Santiago Martín Guerrero: «Un monumento único en el mundo»

Que Granada es una ciudad monumental, es algo fuera de toda duda. Los palacios nazaritas, reconocidos en el mundo entero, la catedral renacentista con su fachada barroca, el monasterio de San Jerónimo, con su magnífico retablo renacentista, el gótico tardío de la capilla real, el barroco genuino de la sacristía de la cartuja y de San Juan de Dios (la Iglesia y el Hospital, recién restaurado), la abadía del Sacromonte.

Por no hablar de sus iglesias, comenzando por la de San Juan de los Reyes, la primera, y siguiendo con sus conventos entre los que hay que destacar Santa Isabel la Real como cabeza de otros muchos, todos ellos de meritoria traza; la lista sería larga. En fin, nuestra ciudad está llena de monumentos, nadie puede negarlo. Tampoco habría que olvidar los Colegios universitarios como el de San Pablo y el de Santa Cruz la Real, o el de San Bartolomé y Santiago. Se podría seguir con edificios menores como la Madraza, el corral del Carbón, la ermita de San Sebastián y palacios urbanos como el de Arandas, Caicedo o Ansoti, no me voy a alargar más.

Pero ninguno de estos monumentos, con ser muy meritorios, son únicos. En el mundo, distribuidos por los cinco continentes, hay palacios, catedrales, iglesias, edificios civiles, fuentes monumentales y museos famosísimos de igual mérito y reconocimiento. Sin embargo, Granada puede estar orgullosa de poseer un monumento único, sin par en el mundo. Me refiero a la primera escuela del Ave María que fundó Don Andrés Manjón en Valparaíso. Porque, ¿qué escuela hay en el mundo con un bosque y un río en su interior?, ¿qué escuela tiene un aula de observación de la naturaleza?, ¿qué escuela es tan grande como para estar atravesada por dos barrancos y un puente?, ¿qué escuela hay en el mundo que tenga sus aulas distribuidas en placetas a lo largo de un kilómetro?, ¿Qué escuela puede presumir de disfrutar, desde las ventanas de sus aulas, de uno de los parajes más bellos del mundo? Es posible que algún campus universitario en América pueda tener alguno de estos elementos, pero escuela, escuela primaria y escuela de barrio, estoy convencido de que no hay otra en el mundo así de imponente, así de singular. De eso sólo puede presumir Granada.

Las Escuelas del Ave María fueron muy famosas a comienzo del siglo XX, no sólo en España, donde proliferaron, sino fuera de nuestras fronteras. Sus instalaciones de la cuesta del Chapiz recibieron la visita de personajes importantes, nacionales y extranjeros, que se deshicieron en elogios tanto hacia Don Andrés y su institución como hacia sus métodos pedagógicos. El entierro del que fuera catedrático de Derecho Canónico y canónigo del Sacromonte en 1923 fue, posiblemente, el más multitudinario y sentido que ha vivido esta ciudad en siglos. Del acontecimiento hay testimonio filmado y los periódicos de la época se hicieron eco con grandes titulares.

Se celebra este año el centenario de su muerte y puede ser una buena ocasión para que las autoridades locales, provinciales y autonómicas responsables de la gestión del turismo en esta ciudad, concierten con el Patronato de las Escuelas del Ave María un horario de visitas guiadas a esta escuela sin par, a su iglesia, que conserva la portada de la de La Magdalena de la calle Mesones y una Anunciación de Torcuato Ruiz del Peral, y a su interesante museo. Sería una buena ocasión para poner al alcance de todos los granadinos y de nuestros visitantes un monumento singular y único en el mundo.

NOTA: Este texto de Santiago Martín Guerrero se ha publicado en la sección de Cartas al Director del diario IDEAL correspondiente al  miércoles, 1 de noviembre de 2023

Santiago Martín Guerrero

Catedrático de Instituto

y autor de la trilogía del siglo XX,

‘La herencia de Caín: La ilusión desvanecida,

La larga espera y Vientos del Sur’ (Edit. Nazarí)

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Un comentario en «Santiago Martín Guerrero: «Un monumento único en el mundo»»

  • el 6 noviembre, 2023 a las 7:42 pm
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    Magnífico recuerdo en el centenario de don Andrés. Ciertamente el cosmos avemariano es único y debe ser paradigma educativo. Enhorabuena.

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