Gregorio Martín García: «Los pollitos de la fuente Castejana»

A mis nietos Ángel, Gonzalo y Jesús

Érase una fuente de cristalinas y frescas aguas, que de su caño ofrecía a todo aquel que por el camino pasaba. Pero he aquí que se dice y es cierto, esa fuente guardaba un misterio, enigmático, fascinante y hechicero. Todo ser viviente lo conocía, pero nadie se atrevía ni a mentarlo. Conocerlo os dejará helados… ¡sí!,y os congelará el aliento. Y es por ello por lo que yo esta historia la cuento, con pelos y señales, con todos sus secretos. Y la narraré despacio que todos nos enteremos del aquelarre que, en días aciagos, monta nuestra amiga: “La fuente Castejana”.

Se comenta con recelo y, esto no es mentira que en las noches oscuras y tormentosas en que retumban las alamedas con el fragor del viento penetrando entre sus álamos. Las cristalinas aguas se vuelven agitadas, toscas y oscuras. En las lóbregas tinieblas una clueca aparece con seis polluelos. Todos dorados, cual brillante joya de oro que induce a la codicia. Picotean junto a la fuente con maliciosas intenciones. Tentar caminantes que por avaricia caigan en el “Abismo de la Vida” cuando intentan robar un pollito de oro con desmesurada ambición para con ligereza y destreza hacerse con todos y huir. La embrujada visión impide tal cacería ya que cada pollito, misteriosamente, desaparece cuando le van a coger. El frustrado cazador cae a los abismos y ante la gallina cloqueando, desaparece la visión. Esto se dice del lugar, todo el mundo lo teme. Murmuran una oración con mucha fe, siempre que han de cruzar delante de aquel bello rincón donde está la fuente de la que les hablo. ¿Qué si es verdad esto? ¡Verdad y buena! Aquella gallina clueca con sus seis pollitos de oro pasea junto a la fuente esperando ver si alguien coge un pollito con denodada ambición y el castigo cae mientras cloquea la gallina.

Noche lluviosa con relámpagos y truenos, Pascualón, que era hombre muy vivido, salió hacía su cortijo. Regresaba tarde del pueblo montando su caballo tras dejar la taberna. De noche se hizo. Su familia esperaba, un tanto preocupads por la noche tormentosa que descargaba con furia. Saliendo del pueblo, recordó la Castejana y en noche lluviosa y ventosa, él, solo, había de pasarla. Era valiente, pero sintió miedo. Comenzó a llover fuerte y hubo de liarse, sobre su caballo, un capote que llevaba. Tanta lluvia mojaba su cara, con la manta cubrió ésta y la cabeza, apenas dejó un hueco para ver con un ojo, mientras recordaba la fuente Castejana, temblaba y más susto le daba, pero por fuerza había de pasar por ella para llegar a su cortijo.

Estaba tan liado a la manta que apenas se dio cuenta que estaba muy cerca de las cristalinas aguas. Se apretó la manta sobre sí y achicó el agujero por el que apenas veía para guiar al caballo. ¡Ya rebasaba la fuente! El pobre temblaba, miraba y no dejaba de mirar por si la clueca salía con sus polluelos de oro…y, cuando más abstraído iba, por detrás de su cabeza le atrapó, fuertemente, un ser desconocido que le zarandeaba la testa… Quiso hacerse fuerte pero no lo conseguía. El monstruo no soltaba la cabeza y no la dejaba de mover con furia. Tanto tiempo así estuvo que su cabalgadura quieta, muy quieta se quedó. Ni se atrevía a mirar qué era lo que le aprisionaba su cabeza y le impedía moverse. Un chorrito de agua templada sintió entrar en su bota, no era agua de lluvia, ésta era de la otra. Ya llevaba mucho tiempo, casi media hora, quieto y sin moverse apoyado en su cabalgadura y el monstruo que le tenía preso no le soltaba su cabeza que bien sujeta tenía, de cuando en cuando fuertemente le agitaba.

De inesperada manera un gran remolino de aire le arrancó la manta de su cuerpo y fue entonces cuando vio al monstruo que prendido le tenía. ¡Era un gran tallo de zarza! que crecía junto a la fuente y movido por el aire se enganchó en su manta. Entonces Pascualón, se vuelve muy valiente. Ya era casi de día y veía muy bien la vereda y también la rama de zarza con su manta prisionera. Con furia de mil valientes se sacó una faca y de un mandoble muy fuerte hizo trizas la rama, a la vez que decía muy eufórico y valiente, cual caballero andante que con su mano en alto siguió destrozando aquella zarza que le había asustado tanto y, mientras gritaba como loco:

-Cuál valiente caballero, he logrado escapar de esto. He vencido esta noche. Que sí, que era una zarza, pero si hubiera sido un monstruo con dos cabezas igual habría hecho para derrotarlo y destrozarlo. ¡Monstruo malvado, cobarde y banal cosa!, ¡Hasta te habría destripado!

Mientras para sí decía:

Pero, ¿será posible que una simple zarza me haya asustado? ¡¡Quiá!! ¿Quién dijo miedo? Yo no tengo miedo a nada ni a nadie, si en vez de ser ganchuda zarza hubiera sido un espíritu, ¡igual lo venzo! Yo soy Pascualón y en estos campos no hay nadie más valiente que yo.

Nunca contó a nadie lo que había pasado esa noche en la fuente Castejana. Le daba vergüenza. Lo calló para siempre.

Y colorín colorado…

 

 

 

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Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

autor del libro ‘El amanecer con humo’

 

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2 comentarios en «Gregorio Martín García: «Los pollitos de la fuente Castejana»»

  • el 6 enero, 2024 a las 11:44 am
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    Parte de la historia verídica Pascualon quizas llevava algunos chatos de mas habidos en aquel mostrador de mármol blanco de la taberna de Juan pedro y que él seguramente cerró, la gallina de los pollitos de oro, quien no pasó por dicha fuente cuando la luna se asoma por encima del cerro y no dejó de volver la vista por sí la historia era verídica pero la gallina no posó de ser una historia jamás vista.

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    • el 6 enero, 2024 a las 9:57 pm
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      ¡…qué dices tu Paco…! que una historia jamas vista. Preguntale a mozos de cortijos, a cabreros y a aquellos que terminaban en casa Juan Pedro, a ver si ellos no la han visto. Seguro que la vieron y mas de uno tubo un pollito en sus manos a punto de hacverse rico con aquel peludillo y bonito pollito de oro muy dorado.
      Tu es que nunca te habrás aventurado a pasar por dicho camino. Yo una vez muy temprano que iba a coger higos, vi los pollitos Paco, que te digo que los vi y no te engaño, claro que tampoco te enmgaño si te digo que me habia bebido dos buenas copas de anis del Mono, ese tan rico.
      Yo, ni aseguro ni niego pero alli hay una yueca con sus pollitos de oro, que te lo digo yo, Paco y ahora no he probado aguardiente, si es verdad que me he preparado unmos cubatas. Un abrazo.

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