertirse varios días y, lamentablemente, este no es el caso de los viajes organizados que tienen el tiempo controlado y dan justo para poco más que las fotos de rigor. Se requiere vestimenta adecuada y bolsas para zapatos [en caso contrario se caminará descalzo o en calcetines] que los llevaremos en la mano o en la mochila; un morralito de los que suelen dar de propaganda suele ser ideal para estos casos, pesa poco y ocupa menos lugar, apenas un bolsillo. Tampoco hay que preocuparse mucho, sobre la marcha también se consiguen y, al momento de mi visita, apenas era el equivalente a un euro por par. A las féminas también las proveerán de bolsas que las cubrirán de la cabeza a los pies para poder deambular por la impresionante mezquita.

La entrada de recinto de la ciudadela militar, hoy de uso cívico y generador de divisas

El centro religioso Muhammad Alí fue construido anteayer, sobre todo si en nuestro pensamiento está el impresionante legado faraónico. En esta zona hay que cambiar de registro, se levantó en la primera mitad del XIX (1830-1848) y está bastante ajado. Se levantó inspirándose en Santa Sofía [Estambul] que ya escribiéramos algo hace un par de años. A pesar de su estilo turco, es uno de los símbolos cairotas por excelencia. Muy atractivo el patio porticado, aunque cuando ya has visitado este tipo de templos, tampoco te impactará patearlo. En esa ubicación podemos ver un reloj [nunca funcionó] al que todos los guías le dedican un tiempito, pero que no es nada del otro jueves, quizás nos podría servir para hablar de la picaresca, pero eso lo haremos al final de nuestro recorrido por el milenario país.

La entrada con una bella imagen del interior de la mezquita

Tras dejar la mezquita nos encontraremos en la otra parte del edificio que da a una amplia explanada o terraza desde donde durante un buen rato tendremos oportunidad para las fotos con el consiguiente problema de contaminación. Cerca tendremos el puntito de encuentro para iniciar la salida y continuación del recorrido. Han quedado muchas cosas por ver, por ejemplo el Palacio Gawhara, el Mausoleo de al- Nasir Muhamad Qalaun, cuya mezquita representa un estilo más cercano a las tierras de Asia Central y que fue levantada en el siglo XII, 700 años después fue completada con la Mezquita Mohamad Alí y es el único edificio mameluco de toda la ciudadela, el Museo Militar [ubicado en lo que fuera el harén] y el de las Calesas. Si uno quiere verlos tendrá que concretar tiempo y lugar con el guía, aunque tiempo es lo que siempre faltará en cualquier viaje organizado pues cuando llegas al hotel ya no quieres moverte. La fortaleza de piedra domina, prácticamente, la parte Oriental de El Cairo.

Dejamos el recinto histórico y caminamos hacia el autobús

La entrada al Museo de la Policía sorprende y tiene un gran parecido con las fortalezas o construcciones de carácter militar que uno encuentra por todo el mundo mediterráneo: sus dos torres almenadas, una clara imitación gótica que, nada más traspasarla, nos deja ante el citado museo donde, con todo lujo de detalles, describen la historia, tenebrosa y lacerante, del crimen en Egipto y también los duros correctivos que aquí se aplicaban. Entre todos los casos sobresalen los de las Hermanas Raya y Sakina: ahorcadas en 1921, pero hay que colegir que no eran unas santas de acuerdo con los datos que uno encuentra sobre ellas. Halladas culpables del asesinato de una veintena de mujeres [sus maridos dirigían varios burdeles] aquí pasaron los últimos momentos de sus vidas.

Abandonando el recinto de la ciudadela y partimos hacia el impresionante Museo de El Cairo

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Juan Franco Crespo

Maestro de Primaria, licenciado en Geografía

y estudios de doctorado en Historia de América.

Colaborador regular, desde los años 70, con publicaciones especializadas

del mundo de las comunicaciones y diferentes emisoras de radio

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