Gregorio Martín García: «Vamos a castrar las colmenas, 2/3»

¡¡Jee!! ¡pom! ¡pom! ¡pom! ¡Huurra, fuera! Un enjambre, ¡¡es muy grande! Toca toca, no dejes de tocar y alborotar con la olla y esa lata vieja. No dejes de formar ruido a mejor eeaah eaa ¡¡¡Arréale!

El nuevo enjambre sale a chorro de la colmena detrás de la reina que fuera, con las primeras, esperan a la salida de todas una vez reunidas sin dejar de volar en la cercanía de su colmena se disponen a partir. Pero como quiera que oigan un gran ruido que nosotros organizamos para evitar que se marchen. Ya que sabemos que temen mucho a las tormentas y otros elementos ruidosos es por lo que con toda clase de instrumentos, cacharros y latas y cualquier objeto que haga ruido, organizamos “una gran tormenta” incluso es efectivo tirar hacia el cielo puñados de arena, de tierra o cualquier similar. He ahí el porqué de tanto tropel.

Ya se para, en el tronco de la higuera negra, hemos triunfado, lo hemos logrado, lo hemos parado, cómo el del otro día. Buen enjambre, parece un botijo por su tamaño.

El ruido era obligado para evitar que el enjambre que de una colmena salía se fuera volando lejos de los límites del jardín y el corral. Habríamos de seguirlo si no queríamos perderlo amen de ocasionarnos mucho más trabajo en su rescate.

Y ahí está mi padre con la careta de apicultor puesta intentando, en aquel enorme montón de abejas encontrar a la reina para llevarla a la nueva colmena que esperaba para que la ocupara el enjambre y que yo previamente con mi boca totalmente llena de vinagre lo espolvoreaba dentro para que al soltar los puñados de abejas estas se pegaran a libarlo y no se salieran. Mi padre con la reina en su mano la deposita con cuidado dentro de lo que sería la casa del nuevo enjambre. Este lo rescataba mi padre, pero que si él no estuviera esa tarde presente igual o mejor lo habría hecho mi madre.

Enjambre

Ya había una colmena más. Esta primavera empezamos con siete y ya van nueve más uno que dice mi madre que hubo de salir de una colmena y que no detectamos y, se nos escapó. Lo lamentamos y nos advertimos para que mientras no pase el ciclo de los enjambres, a primeros de la primavera, estemos alerta estemos despiertos para que no se nos marche.

El hecho de que en primavera hubiera más enjambres, creían los apicultores del pueblo, que había varios. Que ello se debía al buen alimento que tuviera la colmena durante todo el invierno. Las alimentaban con melaza guardada de la recogida de miel del año anterior que, colocada en unas latas con unos palitos y pajas a la puerta de la colmena, ellas, las abejas que son muy ahorrativas en vez de gastar en alimento su miel, salían a la puerta y en un gran tumulto y motón de ellas que, tapaban las latas de la melaza, se alimentaban de ella y ahorraban la que dentro tenían almacenada, para ellas quedaba y para nosotros también.

Durante el verano, en casa se encargaban de que el sol no elevara en demasía los grados, para ello arropaban con algún toldo o estera de esparto, las colmenas, abrigo que valía para evitar el frío del invierno, ya que las abejas han de tener una adecuada temperatura dentro de la colmena. Cuando así no es y la temperatura sube o baja de una media de 25º centígrados, son los zánganos los encargados con el aleteo de sus alas de mantenerla.

Ya va llegando el mes de agosto. Cuando este se acerca, desde Granada, de la calle Real, donde vive, hace una llamada el castrador interesándose por el estado de las colmenas y cómo cada año vendrá para hacer la faena de recolectar la miel. el polen y la cera.

Miel

Aprovecha el momento y da una fecha que consensua con los apicultores de Benalúa de las Villas. Llegados a un acuerdo fijan ésta que suele ser a principios de la segunda quincena de agosto.

Un día aparece un rústico hombre con barba de varios días, vestido con pantalón de trabajo y un chaleco que desabrochado cubre una usada camisa, todo él huele a miel. A su hombro y sujeto con su mano derecha, un saco ocupado por sus herramientas de trabajo.

Era un sencillo hombre de mediana estatura, más bien bajo, poco hablador, pero por eso no antipático, cuando algo se le preguntaba respondía muy bien y hablando muy despacio. Le agradaba se interesan y preguntan de su trabajo. Lamento no recordar el nombre de este sencillo, callado y educado buen hombre.

Alguna vez lo vi por Granada, cerca de la calle Real de Cartuja, donde vivía y en verdad se alegró mucho de nuestro encuentro y saludo. Alegría que yo compartí.

Enseguida llegaba, saludaba a la familia y se disponía a comenzar su trabajo, siempre era temprano, por aquello de evitar las más altas temperaturas en que las abejas están más activas.

 

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Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

Autor del libro ‘El amanecer con humo

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2 comentarios en «Gregorio Martín García: «Vamos a castrar las colmenas, 2/3»»

  • el 23 octubre, 2023 a las 2:50 pm
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    Meticuloso y no menos laborioso él trabajo y buen hacer del apicultor con un profundo conocimiento del mundo de las abejas .

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    • el 27 octubre, 2023 a las 7:22 am
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      Sí, Paco, así era y es el mundo de las abejas es interesante y para la Humanidad necesario. En mi casa en el pueblo siempre las hubo y te puedo decir que notábamos como si nos quisieran a los miembros de la casa.
      Sí, es muy interesante el mundo de este útil insecto. Cuidemosle.
      Un abrazo

      Respuesta

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